Una de las condenas más terribles en la antigua Roma, que también practicaban los egipcios, era el Damnatio memoriae. Consistía en borrar todo aquello que podía recordar a una persona: imágenes, inscripciones o incluso prohibir pronunciar su nombre. Este castigo era lo contrario a la Apoteosis, procedimiento por el cual alguien, casi siempre el emperador, ascendía a la categoría del Dios. La Damantio memoriae no era siempre justa, si es que cabe hablar de justicia en el olvido, que viene a ser la muerte definitiva. En muchas ocasiones eran los adversarios políticos los que, una vez obtenido el poder, incluso de manera vil, los que llevaban a cabo este procedimiento para borrar todo recuerdo de su antecesor. ¿Os suena de algo esto, mis queridos lectores?