Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Serie B


Resulta que la contabilidad B era de serie B. Escuchando a los peritos y su informado informe ante el juez no queda otra conclusión. Por lo visto se llevaba en hojas sueltas y no en un libro, los asientos no eran regulares y ni siquiera se presentaba la contabilidad en el registro. Lo que se dice un desastre de apuntes contables que, aunque era un documento hecho para no existir, no era lo bastante detallado para rendir cuentas a los beneficiarios. Esos beneficiarios que mientras cobraban tararean “yo no quiero pensar, yo no quiero saber…” (grandes las Grecas) que todo esto, de saberse, es muy chunguito. Parece lógico que una contabilidad chunga esté a ese nivel. Es algo que corroboran los peritos de tanto pirateando y se llega a una conclusión evidente: la contabilidad B era un desastre que estaba más en el how much que en el how many.

Ellos, los peritos, de tener que llevar una contabilidad B lo hubiesen hecho mucho mejor. Respetando los principios técnicos y legales que debe tener una contabilidad: en un libro según el libro, aún a costa de no librarte llevado el caso a costas judiciales. Lo curioso es que el peritaje de la contabilidad B se realiza aplicando los principios de la contabilidad A, que lo convierte en un peritaje de serie B. Siendo un peritaje de serie A, con sus críticas realmente destaca lo excelente de la contabilidad de serie B. Y entramos en paradoja: la contabilidad B se llevaba con excelencia; lo que se diría propiamente “más bonica que un San Luis” esta vez rey de Ginebra. Nada que ver con los del ron Brugal, que al parecer no tenían ni A, ni B ni C. Eran más de la doctrina del borriquito de Peret… La B es una contabilidad destinada a ser incontable dado que lo que cuenta no cuenta, por lo que no hay que tenérselo en cuenta a los peritos cuando afirman que eran inútiles para la rendición de cuentas. Fin del recuento.

Pongamos que hablamos de Madrid. A diferencia de lo mucho que se ha dicho, no es una elección de referente nacional. A veces sucede, como en las elecciones europeas de 1994 o accidentalmente en el País Vasco o Cataluña, que una elección se desnaturaliza y cambia de liga. No ha sido el caso, cosa que se veía venir de largo, y un diagnóstico equivocado ha tenido como consecuencia que las estrategias y discursos de algunos partidos no hayan sido eficaces. En toda elección hay cuatro esquinas: gestión, líderes, partidos e ideología. Ayuso lo tenía claro, la cosa iba de líder (ella como sinécdoque del PP) y no de partido (Casado eclipsado), y de ideología genérica estrechamente y siempre vinculada al madrileñismo (libertad expresada en lo cotidiano: estilos de vida como formas de ser). Confrontar con Pedro Sánchez es, y fue, simplemente un objetivo instrumental para perfilar su propio liderazgo. Algo evidente. En estas elecciones se le puede votar a ella pero no a Pedro Sánchez.

Juega en su terreno de juego, con sus reglas y todo lo de fuera es un OVNI: el gobierno nacional es de otro mundo en unas autonómicas. Ya saben, la teoría de campo de Bourdieu. Tener que recordarlo a estas alturas… Los liderazgos no traspasan campos. Y en esa teoría de campo, Ayuso llega mucho y los demás menos. El otro beneficiado que juega en el mismo campo es Mas Madrid. Un partido autonómico (no nacional) que adquiere un beneficio colateral de la estrategia de Ayuso. Su crecimiento es la mejor prueba del éxito de la derecha en Madrid y de que no se han desnaturalizado las elecciones.

Por ello Pablo Iglesias no llega a más, dado que su liderazgo porta un aura nacional, aun siendo candidato en las autonómicas de Madrid. Y Gabilondo llega solo hasta donde el PSOE llega. Una excelente persona e intelectual sobresaliente, perfecta para ser nombrado pero sin capacidad para hacerse políticamente un nombre. Vox es griterío y boutade, mientras que Ciudadanos hace buena, y es evidencia, de por qué la oportunidad la pintan con flequillo y calva por detrás: difícil dar estocada cuando el rabo del toro ya te ha sobrepasado.

Cuando mis estudiantes de electoral pidan una explicación de lo que se avecina en Madrid corresponde, una de dos, enviarles a leer a Bourdieu o hacerles el resumen: cuando confundes un campo de futbol con una pista de tenis, ya puedes romper la raqueta pero difícil es que marques gol. Y aunque intentes poner un red en mediocampo y marcar distancias, las patadas, los fuera de juego y el calibre de la pelota que se juega no permite voleas de gestión o espíritu de fair play. En fin. Otro estudio de caso para los próximos años.

Catedrático de Sociología Matemática.