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Simplificar la burocracia municipal


He tenido oportunidad de comprobar, en vivo y en directo, el incremento de la burocracia municipal en mis 40 años de cargos municipales. Los 12 primeros (1979 – 1991) como Concejal de gobierno y los restantes 28 (1991 – 2019) como Alcalde, de un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona.

Recuperamos la democracia municipal en abril del 79, con un panorama realmente extraño puesto que actuábamos bajo los dictados de la democracia pero con leyes de la dictadura, a la espera de ir elaborando nueva legislación. La improvisación y la innovación eran situaciones cotidianas.

Poco a poco dispusimos de nueva legislación estatal, y en poco tiempo autonómica, con la pretensión de compaginar ambas, sin contradicciones entre ellas. Esto al principio fue así, más tarde las cosas se complicaron, cuando algunas autonomías, en mi caso la Generalitat, quisieron innovar introduciendo normativas, no siempre compatibles con las estatales. Aquí surgieron los primeros problemas de interpretación y seguimiento.

Pero, los primeros veinte años se fueron superando, a base de dedicación, entusiasmo y ganas de recuperar el tiempo perdido durante la larga dictadura.

Luego, poco a poco, vimos como la administración local, la más próxima a los ciudadanos quedaba relegada a un claro tercer puesto, con enorme distancia entre la estatal, la autonómica, y finalmente la local. También asistimos a un deseo de supervisión y control por parte de las dos primeras, sobre la municipal. Y problema peor, la financiación quedó pendiente para más adelante, y este futuro, todavía se está esperando.

Es más, fueron creciendo las legislaciones y normativas que implicaban obligaciones para los ayuntamientos sin aportarles los recursos necesarios para hacerlas cumplir, de forma que los problemas financieros se fueron agravando, en paralelo a un aumento enorme de la burocracia.

Los servicios municipales tuvieron que ir creciendo para hacer frente a un papeleo sin fin, sin encontrar suficientes herramientas para poder cumplir. Así, están, así estamos 42 años después. Todos imponen tareas a los ayuntamientos sin darles las competencias ni los recursos para poderlas cumplir. Las promesas de adaptación y concesión de cambios profundos, esperan el sueño de los justos.

Y llegados a este punto, están exhaustos. Es imposible tener todo, al día. Se han dictado tantas normas, tantos controles, tantas obligaciones que solo se trabaja para lo más urgente, lo más inmediato y se deja para cuando se pueda, el resto. Este funcionamiento conlleva un estrés continuo para la parte política, y por supuesto para la parte administrativa. Además, en muchos casos, el error no está permitido porque se puede tomar como un presunto delito, con responsabilidades patrimoniales, de modo que hay que revisar, y hacer revisar mucha documentación antes de tramitarla, no sea conlleven problemas posteriores.

Tampoco se ha simplificado la burocracia en pequeños municipios respecto a los grandes. No tiene ninguna lógica el enorme papeleo de ayuntamientos de 200, 300 o 500 habitantes, respecto a otros de 5.000, 10.000 o 20.000.

Llevamos años reivindicando una simplificación substancial para los pequeños ayuntamientos. Entendiendo por pequeños a todos los que no superan los 5.000 habitantes. O si se quiere a los que no superen los 2.000. En España tenemos cerca de 4.000 en esta situación, la mitad de los que existen.

En estos casos, deberían tener en cuenta el personal disponible y las condiciones en las que actúan. De momento, nada de esto se ha llevado a cabo. Seguimos esperando. Y puedo dar fe del cansancio y la tensión que se vive en estos miles de ayuntamientos, hasta el punto de desanimar y desistir de presentarse a nuevas elecciones, bajo estas condiciones. O se cambia de escenario y condiciones o volverán los interesados en presidir ayuntamientos para intereses propios.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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