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Más sobre la reducción de la jornada laboral: reflexionando con Generoso Plaza


Estamos en 2021 y por lo que nos informa la ONU parece que estamos como hace más de cien años atrás en la historia laboral. Cientos de miles de personas mueren en el mundo al año por problemas de salud derivados del exceso de trabajo. Los historiadores del ámbito del movimiento obrero trabajamos cotidianamente con documentos sobre la lucha de la jornada de ocho horas, su conquista, su defensa, sus críticos, las controversias que generó, las legislaciones pertinentes y sus incumplimientos, metidos entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, y luego vemos esto en los medios, en la segunda década del siglo XXI. Pues bien, otra vez acudimos a esa historia para intentar entender algo, para darnos cuenta de cómo ante los avances hay retrocesos.

Y nos acercamos a un texto de un socialista burgalés poco tratado, aunque nosotros hemos realizado algunos acercamientos a sus escritos. Estamos hablando de Generoso Plaza, y de un artículo que publicó en Vida Socialista en septiembre de 1910, hace 111 años, titulado, “La lucha por la limitación de la jornada”. Se da la circunstancia que Plaza sabía de jornadas laborales, no solo por su militancia, sino porque fue propietario de una fábrica de alpargatas.

Plaza recordaba la frecuencia de las huelgas y conflictos laborales para conseguir limitar la jornada de trabajo. Y cuando esto ocurría siempre había quienes no entendían las razones por las que los trabajadores se lanzaban a luchas para trabajar menos horas, una cuestión que supone uno de los temas más sugerentes sobre la historia de la jornada laboral, a nuestro entender, porque generó un intenso debate acerca del supuesto ocio insano de los trabajadores si se reducía la jornada laboral, como hemos tenido oportunidad de estudiar. Es más, parecía relativamente frecuente que los críticos contra la disminución de la jornada laboral llegasen, en cambio, a entender que los obreros luchasen, pero por aumentos salariales.

La reducción de la jornada laboral no era un asunto baladí, como intentó demostrar Plaza en su texto. En primer lugar, podía ofrecer más puestos de trabajo, reduciendo el paro. En segundo lugar, y más importante para nuestra actual preocupación sobre la salud, derivada de las noticias, porque esta reducción tenía una dimensión “fisiológica”, en expresión de nuestro socialista burgalés. Trabajar menos horas tenía una clara repercusión en la disminución de la fatiga, en el aumento de las propias fuerzas, de la energía y vitalidad. Por fin, estaba la dimensión formativa y cultural derivada de esta reducción. El trabajador podía tener tiempo para el estudio.

Plaza advertía sobre el argumento tan empleado por los contrarios a la reducción de jornada en relación con lo que consideraba el perjuicio de que los trabajadores empleaban ese tiempo para estar en la taberna. Pero esos críticos preferían que el obrero estuviera trabajando constantemente, suspendiendo solamente sus labores para comer y dormir. Ese sería el verdadero embrutecimiento.

Pues, seguimos luchando por reducir la jornada, por tantas razones, y ahora, más que nunca, por la salud.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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