El retrato de Kerensky en el despacho de Casares Quiroga y los socialistas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El ministro de la Gobernación, el republicano gallego Santiago Casares Quiroga, comentó a un periodista a finales de enero o principios de febrero de 1933 que iba a colocar un retrato de Kerensky con el objeto de no olvidar nunca que venía obligado a no dejarse arrebatar una revolución democrática. Eso provocó que el periódico El Socialista dedicara una de sus editoriales en el número del 2 de febrero, donde se plasmaron una serie de reflexiones históricas y su supuesta aplicación al presente.
Para los socialistas la galería de retratos del Ministerio de la Gobernación tenía un parecido con la silueta de Kerensky, aunque el ministro quería esquivar la semejanza, empeño inútil, siempre según los socialistas, puesto que Kerensky, como todos los hombres impulsados a regir la política, era producto de su tiempo y había sido, más que ninguno, juguete irremediable de la realidad del pueblo ruso en el año 1917. Para que el ministro Casares Quiroga pudiera hacer una evocación exacta del político ruso tenían que producirse circunstancias históricas análogas a las de la Revolución de febrero y tenía que “montarse todo el decorado bélico que por entonces atormentaba a Europa”. Si se conseguía una trasposición fidelísima de todas las particularidades que caracterizaron aquella época, cabría la posibilidad de que el ministro pudiera utilizar la experiencia del pasado para impedir que el final fuera como aquél. Y en ese caso haría bien, desde su punto de vista, en buscarse la garantía del retrato, como incentivo de su propósito.
Para el periódico socialista los que se jactaban de otear bien el horizonte político español, aquellos que extraían de la Historia solamente las enseñanzas que sintonizaban bien con sus ilusiones, creen encontrarse en España ante el fenómeno preciso de la “kerenskiada”. Pero olvidaban que ese momento fue un fenómeno de carácter internacional por cuanto que fue el error de un hombre que no supo apresurarse a hacer, antes que nada la paz. Si lo hubiera hecho no habría pasado lo que le ocurrió, siempre a juicio de los socialistas españoles. La guerra le terminó engulliendo. Si se examinaban los detalles entre febrero y octubre de 1917, después de la caída del zarismo, y si se contrastaba con la realidad española del momento en el que se escribía el artículo, no existía analogía alguna.
En una palabra, los socialistas criticaban que Casares Quiroga buscara inspiración en un personaje protagonista de una época que no correspondía con la realidad española del momento, del invierno de 1933. No deja de tener interés este asunto, a pesar de lo anecdótico, especialmente porque estamos en el año de la profunda crisis política que puso fin al bienio reformista, y del giro radical del PSOE.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.