Reivindico el amor
- Escrito por Jose Rodríguez Hesser
- Publicado en Poetas
Reivindico el amor para exponerlo,
para agrandarlo,
para gritarlo con cualquiera.
En cualquier sitio enseñarlo.
Reivindico tu mano con su mano,
tu cuerpo con su cuerpo,
su beso con el mío.
El aleteo de un pájaro migrante
que descubre su amor equidistante.
El cielo y el aire que lo porta
hacia el ave enamorada que lo espera
sobre la roca encariñada de la ola.
Reivindico amarse en cualquier lado,
con quien sea o como fuera.
Con varios o uno solo.
O en común. Con el desigual
o con uno semejante.
O distanciados,
por el trámite digital
de las redes que te invaden.
Reivindico el amor para extraerlo.
Para no dejar gota ni migaja,
para engullirlo entero
y hasta el fondo.
Reivindico el amor como reclamo
del futuro amor que se rehace,
que se forma nuevo y que nace
del propio amor que generamos.
Amemos por si acaso
tenemos afecto que olvidamos
cuando llegue el desenlace.
Por la piel rocémonos. Mordámonos.
Lamámonos como animales.
Deseemos las mañanas con sus noches,
las laderas con sus montes,
las orillas con sus mares.
Las riberas con sus lagos,
las montañas con sus valles.
Mintámonos si es necesario
para amarnos.
Pero amemos sin reserva
por todas partes.
Todos. Cada uno a quien alcance.
Trozo a trozo o completos,
en sueños o en insomnio.
Abracemos sin descanso
y enlacémonos de nuevo cuando falte.
Porque sí, o porque quiero.
Porque lo necesito como amante.
Sin explicar nada a quien le extrañe.
Exhibamos nuestro amor
sin escondernos del desafiante,
represor o reprimido,
abstenido o maleante.
Querámonos siempre sin medida
hasta saciarse.
Para siempre, con pasión
y por cada porción
de nuestros cuerpos vulnerables.
Jose Rodríguez Hesser
Nació en Sabadell (Barcelona) aunque siendo niño se trasladó a Madrid, donde ha residido desde entonces. Cursó estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en el mundo de la empresa.
Desde muy joven mostró su inclinación por la poesía. Autodidacta, siempre ha sido gran admirador de Miguel Hernández y de la Generación del 27. Aunque empezó a escribir a temprana edad, es en los últimos años cuando se ha mostrado más prolífico. Su obra, construida sobre una cuidada métrica, se inspira en la naturaleza y en las emociones humanas más profundas. Sus poemas, de ritmo variado, indagan en lo íntimo, lo cotidiano y lo extraordinario de la vida, dando lugar a una lírica de estilo muy personal.