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Fanatismo, sentido del humor, escepticismo


Durante toda mi vida, he intentado resguardarme del dogmatismo y el fanatismo, refugiándome tras mi escepticismo y sentido del humor. Pero desde hace ya algún tiempo, siento como que esos refugios ya me quedan pequeños, insuficientes. Y la verdad, no sé como ampliarlos o comprarme algo más grande, donde pueda resguardarme con más eficacia.

Nos informaba en su día Javier Cercas, que en la hemeroteca de la Universidad Autónoma de Barcelona, se conserva un cuaderno firmado por “Nosaltres sols” (un partido diminuto que el exPresident Sr. Torra llegó a elogiar en el Diario Punt Avui) que según el historiador Enric Ucelay Da Cal, se publicó en torno a 1980. Está escrito en catalán, consta de ocho páginas mecanografiadas, se titula “Fundaments científics del racisme”. Y concluye de esta forma: “Por todo esto tenemos que considerar que la configuración racial catalana es más puramente blanca que la española y por tanto el catalán es superior al español en el aspecto racial” (la ausencia de comas tampoco es culpa mía). ¡La mare de deu!

Me parece que lo más peligroso de este siglo, que, como quien dice, apenas hemos comenzado, se cobija en los renacidos fanatismos. En todas sus formas: religioso, ideológico, económico… Me es difícil entender, evitando fórmulas fáciles y poco elaboradas, por qué regresa justamente ahora el fanatism en el islam, en ciertas formas del cristianismo, en el judaísmo… … Quizá por su poder económico y militar, el fanatismo y el racismo en Estados Unidos es donde más me preocupa. Pero hay fanatismo en Rusia, en Europa Oriental y, también y mucho, fanatismo nacionalista en Europa Occidental. Ahí tenemos Cataluña.

Cuanto más complejos se van haciendo los problemas en nuestros días, más y más gente corre hambrienta, tras respuestas lo más simples posibles. Buscan un fórmula que lo cubra todo, que lo mismo sirva para un fregado que para un barrido. Y con frecuencia se agarran a mensajes puramente fanáticos: “Todos nuestros problemas se deben a la civilización occidental” o “se deben al fundamentalismo islámico”, o “a la globalización” o “al sionismo”…

No se me ocurre ninguna medicina o tratamiento, que pueda curar de raíz el fanatismo. Únicamente sé de algunas recetas paliativas: Hay que mantener viva la curiosidad. Ponerse en la piel del otro, aunque sea un enemigo. Hay que cultivar a diario la imaginación, el sentido del humor, la empatía. Pero no para contentar al otro, no se trata de poner la otra mejilla. Hay que intentar imaginar, que es lo que hace al otro actuar de determinada forma. No es fácil. Casi todo el mundo dispone de una fórmula sencilla y personal para la salvación o la redención. Cristianos, musulmanes, judíos, pacifistas, nacionalistas, ateos, racistas… todo el mundo. Pero el problema no son las ideologías o las religiones en sí, son las interpretaciones de las mismas en clave extremista. No es la religión, sino el fanatismo religioso. No es el cristianismo, sino la Inquisición. No es el islam, sino el yihadismo. No es el nacionalismo, sino el separatismo y el supremacismo.

En mi opinión, hoy la mayor parte del mundo se está moviendo demasiado rápido, desde una perspectiva compleja a otra muy simplista. Pasa también en la izquierda radical. Hay gente sentimental en Europa que practica el “buenismo”, que cree que todo puede arreglarse charlando y tomando un café, con la idea de que en el fondo, todo es un malentendido. Un poco de terapia de grupo, y tan amigos. Y no, hay conflictos que son muy reales, profundos, y que necesitan un elaborado análisis, y acciones contundentes derivadas del mismo.

Vivimos un tiempo de simplificaciones facilonas. La gente espera respuestas simples, no está dispuesta a escuchar una larga explicación razonada, ni a leerse un denso documento de análisis. Ya nadie teme parecer extremista, es más, eso hoy es guay. Pero el fanatismo conduce a la violencia, no lo olvidemos.

Decía hace tiempo Amos Oz: “Mi librito (“Queridos fanáticos”) contiene un milímetro de vacuna: tolerancia y curiosidad. Sonreír de tiempo en tiempo, incluso reírse de uno mismo. No he visto nunca un fanático, con sentido del humor”.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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