Léon Blume y las formaciones socialistas como partidos de clase (1946)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En Revue Socialiste en el año 1946, el destacado socialista Léon Blume publicó un artículo con el titulo “Lucha de clases y acción de clase”, que El Socialista tradujo para publicarlo en su último número del año 1953. Interesa porque se trata de una reafirmación de la concepción clásica de los partidos socialistas como partidos de clase, pero justo después de la Segunda Internacional, y porque aborda el problema de unas formaciones que buscarían un objetivo final revolucionario pero que se encontraban gestionando Estados capitalistas. Además, plantea un análisis del propio concepto de lucha de clases y su relación con el de acción de clase.
La pregunta de Blum era la siguiente.
“Nuestro Partido, ¿sigue siendo un partido de lucha de clases?” El socialista francés estaba convencido que la expresión de la “lucha de clases” era una compleja mezcla de varias nociones distintas, siendo, eso sí solidarias con el pensamiento de Marx y Engels. Todas se atraían las unas hacia las otras por una afinidad profunda, pero eran nociones distintas. De ese modo, se podía admitir una y negar otras, unas confirmadas y otras no válidas por la experiencia.
Todas las dificultades tácticas que se planteaban y se renovaban en los partidos socialistas durante el período pre-revolucionario se originaban en el hecho de que la acción de clase estaba dirigida hacia un objetivo político, esto es, la conquista del poder, y que eso se perseguía dentro de la sociedad capitalista. De ahí la necesidad de estas formaciones políticas de asumir en la gestión de los Estados capitalistas una responsabilidad cuya dimensión crecía con sus propias fuerzas. Combinar esta participación legal en la gestión de los Estados capitalistas con la persecución de un objetivo revolucionario era un problema que no se satisfacía nunca con una solución precisa. Pero, además, ese problema se transformaba de forma constante y solamente se podía salir a través de una serie de “aproximaciones inestables”. En ese período, al final, la posición política de los partidos socialistas sería falsa, pero no podrían liberarse de estas dificultades más que renunciando a la intervención política de la acción de clases, como habrían hecho los sindicalistas revolucionarios y los anarquistas. Pero sí hacían eso se apartarían, evidentemente del marxismo.
Bajo el concepto de lucha de clases habría tres nociones relacionadas, solidarias, pero que eran distintas y autónomas en el sentido de que la exactitud o inexactitud de cada una no entrañaba la exactitud o inexactitud de las dos otras:
-Lucha de clases: en sentido estricto era la ley explicativa de la historia.
-Antagonismo creciente de las clases, ley de proceso de la sociedad capitalista acelerándose por sí misma hacia su destrucción revolucionaria.
-Acción de clase, ley táctica, y, por consiguiente, orgánica de los partidos obreros.
Cuando se afirmaba que un partido socialista era forzosamente un partido de clase o que había que tener mucho cuidado que el partido no dejase de ser clase, etc., Blum preguntaba:
“¿a cuál de esas tres nociones nos referimos?
No a la primera porque un partido socialista no se fundaba sobre una ley de explicación retrospectiva de la historia.
A la segunda, tal vez. La noción de antagonismo creciente de las clases no tenía un carácter retrospectivo porque contenía un análisis del presente y una previsión del porvenir. Pero esta idea del aumento de del antagonismo de las clases parecía a ojos del socialista francés un tanto endeble. En relación con el crecimiento de la concentración capitalista, de la proletarización de las clases media, del empobrecimiento de los pequeños propietarios, campesinos, etc., la previsión de Marx no se habría verificado exactamente. El proceso de descomposición del capitalismo era más complejo y menos regular. Además, era imposible no contar con la táctica política de los partidos socialistas con el efecto compensador de un fenómeno inverso. Se refería a los estados de solidaridad entre clases creados de forma más o menos duradera por las crisis internas de los Estados. Era una solidaridad ilusoria cuando se trataba de las crisis cíclicas de la economía, pero real cuando se trataba de crisis de un carácter verdaderamente nacional que ponían en cuestión la libertad de un país.
A la tercera cuestión, “ciertamente” contestaba Blum.
Cuando se definía un partido político como un partido de clase se entendía, en realidad, que ese partido practicaba la acción de clase. Eso significaría que su objetivo era la conquista del poder político en nombre y por medio del proletariado organizado que representaría. Además, que la conquista del poder le importaba como medio y condición para la transformación revolucionaria del régimen capitalista. También tenía que ver que, fueran las que fuesen las combinaciones cambiantes y complejas a las que le obligarían su trabajo previo en el marco de la sociedad capitalista (coaliciones en el parlamento, participación en el poder, ejercicio del mismo, etc.), fueran las que fuesen los concursos, las simpatías, las convergencias de acción con otros partidos que pudieran facilitar en ciertos momentos su tarea, la victoria final tenía que ver con la liberación de los trabajadores como obra de los propios trabajadores.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La protesta de los pastores evangélicos a Truman contra Franco
- La Federación de Educación francesa contra la entrada de la España franquista en la Unesco
- La inspiración de Fernando de los Ríos: ejercicio intelectual y vocación política
- Pedagogía política: el McCarthysmo
- Sobre la “inutilidad” de las sociedades secretas y la “utilidad” de la masonería en el XIX