La Balada de la Muerte
- Escrito por Javier Bugallal
- Publicado en Poetas
Leñador, que en el monte vives
en la quebrada de un canchal,
y derribas, uno por uno,
todos los pinos del pinar,
cuando baje á dormir la sombra
sobre tu abrupta soledad,
afila el hacha en una roca,
y aguarda el día que vendrá;
que he de volver, á señalarte
una cabeza que cortar.
Forjador, que en la forja vives
á la indecisa claridad
del horno rojo, que en un ángulo
su resplandor de luz te da,
cuando el silencio baje al pueblo,
con la hora crepuscular,
atiza el fuego, limpia el yunque,
y aguarda el día que vendrá;
que he de volver á tu retiro,
para que forjes un puñal.
Sepulturero, que en una tumba
tienes tu lecho, tienes tu hogar,
y adornas tu mesa con ñores
que hacen los muertos germinar,
cuando se cierre la verja negra
de ese tu huerto sepulcral,
cárgate al hombro la piqueta,
y aguarda el día que vendrá;
que he de traerte una corona,
y la tendremos que enterrar.
Escultor, que en mármol trabajas
y del mármol sacas tu pan,
y en el silencio de tu retiro
buscas la forma de un ideal,
compra un bloque de mármol blanco
como la espuma de la mar,
y empuñando mazo y cincel,
aguarda el día que vendrá;
que he de volver para que esculpas
la imagen de la Libertad.
Viejo platero, que en tu covacha
montas las perlas en un collar,
y en las facetas de una esmeralda
ves reflejarse á la Humanidad,
cuando se cierre, al bajar la tarde,
la férrea puerta de tu portal,
limpia tu lente, toma el buril
y aguarda el día que vendrá;
que he de encargarte una alianza
porque la muerte se va á casar.
(Vida Socialista, julio de 1911)