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La inevitable sospecha


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

A tenor del actual estado de la justicia en relación a su presunto combate contra la corrupción, los ciudadanos honrados sospechan de las verdaderas intenciones que han tenido los procedimientos institucionales: mantener los privilegios de grupos para no verse afectados. Razones les asisten.

La terrible realidad que soportan las personas comunes ya no es una amenaza en ciernes sobre su calidad de vida. Se ha convertido en una realidad como consecuencia de la gestión de un gobierno que teme afrontar los temas por los que se procedió a investir al señor Sánchez. Simplemente actúa como custodio de los intereses de una mínima porción de sus habitantes y de centros de decisión alejados de Madrid. La pobreza sólo se ha pospuesto y la desesperación no es una sospecha. Se incrementan bajo la desdeñosa mirada de quién gobierna. Sonríen desde las pantallas. Se reconocen indemnes.

Sin embargo, la Corona queda bajo sospecha cuando se permite asistir a un evento deportivo en un Estado poco decoroso en sus prácticas fundamentalistas religiosas, sanguinarias en los derechos humanos, aunque al parecer, un socio conveniente en lo económico. Todo el aparato del Estado, que debería estar al servicio de la seguridad de los ciudadanos, parece reservarse a la protección sin matices de la figura monárquica.

Es sospechoso que se siga amenazando con reprimir la opinión, vía Ley Mordaza. Parece ser que las expresiones críticas por los sucesos recientes, desmienten la garantía oficial expresada frente a la desmesura de los excesos del aparato financiero, empresario y político de este país. La impunidad es un hecho, y la justicia sorprende al ciudadano por el tenor de las operaciones judiciales en curso.

Las autóctonas prácticas empresarias de los exitosos gestores de la burbuja, se han puesto en evidencia en otros escenarios. No todo el planeta se somete a esas sospechosas modalidades. Se sigue respondiendo blandamente a los embates de la voracidad por el beneficio empresarial, siempre por encima del beneficio común. Esta avaricia y los hechos, demuestran la existencia de servidumbres inconfesables.

Los medios de comunicación eluden el tratamiento de aquellas noticias que resulten incómodas para el poder gobernante tras las bambalinas. El mundial de Qatar es una precisa metáfora. Esto hace sospechar a los ciudadanos sobre la calidad de la libertad de expresión ejercida en España. La cortesía se exige por encima de la necesidad de la verdad.

La oposición está bajo sospecha. Parece no entender que, en su comportamiento violento, solo exhibe una debilidad manifiesta para aspirar a gobernar. Pareciera que se está en presencia de un pacto que garantice la impunidad de actos pasados, presentes y futuros que afecten a sus dirigentes. La clase política no está a la altura. Mucho discurso solemne, pero pocas concreciones. Por el contrario, se utiliza la palabra ambigua, la declaración confusa o el silencio artero.

Jean Jacques Rousseau ya incluía a la reclamada cortesía, cuando dijo: “Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.”

España está bajo una inevitable sospecha. Toda.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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