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EL PERIÓDICO
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¿Por qué siempre miramos a Francia?


No, no me ha dado un ataque irracional de nacionalismo patriotero exacerbado. Pero tengo la sensación de que todo lo que viene y llega de nuestro país vecino -ya no hay barreras montañosa ni política que nos impidan tratarnos de próximos- es mejor, más innovador y más moderno. Y lo vengo viendo y escuchando desde que tengo entendederas y uso de razón.

Antes, cruzar los Pirineos en dirección al país galo suponía una aventura llevada a cabo por pastores, exiliados, contrabandistas…que entrañaba ciertos riesgos, pero que merecía la pena correrlos y atravesar el oscurantismo y las hogueras de una tierra mediterránea hacia la vieja Europa. Porque Francia sí era Europa, nosotros, España, y punto. Tan famosa aquella frase malhadada donde las haya de que África empezaba en la cordillera pirenaica. Desgraciada expresión para todos los implicados. Eran otros tiempos y ahora son otros también.

“El mayo del 68” fue un hecho histórico que muchos españoles lamentan con nostalgia no haberlo vivido in situ…acontecimiento rompedor y que cruzaba líneas en nuestro país, fijas, imposibles de transgredir. Asombro hacia esa nación en aquel mes florido.

“El último tango en París”, pasmo y admiración generales: la vanguardia y los nuevos aires de la extranjería en la gran pantalla…pero la censura amordazaba imágenes procaces para unos y precoces para la mayoría. Había quienes viajaban a la ciudad de Perpiñán con la excusa subrepticia de adquirir un auténtico foie-gras (no el fuagrás de toda la vida) a las finas hierbas o con sabor a campiña. El caso era ver a Marlon Brando ejecutar el salto del tigre. De la mantequilla y de la polémica, para qué vamos a hablar.

Delacroix, fraternité, y libération…la Bastille, el 14 de julio, manifestaciones y manifiestos. Los franceses se echaban a las calles y las tomaban más allá del cordón policial de la gendarmerie.

Y hoy, parecido o más: soflamas, chalecos amarillos, polémica con la vacuna, liberté, liberté y liberté…

Opinión casi unánime la que se escuchaba hace años sobre la televisión francesa: la mejor, la más culta, intelectual, reportajes y documentales (¡¡vaya peñazo!!).

Francia es (o eso piensa y se cree la mayoría de su población) auténtica artífice de la palabra, desde Corneille, Racine y Molière y para qué hablar del famoso discursito cartesiano.

Los franceses han sabido descubrir cuánto vale un debate: y eso es lo que les gusta, hablar y hablar y no dejar de hablar. Tengan razón o no, va en sus genes. Y lo mismo sirve una huelga de controladores aéreos que la llegada de un ciclón, la prohibición de importar naranjas españolas o la pandemia mundial que vivimos.

A poco que miremos, unos instantes solo, distintos programas de la televisión francesa, ahí están provectos especialistas, talludos profesores y expertos que saben más que nadie acerca del virus, la vacuna, los efectos adversos y favorables.

La “grandeur” de todo este espectáculo es hacerlo público, lo que luego haga cada uno en privado, es otra cosa. Es el valor de las discusiones televisadas con reparto de papeles como si de una performance se tratara.

Y seguimos mirando a Francia por esa capacidad de parlotear en mesa redonda, ruedas de prensa y hacerlo casi creíble.

¡¡Qué curioso resulta…!! No, mejor: qué paradójico, diríamos: mientras muchos abuelos cebolleta sientan cátedra en su país, aquí recibimos a las huestes galas más jóvenes con o sin vacuna, pero eso sí con unas ganas de juerga imposible en sus latitudes de origen. Creo que los españoles tenemos una incapacidad manifiesta y palmaria para reconocer nuestras bondades y también para hacer un ejercicio de autocrítica, claro que sí.

Mucho lililí y poco lalalá. Las palabras se las lleva el viento aunque estén grabadas en la magna televisión francesa, y los hechos, en muchas ocasiones lamentables, los sufrimos el resto. Menos mirar para allá…

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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