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EL PERIÓDICO
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Esperando a los refugiados afganos


La llegada de varios centenares de refugiados, procedentes de Afganistán, hace prever sean repartidos en los diversos centros de protección internacional, entre ellos el de Berga (Barcelona). Allí es donde trabajo como voluntario, dando clases de castellano, a razón de 3 días a la semana.

Esto me lleva a reflexionar sobre el funcionamiento de estos centros, pero sobre todo, el proceso de obtención de permiso de residencia y el de trabajo. No solo para los afganos, sino para los de cualquier nacionalidad.

Los trámites son demasiado largos y demasiado inseguros. La justificación que nos dan algunos funcionarios es la falta de personal. Las peticiones son por millares, los trabajadores por docenas, de forma que nunca se llega a dominar la situación. Miles y miles de peticiones esperan su turno, y las resoluciones pueden tardar, dos, tres, cuatro meses…

Quien espera, desespera, y más en situaciones tan excepcionales como las de la mayoría de refugiados, sean políticos sean económicos. Todos necesitan trabajar, todos necesitan tener una vivienda, y todo queda parado a la espera de la documentación pertinente.

Y no es que falte trabajo. De hecho, la mayoría de estos refugiados, ocuparán puestos de trabajo que la mayoría de españoles rehúsan. Son, pues, indispensables para el buen funcionamiento del país, y, sin embargo deben esperar meses para poder regularizar su situación.

Habría que resolver, de una vez esta carencia. Hay que crear varios centenares de puestos de trabajo, ligados a la Policía Nacional y a inmigración, para poder hacer frente al gran número de peticiones de integración por “arraigo social”. Muchas de ellas, iniciadas como peticiones de asilo político que solo una pequeña parte cumplen los requisitos. Sea por una vía o por otra, lo que pertoca son resoluciones rápidas.

Por si fuera poco, este año y medio de pandemia ha complicado aún más las cosas, con nuevos retrasos y nuevas incertidumbres, debido a una sentencia del Tribunal Supremo, modificando algún aspecto del Decreto por arraigo social. Esta sentencia considera que quien haya tenido trabajo, esperando el permiso, debe computar para la obtención del permiso.

De momento, no se han detectado cambios, ni en la tramitación ni en los plazos. Todos esperan, sin poder darse de alta en un trabajo, lo cual favorece el trabajo ilegal, con todos los problemas que conlleva.

Este es el panorama que van a encontrar los recién llegados refugiados de Afganistán. No habrá condiciones especiales, sino es que haya disposiciones concretas, de concederles a todos el estatuto de refugiado político. A partir de aquí, la ventaja sería poder empezar a trabajar, antes que los demás que están a la espera de permiso de trabajo y residencia. A la vista de la situación, sería lógica esta resolución. Pero, volviendo al principio, hay que resolver el inmenso tapón que suponen las decenas de miles de peticiones sin resolver.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.