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EL PERIÓDICO
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Más allá de las mascaradas políticas


La vida política va a quedar condicionada durante bastantes años por la forma en la que determinados países hemos reaccionado ante las amenazas de la pandemia de la COVID-19. El esfuerzo económico realizado ha sido –ha tenido que ser– enorme y, en algunos aspectos, similar al que tuvo que efectuarse en tiempos no tan lejanos ante grandes conflictos bélicos. Por eso, es necesario entender bien lo que ocurrió entonces y sacar conclusiones que puedan resultarnos útiles en los horizontes de salida de esta pandemia.

Las heridas de la pandemia

La pandemia no solo va a dejar sociedades seriamente heridas en el plano humano, económico y laboral, sino también transformadas en el plano emocional y en lo concerniente a las actitudes sociales y las valoraciones políticas. De ahí la importancia de que las políticas post-covid se hagan con suficiente conocimiento de causa y siendo conscientes de los nuevos estados de opinión y de las demandas ciudadanas emergentes.

Los impactos y las transformaciones en los mercados de trabajo van a dar lugar –ya están dando lugar– a un aumento de los sectores que ven deteriorada su situación objetiva, con efectos negativos en sus condiciones de vida y en sus oportunidades latentes. Por ello, si no se dan respuestas satisfactorias a las demandas y necesidades, será inevitable que cunda el malestar entre los excluidos de la ola de crecimiento económico, consumo y bienestar que plausiblemente “explosionaría” en los primeros momentos de recuperación post-covid.

En esta perspectiva, es fundamental que se aprovechen las primeras reacciones expansivas con estímulos para su continuidad y con políticas de bienestar social y fomento de la igualdad de oportunidades, que logren cohesionar mejor nuestras sociedades. Sociedades en las que habrá que intentar evitar que las desigualdades y los riesgos de inflamabilidad social entre los excluidos y los postergados puedan conducir a enfoques de gobernación situados en las antípodas del modelo democrático de gobierno. Lo cual daría lugar no solo a un fracaso en el propósito de curar las heridas que nos dejará la pandemia, sino a una infestación de dichas heridas, que no se sabe a qué horizontes societarios nos podría llevar.

Demandas ciudadanas en contextos post-crisis

Para evitar los riesgos de la infestación y de la inflamabilidad social, lo primero que hay que hacer es conocer correctamente –y asumir– cuáles son las sensibilidades y las nuevas demandas de la opinión pública que están surgiendo ante las incertidumbres y los peligros vitales padecidos.

Los datos de las últimas investigaciones sociológicas del CIS permiten calibrar no solo los sufrimientos padecidos por sectores muy amplios de la población española, sino también las necesidades y demandas que tales experiencias están alimentando. Los datos del barómetro del CIS de marzo, por ejemplo, muestran un notable incremento de la demanda de un papel protector del Estado que se sitúa en las antípodas del criterio del Estado mínimo que había inspirado buena parte de las políticas económicas anteriores a la crisis de la Covid- 19 (vid. gráfico 1).

La mayoría de los ciudadanos sienten ahora la necesidad de contar con una protección socioeconómica y de cuidados médicos que los Estados modernos pueden brindar. Lo que constituye una notable ventaja comparativa respecto a etapas anteriores de la evolución de nuestras sociedades y de nuestros modelos de Estado. Por ello, no resulta extraño que, en paralelo a estas opiniones, los ámbitos en los que los españoles piensan que se está –o se ha estado– invirtiendo menos recursos, y en los que, por lo tanto, existe una mayor necesidad de inversión sean, precisamente, y a notable distancia de otros, los que conciernen a inversiones en “ciencia e investigación científica” (lo cual es nuevo en España) y en “Sanidad”. Lo cual no es nuevo totalmente, pero sí es muy significativo en momentos como los actuales (vid. gráfico 2).

Si estas demandas se mantienen y/o se acentúan en el tiempo, van a impregnar los debates políticos de fondo en nuestras sociedades, más allá de los espectáculos, las mascaradas y las emocionalidades simplistas alentadas por determinados personajes y sectores políticos.

GRÁFICO 1

Evolución de las opiniones de los españoles sobre el papel del Estado

Fuente: CIS, Barómetros y Encuestas del CIS, varios años.

Por eso, las políticas sociales y las propuestas programáticas orientadas a brindar las “seguridades sociales y personales” propias de sociedades avanzadas van a ser parte central de las políticas inteligentes y rigurosas del ciclo post-covid, y de los consensos básicos que serán necesarios en este período crucial para la evolución de nuestra civilización. Consensos básicos que deberán cumplir un papel similar al que desempeñó el consenso keynesiano en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Consenso cuyo éxito –y oportunidad– solo se comprendió, al menos por algunos, en el medio plazo y en la medida que se logró sacar a buena parte del mundo civilizado de las olas de destrucciones, persecuciones y barbarie que se desató en aquellos años horribles, y que acabaron desembocando en una guerra de grandes efectos destructivos. No solo materiales.

El contexto económico

En nuestros caso, después de la Covid las disfunciones económicas, las asimetrías y carencias sociales y el aumento de las brechas sociales, que ya venían aconsejando un nuevo consenso social inteligente –similar al keynisiano– tienden a amplificar la exigencia de nuevos enfoques económicos orientados a diseminar mejor las oportunidades del crecimiento, haciendo de estos enfoques una exigencia no solo inteligente, sino sobre todo inexcusable.

El divorcio existente entre las necesidades políticas y económicas objetivas de nuestro futuro inmediato y las mascaradas demagógicas y agresivas de algunos políticos carentes de rigor y de visión de futuro, emplaza a los electores inteligentes a ser coherentes con lo que realmente necesitan nuestras sociedades en estos momentos.

Al igual que los grandes conflictos bélicos, como la Segunda Guerra Mundial, exigieron a las potencias contendientes afrontar unos niveles de endeudamiento extraordinarios que afectaron a la marcha de la economía, en estos momentos se ha llegado a un grado de endeudamiento que no tiene precedentes. Y es posible que aún sea necesario recurrir a medidas y esfuerzos económicos adicionales para lograr una recuperación razonable después de los años de mayor incidencia de la pandemia. Lo cual significa que nos vamos a encontrar –nos encontramos ya– ante situaciones inéditas, que requerirán soluciones también inéditas. Soluciones que solo van a poder afrontarse con garantías de éxito, conjugando las dosis necesarias de rigor con la capacidad de innovación. Es decir, con unas formas de proceder en las políticas económicas (y sociales) que conformaran algo parecido a lo que los científicos de otras disciplinas califican como una “revolución del paradigma científico”.

Mascaradas políticas

No debe extrañarnos que ante contextos tan complejos y difíciles algunos políticos con “pocas luces” sientan tal sensación de vértigo y de perplejidad que no acierten a hacer otra cosa que intentar salir de la encrucijada recurriendo a “mascaradas políticas”. Mascaradas en las que no dudan en mezclar odios, resentimientos, polarizaciones y simplismos analíticos. Y, por supuesto, “gritos”, con los que intentan llamar la atención de los aficionados a los “espectáculos” movilizando el concurso de aquellos que “viven” de las mañas y las artes menores de la “política” (con p minúscula) y del puro politiqueo.

GRÁFICO 2

Opiniones y prioridades sobre la percepción y distribución del gasto público en España

Ámbitos en los que se cree que actualmente la inversión pública es escasa (“se está gastando demasiado poco”)

Fuente: CIS, Barómetro de marzo de 2021.

Lo peligroso de esta tendencia enmascaradora no es solo la degradación de la Política como tal, sino que se están enturbiando y dificultando los debates necesarios, hurtando a la opinión pública las cuestiones realmente pertinentes, intentando trocar los análisis políticos verdaderos y necesarios en juegos de luces, sombras, gritos y emociones. De forma que al final una parte de los electores se ven emplazados a optar únicamente por máscaras y apariencias, sin tener conciencia de lo que realmente hay detrás de determinadas máscaras.

Los que alientan tales modos de proceder, no solo intentan dejar a los ciudadanos alejados de la vida política real, y de los problemas y dilemas sustantivos que tenemos por delante, sino que en definitiva pretenden mantener paralizadas a nuestras sociedades ante decisiones importantes, impidiendo políticas que atiendan a hechos reales y a incertidumbres de enorme entidad. Políticas, por ejemplo, que afronten la exigencia de hacer frente a una deuda pública enorme, o a la necesidad de mejorar y potenciar los sistemas de Salud Pública, o a acometer inversiones apropiadas en investigación científica, que permitan hacer frente con rapidez y eficacia a retos vitales como la epidemia de la Covid-19. Exigencias que hoy en día están muy presentes en nuestras sociedades, como demuestran los datos de las encuestas rigurosas.

El divorcio que algunos introducen en la vida política, por una parte, entre los datos objetivos de la realidad y las exigencias económicas y sociales inexcusables de futuro (como las que suscitan una enorme deuda pública y las necesidades de atención médica) y, por otra parte, entre el recurso a las mascaradas como sucedáneo político, conforman una contradicción de gran entidad. Contradicción que conduce inevitablemente a un fracaso y a una frustración, que es necesario atajar a tiempo con la autoridad necesaria. Autoridad que solo puede brindar la inteligencia colectiva de una opinión pública madura.

De ahí la pertinencia –y la esperanza– de que ante procesos y dilemas electorales que algunos están planteando en términos primarios, desde el odio, la demagogia y la ignorancia, la mayoría de los ciudadanos inteligentes no se dejen atrapar por espectáculos desviados, ni se dejen seducir por mascaradas engañosas, sino que apoyen a los que hablan de problemas reales y de soluciones posibles, que tienen que ser gestionadas no solo con inteligencia y rigor, sino también con capacidad inclusiva.

José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.