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¿Es optimista el socialismo?: reflexionando con Isidro Escandell


¿Existe una relación entre el socialismo y el optimismo? Acudimos a Isidro Escandell y sus reflexiones en mayo de 1927 para buscar inspiración en un momento donde parece cundir el pesimismo en el socialismo madrileño.

El maestro y periodista Escandell es una figura fundamental en la Historia del socialismo valenciano, destacando en las responsabilidades más importantes del mismo en toda su vida orgánica desde la segunda década del siglo XX hasta el final de la guerra civil: Juventudes, Agrupación de Valencia y Federación. Dada su condición de periodista estuvo al frente o colaborando en gran parte de la prensa obrera socialista valenciana y española. Llegaría a diputado en la Segunda República, siendo fusilado en 1940. Se trata, en nuestra opinión, de una figura muy autorizada a la hora de aportar sugerencias.

Escandell escribió en el número del primero de mayo de 1927 de El Socialista una columna con el significativo título de “Socialismo y Optimismo”.

Para el intelectual valenciano el socialismo era una “bella inclinación”, mientras que el optimismo era como una “disposición personal frente a la vida”. Pues bien, ambos términos se completaban con absoluta identidad.

Ser socialista suponía un ejercicio previo de optimismo. El socialismo perseguía grandes cambios jurídicos para preparar las innovaciones sociales propias del mismo. Los hombres no podrían adquirir las convicciones socialistas si no tenían fe en el porvenir, es decir, si no eran optimistas.

Así pues, socialismo y optimismo eran sinónimos, pero Escandell era realista porque tenía experiencia personal y política. Decimos esto y, quizás, es lo que más puede sugerirnos en este presente, porque el escritor era consciente que en muchas ocasiones la incomprensión de las gentes, la falta de adaptación a las normas exigidas para la difusión del ideal y/o la indiferencia colectiva frente a los problemas frenaban u obstaculizaban el optimismo de los demás, terminando por caer en el pesimismo, el desaliento y hasta el recelo. Pero eso solamente debía ser pasajero.

Escandell era un optimista, sin duda, y es importante recordar que fue ejecutado por sus ideas, lo que nos da una perspectiva del personaje. Escandell defendía que la Historia no podía enseñarnos que existía una crisis del optimismo. Los grandes caracteres o personajes, diríamos ahora, habían sido siempre optimistas, inspirando una fuerza dinámica. El sacrificio en la Historia era el triunfo del optimismo, de la confianza, de la seguridad final de criterios e ideas.

Y desde hace más de noventa años, nuestro autor nos dice que en medio de tantos valores en crisis, en todas partes sobresalía el socialismo, porque sus seguidores eran optimistas, y luchando tenían “fe en el porvenir”.

La columna se publicó en el número del primero de mayo de 1927 de El Socialista. Sobre Escandell podemos acudir a la hemeroteca de El Obrero, y al Diccionario Biográfico del Socialismo Español, donde se aportan datos de su vida y obra, y una completa bibliografía.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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