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Glasgow: un acuerdo tímido e imperfecto


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Nunca una imagen definió mejor el resultado de un acuerdo. En este caso, el resultado de la cumbre del clima de Glasgow 2021 queda retratada en la imagen de su presidente, Alok Sharma, cuando rompe a llorar por la sensación de fracaso que la última negociación en el último momento, ya fuera de juego, supuso la modificación de un artículo, “suavizando” al máximo la propuesta sobre la eliminación del carbón.

La calificación general de este acuerdo ha sido de “imperfecto” y “tímido”. Es cierto que la cumbre COP 26 cerró con el consenso necesario, pero ese consenso se consiguió sacrificando unos acuerdos para avanzar a más de velocidad. Y en este tema de combatir el cambio climático, de proteger nuestra Tierra, de salvarnos de la propia destrucción que estamos generando, el “tiempo” es imprescindible, porque es lo más escaso que tenemos.

Ya no podemos hacer planes a largo plazo, ya no podemos retrasar más determinadas decisiones, ya no se puede negociar suavizando posiciones, porque el Planeta ruge de tal manera que indica claramente que el “tiempo” se agota.

Algunas cuestiones positivas son:

  • La concienciación ya general entre todos los países y gobiernos de la necesidad de limitar el aumento de las temperaturas a 1,5 grados; se acabó el negacionismo, al menos, entre las fuerzas políticas que gobiernan. Tener conciencia del problema y hacerlo presente y visible es un éxito, pero…… tardío. Tic, tac, tic, tac, el tiempo se acaba.
  • Los gobiernos deben plantear sus planes de actuación para reducir las emisiones y habrá que doblar la ayuda financiera en los países en desarrollo. Lo que no resulta creíble es que todos los gobiernos actúen con la misma celeridad, voluntad y compromiso en su adaptación a la lucha contra el cambio climático. Dejar ahora a los gobiernos que hagan los deberes puede suponer que haya también quien no los haga o suspenda en su intento.
  • Se mantienen las metas vinculantes del Acuerdo de París 2015, del que hace ya seis años, y aún no se ha conseguido resultados positivos. En cambio, en el texto actual, se evita la palabra “vinculante” y se sitúa en recomendaciones, invitaciones y ruegos. Lamentablemente, no hay tiempo para rogar sino para actuar.
  • En el punto de mira está el abandono de los combustibles fósiles, pero expresado en términos demasiado tímidos para impulsar la transformación requerida, tal y como han señalado distintos participantes.

Es cierto que hay aspectos claramente positivos, como que se produzca un acuerdo entre casi 200 Estados, que se hable del grave problema con sentido de urgencia, que se mencione por primera vez al combustible fósil, que se dupliquen los fondos para ayudar a países en vías de desarrollo en 2025, y que existan ayudas para los daños producidos por el cambio climático.

Es un éxito también que no exista división de bloques, China-EEUU, sino que, pasada la época Trump y después de la imparable industrialización china, las dos grandes potencias, los dos primeros emisores de CO2, adquieran un compromiso de ambos y tengan clara conciencia del problema del calentamiento global.

Es lógico que todas las organizaciones ecologistas consideren insuficientes e insatisfactorios los acuerdos alcanzados, porque todos hemos terminado con una sensación agridulce porque no hay ningún cambio radical. Son pequeños y tímidos pasos que avanzan en la buena dirección, que son mejores que nada, pero la duda existe: ¿llegaremos a tiempo para salvar el planeta? Como decía antes, es un tema de “velocidad”.

Leía en algunos medios que, según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, aunque todos los países cumplieran los planes presentados de reducción de emisiones, el incremento previsto se situaría en el 1,8ºC, claramente por encima del límite de 1,5 que demanda el consenso científico.

Y es que el problema no es sencillo: demasiados intereses nacionales, problemas con los países en desarrollo, conflictos geoestratégicos, una conciencia social que quiere progresar por encima de todo sin tener bien claro lo que significa “progreso” en estas circunstancias.

Queda mucho, mucho, mucho por hacer. En ese sentido, el papel de los jóvenes reivindicativos, luchadores, comprometidos con el cambio climático es imprescindible. A ellos les toca, sobre todo, ser la punta de lanza de defender y hacer suyo un problema presente y futuro: salir a las calles, gritar, protestar, exigir. Y también ser coherentes con su forma y estilo de vida, con lo que significa el consumo y el consumismo (que no es lo mismo), con entender la ética de la responsabilidad, con el buen uso de las tecnologías, de la compra concienciada de ropa y enseres, de un largo etcétera.

Felicito a quienes protestan y admiro a quienes además son coherentes manteniendo un estilo de vida acorde. Porque no olvidemos que las “pequeñas acciones”, las revoluciones individuales, la búsqueda de la buena vida basada en la coherencia y la virtud, son imprescindibles para empedrar el camino.

Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.

Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)

Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.

Articulista en la revista digital Sistema Digital.

Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.

Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)

Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.

Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.

Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.

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