La aspiración final y las aspiraciones inmediatas del socialismo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Como es sabido el socialismo planteó un objetivo final, que no era otro que la emancipación de la clase obrera con la supresión del régimen capitalista o del salario, pero también un programa de mejoras de la situación de dicha clase obrera, lleno de reformas sociales, económicas, educativas y políticas destacadas. Pues bien, regresamos a esta cuestión a través de un artículo del periódico socialista catalán La Internacional, gracias a un artículo del 2 de abril de 1909, siempre atentos a ofrecer materiales para la reflexión. El artículo se titulaba, “La aspiración final y las aspiraciones inmediatas”.
La aspiración suprema de los socialistas sería abolir el régimen del salario, o lo que era lo mismo, que cada individuo percibiese mediante la socialización de los medios de producción y de cambio el producto íntegro de su trabajo.
Realizada dicha aspiración, ningún individuo podría explotar a otro, ni nadie carecería de libertad, ni sería ignorante, ni viviría en la miseria. Cambiando, por lo tanto, el régimen social, todos los seres humanos serían libres.
En este trabajo para conseguir el objetivo estaba la educación en primer lugar y el mejoramiento de la clase obrera. En la evolución dicha clase debía desempeñar un papel decisivo, es decir, terminar con el viejo régimen de producción y organizar el nuevo. Pero para hacerlo debía reunir cualidades que en el presente no tenía.
En primer lugar, debía adquirir un grado de capacidad que le permitiera tener una clara conciencia de sus intereses y de las causas por las cuales vivía dicha clase supeditada a la clase patronal, y después hacerse con el poder político.
Necesitaba también trabajar menos físicamente para que cesase su cansancio para poder ponerse en condiciones de organizarse e instruirse.
En consonancia con esta aspiración debía alimentarse mejor para vigorizar su cuerpo y disponer de la voluntad y las energías que la obra de su emancipación reclamaba.
Necesitaba liberar a su familia de la explotación burguesa, alimentarla lo mejor posible y educarla para que, en vez de ofrecer esclavos a quienes explotar, de soldados conscientes para la causa de la emancipación.
Necesitaba poner coto a la explotación de la mujer proletaria, tanto para que pudiera cumplir en condiciones la función de la maternidad, como para que contribuyese a la redención de su clase, que entrañaría la suya propia.
Necesitaba higienizar los centros de trabajo, los barrios y las viviendas para erradicar las enfermedades.
Todas estas necesidades se traducían en aspiraciones de carácter inmediato que en su programa contenía el Partido Socialista, pero no tenían como finalidad un alivio o mejora de la clase explotada para que pudiera sufrir con más gusto la explotación. Iban encaminadas a fortalecer a dicha clase, a instruirla y aflojar los lazos que la oprimían con el fin de que pudiera luchar mejor contra la clase opresora.
Y ahí estaban las reclamaciones de la jornada de ocho horas, el establecimiento del salario mínimo, la reglamentación del trabajo de la mujer y el niño, la supresión del trabajo a destajo, y otras más.
Todas esas reformas, que eran aspiraciones inmediatas del proletariado, conducirían al triunfo del socialismo, que era la aspiración de los oprimidos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.