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La responsabilidad, la ambición, Feijóo


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Dice Antonio Muñoz Molina, en “Volver a dónde”, Seix Barral, 2022, donde narra sus primeros meses de pandemia desde la atalaya del barrio de Salamanca, de Madrid, poblado de virus y de cacerolas, que “con la ambición literaria, como con cualquier otra ambición, hay que tener mucho cuidado”.

Es natural, por ejemplo, que el Partido Popular aquilate intensas dosis de ambición, pero el académico jiennense, sin hablar de los deseos por la cosa pública, advierte de los riesgos de una ambición desmedida. Falta más de un año para las próximas elecciones generales y en todos los actos y comparecencias del reciente presidente del principal partido de la oposición se destila, entre otras cosas, mucha urgencia. El dirigente gallego tiene un temario amplio para su detenimiento y estudio.

A saber, cerrar con filamentos presumiblemente en la gatera el asunto Pablo Casado, con sus inexplicables decisiones que hicieron tambalear la unidad del partido con origen en un caso de corrupción de difícil indulgencia de la opinión pública; el filibusterismo practicante con respecto al Consejo del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, que acreditan el uso de formatos de naturaleza saducea; la constitución de un gobierno en Castilla y León con la inclusión de una vicepresidencia en manos de Vox; el horizonte penal nada desdeñable aún contra las filas del PP, biselado por las triquiñuelas en los pendientes nombramientos judiciales; la creciente inoperancia del PP en los territorios vasco y catalán, cuya remontada se consigna únicamente con la resurrección del artículo 155, el “a por ellos” y la transubstanciación de ETA y afines; la negación de su papel de Estado de fuerzas como Junts, ERC y Bildu, cuando sus papeletas entran, salen y se recuentan al lado de las urnas. Pero todo ello no parece tarea sustancial sobre la que trabajar y añadir argumentos por Núñez Feijóo y cambiar, ponderar y atraer votos hasta ahora ajenos a la gran fiesta del PP.

Lo que importa ciertamente es aplicar todos los esfuerzos en la tarea de pensar en la celebración magna de la enorme victoria de noviembre de 2023, en que España será liberada del totalitarismo, de los engendros que tienen causa en el ascendente bolivariano y social comunista cuyo amparo persigue el final de la unidad nacional. Feijóo haría bien en descender el nivel de soflama de una parte de su partido y hablar el mismo idioma de sus iguales en Europa, léase Ursula von der Leyen, quien con el tiempo podrá disfrutar de la misma amistad con la que se produce con Pedro Sánchez. Esa gravitación del voto sufrido y trabajado requiere de un tiempo y de una madurez, que casa mal con las urgencias de Díaz Ayuso, en cuyas entrañas la palabra libertad tanto sufre.

El presidente Sánchez contribuye en gesto nunca reconocido a la oxigenación de Feijóo, sobre quien deposita sus deseos de elevación mucho antes que las devociones en la misma Ayuso que le recibió en medio de cien banderas en su sede de la Puerta del Sol para iniciar un conjuro contra el ejercicio de gobierno emanado de la dignidad democrática. Sánchez se presta a la escenificación del Senado para las justas y juegos florales con amabilidad y el gusto por el agrado. Feijóo se encuentra en la oportunidad más o menos histórica de suceder a un gobierno de coalición, el primero en este período democrático, a cuyo ejecutivo le ha tocado en suerte compaginar sus tareas con una epidemia extraordinaria y una posibilidad de guerra multilateral de consecuencias del todo imprevisibles.

Quizá en este momento lo razonable fuese la privación de ruido y, como decía Baroja en sus memorias, “escribir un programa de gobierno en un papel de fumar debería ser suficiente”. Tirar por lo sencillo parece ser más acorde con el carácter del emergente gallego. Esa conformidad que dibujaba Gómez de la Serna en Unamuno cuando le pidió que extendiese la papiroflexia de las pajaritas y resto de animales a la habilidad con el hombre como tal: “Ah, no, eso no, demasiada responsabilidad!”, dijo el profesor de Bilbao.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.

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