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Rectifique o apártese


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La sentencia de lord Acton, “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente” tiene hoy en España su contrafrase idónea: “el no-poder corrompe más todavía”, evocada en su día por el político italiano Giulio Andreotti. No es bueno, ni recomendable, que el Periodismo aborde de manera personalizada la crítica sobre figuras de la escena política. Solo cabe enjuiciar sus actos. Pero dada la proyección de los actos de determinados personajes con responsabilidades públicas, hay ocasiones en que claman al cielo y justifican que la crítica democrática se endurezca, incluso con pinceladas subjetivas. Y ello, solo siempre y cuando la trayectoria política del personaje en cuestión ponga en peligro, por sus hechos, omisiones o irresponsabilidades, la convivencia o la viabilidad social y política que la nación exige, sobre todo en tiempos de tribulación como los que afrontamos desde que hace dos años brotara la pandemia.

Sinceramente, creo llegado el caso de pedir cuentas cívicas a un personaje del que pocos conocen crédito alguno para encarnar la jefatura de la oposición política en España. Un trayecto académico mediocre, cuando no truculento, más un pasado pisando moqueta casi sin interrupción lejos de cualquier escenario vinculado a la realidad vital y combativa de la mayoría de los españoles, es todo lo que a primera vista aflora a la hora de descubrir la trayectoria del personaje.

¿Quién le ha puesto ahí; quién le autoriza a comportarse así: quién fue capaz de instarle a degradar la noble actividad política y parlamentaria hasta prácticas tan bajas como las que exhibe con el insulto como divisa?

¿Tiene alguien, con tales divisas, puede alguien así, de manera obsesiva, que muchos calificarían fundadamente de rencorosa, emplear el voto de la respetable gente de la derecha española para agredir a un Gobierno democrático legítimo, pisotear el voto de la ciudadanía que lo avala, desafiar su buena fe, escarnecer el sentido común, hollar las buenas prácticas parlamentarias, con el resultado evidente de tratar de impedir que España salga adelante en medio del atroz trance que nuestro país sufre, bajo una pandemia desaforada y con desastres naturales insólitos en nuestra historia reciente? ¿Qué condición o cualidad propiamente suya garantiza que las fórmulas que preconiza –por otra parte, absolutamente inexistentes- son mejores que las que laboriosamente se idean y se aplican? ¿Qué ha hecho, qué merecimientos presenta ese personaje para arrogarse tan irresponsablemente una tarea desmanteladora tal? ¿Quién le ha puesto ahí; quién le autoriza a comportarse así: quién fue capaz de instarle a degradar la noble actividad política y parlamentaria hasta prácticas tan bajas como las que exhibe con el insulto como divisa?

En vez de ceñirse a criticar -sobre datos objetivos, como sería su deber al frente de la oposición-, la gestión de un Gobierno coaligado -el primero en España tras cuatro décadas de democracia-, que, como todo Gobierno, es susceptible de ser criticado, aventa exclusivamente su ego herido por el no-poder, su desmedida soberbia cristalizada en un autoritarismo asfixiante, su envidia hacia otr@s líderes polític@s sensat@s; y hace gala, además, de mostrarse como un imberbe adolescente que solo sabe hacerse el gallito del corral, a base de ofensas y descalificaciones, sin una sola medida o propuesta política o económica sensata; su falta de imaginación, de saber político, de desenvoltura, resultan evidentes y todo parece indicar que su conducta revela un malsano resquemor que solo el poder podría despejar: ¡válganos la Fortuna ante le eventualidad de sufrir un poder ejercido desde tales planteamientos!

España no merece un líder de la oposición que se comporte así. La tarea constructiva que la crítica política aporta a la vida de un país, tarea absolutamente necesaria de control y fiscalización, se torna en sus manos un desmoralizador desperdicio de energía y un encanallamiento de la vida cotidiana que destruye la cohesión social. Es insufrible verle aparecer a él o a alguno de sus sumisos y vocingleros escuderos en televisión enfilados a destruirlo todo, hasta lo más evidentemente necesario para que las cosas cotidianas funcionen. Su persistente –y afortunadamente fallido- propósito de tirar de los faldones de Europa para que negase a España los fondos anticrisis no puede ser definido de otra forma más que como de felonía.

Todo parece indicar que se trata de una de esas personas que creen a pies juntillas que el mundo entero les debe una explicación, en vez de ser ellas quienes expliquen a la circundancia cómo son y por qué actúan de la manera tan irresponsable y errada -con o sin hache, como se prefiera-, en que lo hacen.

El desprecio hacia el mundo laboral por la obstinada oposición a la modificación de la reforma de la ley Rajoy, tan lesiva, tan precarizante, tan arbitraria y degradante, define realmente a qué intereses sirve; y ello con la arrogancia añadida de cuestionar a agentes sociales empresariales pragmáticos, que conocen algo tan sencillo como que sin Trabajo no hay Capital alguno posible.

Por otra parte, la sumisión que muestra la cúpula de su partido hacia sus desastrosas maneras y modos de hacer oposición, unida a la, hasta el momento, falta de gallardía en su entorno para pararle los pies y que alguien sensato dé un paso al frente a la hora de asumir su urgente relevo, proyecta sobre la escena política de la oposición española un inquietante futuro. Y lo que afecta a la oposición, afecta a una parte importante de España. Todo ello se ve jalonado por permanentes concesiones, una tras otra, día a tras día, a quienes surgieron a la escena política desde su propio partido, con el propósito de engullirlo a él, los mismos a los que cada día, al parecer en su caso inconscientemente, da más motivos, pretextos y argumentos para que cumplan su voraz propósito en contra suya. Y lo que es peor, en contra de los deseos, constitucionalmente cristalizados, de la mayoría sensata de l@s español@s.

El desprecio hacia el mundo laboral por la obstinada oposición a la modificación de la reforma de la ley Rajoy, tan lesiva, tan precarizante, tan arbitraria y degradante, define realmente a qué intereses sirve; y ello con la arrogancia añadida de cuestionar a agentes sociales empresariales pragmáticos, que conocen algo tan sencillo como que sin Trabajo no hay Capital alguno posible. Sacrificar la calidad de la democracia española; ponerla en gravísimo peligro de involución hacia situaciones preconstitucionales -como preconizan hasta el momento aquellos escindidos de su partido sin otro norte que una España imposible- y hacer todo eso por mero interés personal o jugueteos preelectorales; impedir que Europa ayude, con los fondos de todos, incluidos los aportados por nosotros, a que llegue al país el caudal de dinero necesario en tan dramática situación sanitaria; hacer alarde de demagogia sin una sola idea propia, sin programa, con el no a todo en cualquier circunstancia y ocasión; y todo ello por un mero y exacerbado ego dañado por pulsiones egocéntricas y personalistas como las mostradas, es, sin duda, de una irresponsabilidad sin precedentes… La penúltima guinda la puso al embestir irracionalmente contra la propuesta de un ministro que recoge el clamor de una parte de la ganadería española para permitir respirar a gran parte de la cabaña ganadera, asfixiada y hacinada en lúgubres establos que, en ocasiones, pueden degradar o degradan la calidad de lo que comemos.

La última guinda la acaban de poner algunos de los suyos en la escena política preelectoral de Castilla-León, ¿desde Madrid?. Hay gentes de su partido que van diciendo a quien quera oírles que lo sucedido, el voto erróneo de ese señor con rostro de estudiantón jocoso, no fue tal. Dicen que se hizo adrede por parte de algunos de los suyos, para no cosechar la animadversión del mundo del trabajo, harto de la ley Rajoy, de la temporalidad, de la precariedad, del desprecio hacia quienes levantan el país cada mañana. Aseguran que se quiso así encontrar, premeditadamente, un chivo expiatorio cuya confusión consciente impidiera gestionar un no catastrófico y un rechazo clamoroso del mundo laboral. Siempre resulta menos dañino un error político atribuuido a un manazas, que afrontar tal impolularidad. Pero, hete aquí que, otro sector de su propio partido -dicen las gentes consultadas- decidió por su cuenta -o conscientemente, intentar lo contrario, mediante la compra de dos trásnfugas navarros. En caso de que la supuesta estulticia del personaje no fuera la causa real de lo sucedido, hay problemas de autoridad intramuros de su partido. Un cortocircuito de esta envergadura revela a las claras que las brechas cree ver en los demás están resquebrajando su lábil peana política.

Muchas gentes de la derecha, con las que converso, piensan que se está convirtiendo en un verdadero tonto útil de cuyos defectos se beneficia, un día sí y otro también, el Gobierno al que tanto evidencia odiar.

Cambie. Reflexione. Recapacite. Y rectifique. Respete a los electores que votaron a su partido para que ejerciera una crítica sensata al Gobierno. Y abandone la pataleta sistemática que despliega con tanta ira inútil. Ponga orden en la cúpula de su partido, pues el narcisismo algunas figuras puede llegar a hacerles superar, incluso sus propias exacciones, como vemos ya que sus maneras apuntan. Muchas gentes de la derecha, con las que converso, piensan que se está convirtiendo en un verdadero tonto útil de cuyos defectos se beneficia, un día sí y otro también, el Gobierno al que tanto evidencia odiar. Además, con esa política de tierra quemada, arruina la posibilidad de alcanzar algún día cualquier tipo de pacto necesario o acuerdo político entre los grandes partidos por el bien del país, consensos que demandan el respeto hacia las contrapartes a las que, con tanto desprecio, trata en el Parlamento.

La política es una actividad compleja, que requiere observación, estudio, compromiso, empatía y amor al prójimo. Si. También amor al prójimo, esa máxima asumida por las religiones contra una de las cuales, formalmente mayoritaria en España, algunas lumbreras de su partido se han alzado indignadas porque el titular del Vaticano se interesa por la justicia social. Qué desastre ideológico, que falta de comprensión de lo que debiera ser su propio ideario y el de su supuesta grey: no saben ni de dónde sopla el viento.

En fin. Su caída en el no-poder es obra de los votos mayoritarios, hastiados de la corrupción de sus mentores y, principalmente, de la mediocridad suya propia. No es creíble su supuesta lucha contra la corrupción en las filas de su partido: haga algo que lo demuestre en realidad. Y, sobre todo, deje de impedir que la nave del Estado siga su singladura con el sosiego necesario para abrirse paso entre las tormentas que surgen a cada momento, por la complejidad ínsita en la actividad política de nuestro atribulado tiempo. O cambia o jamás su partido, bajo su mando, dispondrá del poder gubernamental, por fortuna para todos y todas, mientras no enmiende los erráticos pasos que viene dando desde casi siempre.

Debo decir que solo se le recuerda un gesto de cierta humanidad, cuando deseó lo mejor para los bebés de Pablo Iglesias que habían nacido con ciertas dificultades. Desde entonces, solo rencor parece desprenderse de sus palabras y de sus actos. Regrese a la humanidad. A la deportividad que, tal vez, algún día mostró. La oposición merece, también merecemos los españoles en general, que quien esté al frente de la oposición la ejerza con cabeza, corazón y coraje. Hasta ahora, nada de eso hemos visto en Usted. Pero las gentes de bien, creen en las reinserciones. Reinsértese ahora, desande lo tan malamente caminado o apártese a un lado antes de que los suyos le aparten, lo cual puede dañar, más todavía, a su ego, tan deteriorado por el no poder y que tan malos efectos proyecta sobre la vida política española.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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