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EL PERIÓDICO
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Muerte y drama en Guinea Ecuatorial


Crece el número de víctimas tras las explosiones
en arsenales de la ciudad ecuatoguineana de Bata

Al menos cuatro deflagraciones registradas el domingo en arsenales urbanos de Bata, principal ciudad continental de Guinea Ecuatorial, causaron hasta el momento, un centenar de muertos y más de 600 heridos. Lo sucedido allí, supuestamente de manera accidental, proyecta sin embargo sombras con ribetes políticos sobre la excolonia española, enclavada en el Golfo de Biafra. Los testimonios gráficos procedentes de Bata muestran gran cantidad de escombros fragmentados de viviendas cuya dispersión indica la fuerza de las detonaciones y una población malherida y desconcertada huyendo del área afectada por las explosiones, además de hospitales llenos de víctimas.

Las imágenes emitidas por la televisión ecuatoguineana y las enviadas por testigos presenciales daban cuenta de grandes columnas de humo oscuro y también sulfuroso, alguna con forma de hongo, surgidas de incendios en distintos edificios separados por distancias de varios centenares de metros, lo cual ensombrece la versión oficial. Según esta versión, esgrimida por el presidente Teodoro Obiang Nuguema y por su hijo, Teodoro Nguema, vicepresidente del país, lo sucedido obedece a errores en la gestión de dinamita –hogueras de rastrojos encendidas en las inmediaciones del cuartel de donde surgieron las explosiones-, que supuestamente fue almacenada junto a un arsenal de armas.

Todo parece envuelto aún en confusión mientras las cifras oficiales de víctimas, en apenas unas horas de la tarde del lunes, se cuadruplicaron. Fuentes de la oposición temen que el número de muertes se eleve más todavía y frise los tres centenares. Se teme que, entre los heridos, sean muy numerosas las víctimas de grandes quemaduras, lesiones cuyo tratamiento médico eficaz demanda instalaciones inexistentes en el país. El Gobierno español, a través de la ministra de Asuntos Exteriores, González Laya, anunció el envío inminente de ayuda humanitaria, mientras Cruz Roja española gestiona el envío de médicos y material de asistencia urgente.

Armas y explosivos en medio de la ciudad

La primera duda a resolver, denunciada por fuentes opositoras como la Unión Popular de Guinea, consiste en averiguar qué hacían tantas armas depositadas en un barrio urbano residencial de Bata, denominado Nkohantoma al igual que el cuartel allí ubicado. La zona más dañada se encuentra situada no lejos de un estadio construido en 2015 para unos juegos deportivos panafricanos, una obra faraónica acometida por el presidente Teodoro Obiang en una fase de bonanza económica ahora concluida.

La cantidad del armamento almacenado en la zona donde se produjeron las explosiones hace sospechar que no teniendo Guinea Ecuatorial por enemigos ejércitos extranjeros que permitieran justificar tal rearme, el contingente que hizo explosión podría ser producto de un comercio interestatal o privado, en todo caso subrepticio, para el depósito de armas, quizás obsoletas, procedentes de otros países. Otras fuentes de la oposición señalan que en la última etapa, se hallaban en el país ecuatorial algunos destacamentos militares de Uganda, Angola e Israel, además de los marroquíes que compusieron la guardia presidencial de Obiang durante décadas, así como la histórica presencia de técnicos franceses y norteamericanos, vinculados a empresas petrolíferas y chinos y rusos, asociados a las pesquerías y las obras públicas.

En lo inmediato, resulta chocante a ojos extranjeros que la televisión ecuatoguineana primara en su telediario vespertino del lunes –en plena ebullición informativa por las explosiones- la noticia del nombramiento de un nuevo Secretario de Embajada en la ciudad financiera de Ginebra, Suiza, antes que la información correspondiente a la catástrofe provocada por los sucesos de Bata. Asimismo, la presencia ante las cámaras de un presidente sentado cómodamente en un sofá mientras era vacunado contra el patógeno Covid-19 con vacuna china, seguida de una regañina suya dirigida a los “ignorantes e incultos” que almacenaron la dinamita junto al arsenal, culminaba con una convocatoria a los “bienhechores” que quisieran enviar sus donativos así como a la ayuda humanitaria internacional. Estos mismos reclamos fueron repetidos en el escenario de las explosiones por el vicepresidente Nguema, apodado popularmente Teodorín, hijo del presidente. El primogénito presidencial tiene abiertos procesos en Francia, Brasil y Estados Unidos por anómalos movimientos de capital en paraísos fiscales que, según fuentes periodísticas, ha despilfarrado a manos llenas frente a las privaciones que la gente de a pie sufre en la ex colonia española.

El país centroafricano tiene una extensión de 28.000 kilómetros cuadrados repartidos entre un territorio continental, el histórico Rio Muni, donde se halla Bata, e insular, con cinco islas entre ellas la de Bioko, con 2.000 kilómetros cuadrados, donde se encuentra la actual capital Malabo. Su población, que crece intensamente por la inmigración de trabajadores petroleros de países vecinos, se estima en 1.300.000 habitantes.

Guinea Ecuatorial se independizó de España en octubre de 1968. Es una república presidencialista, cuya jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas la ejerce Teodoro Obiang Nguema, tras derrocar con un golpe militar a su tío Francisco Macías Nguema en agosto de 1979. Macías, primer presidente del país independizado, rigió con mano dictatorial Guinea Ecuatorial hasta su derrocamiento por su sobrino Obiang, seguido de su juicio y ejecución por fusilamiento en la playa de Black Beach a manos de un piquete interétnico formado por componentes de las principales etnias del país, fang, bubi, ndowe, playeros….La convivencia interétnica ha registrado fricciones respecto de la etnia hegemónica, fang, mayoritaria en la zona continental del país, donde se ubica Bata, si bien la etnia bubi es, por su parte, mayoritaria en la isla de Bioko, territorio estatal insular enclavado en el Golfo guineano o de Biafra.

Guinea Ecuatorial vive fundamentalmente del petróleo que yace bajo sus aguas territoriales. Se trata de un petróleo de muy alta calidad -superior en octanaje al lybian light-, que compone el 80% de sus ingresos estatales. El 20% restante procede del comercio de la madera, de excelente calidad al igual que el cacao, muy cotizado históricamente en los mercados internacionales. Las compañías Elf Acquitaine, francesa, y Exxon Mobil, estadounidense, sustituyeron hace más de tres décadas a la empresa española Hispanoil, que allí operaba, cuyos directivos se negaron, por razones no conocidas, a aceptar que existiera un copioso sedimento de hidrocarburos de una riqueza y calidad de las cuales ciertos estudios geológicos ya daban cuenta bajo las aguas limítrofes ecuatoguineanas.

La bonanza económica llegó a situar al país en el más alto rango de ingresos del continente africano, con una media anual de 21.000 dólares, si bien esta cifra coexistía con la situación real de desigualdad social ya que, según agencias evaluadoras internacionales, el 70% de la población ecuatoguineana subsiste con un dólar diario.

El pasado mes de agosto, el presidente Teodoro Obiang sustituyó a todo el Gobierno al que acusó de mala gestión económica. Ahora la composición del Gabinete y del mando militar, según fuentes opositoras, procede de Mongomo, la zona natal del presidente y de su familia, en la cual destaca por su creciente poder, según las fuentes citadas, Constancia, la primera esposa de Obiang y madre del vicepresidente. Distintas informaciones destacan que Teodoro Obiang, que frisa la edad octogenaria, se encuentra muy enfermo y quienes detentan el poder real son su hijo y su primera esposa.

Oposición perseguida, demandas de democratización

La oposición ecuatoguineana, fragmentada en un sinfín de siglas que reivindican la democratización y el establecimiento de un Estado de Derecho, con libertades básicas, ha denunciado torturas y arbitrariedades, así como persecuciones sistemáticas y exilio por parte del régimen; si bien en contadas ocasiones, como en recientes fechas y tras presiones internacionales, Teodoro Obiang se ha mostrado dispuesto a dialogar en procesos que, hasta el momento, siempre han culminado en fracasos.

La inestabilidad política derivada de la crisis de los precios del petróleo conforman la situación actual del país, el único del continente africano donde el idioma español es oficial. Durante la etapa colonial, el régimen de Franco intentó frenar el proceso anticolonialista declarando los territorios ecuatoguineanos provincias españolas. Empero, el país centroafricano accedió a la independencia en 1968, mientras el régimen franquista declaraba materia reservada todo lo concerniente a la excolonia, amparándose en la ley de Secretos Oficiales que vería la luz en aquel mismo año. Aparte de las exacciones colonialistas, de cuño racista, protagonizadas por autoridades, algunos supuestos científicos y colonos españoles -junto con algunas actividades beneficiosas para la población autóctona por parte de otras instituciones y personas, según reconocen fuentes locales-, aquella ley silenciaba las discrepancias profundas entre distintas alas del Gobierno de Franco, señaladamente el Ministerio de Asuntos Exteriores, encabezado por Fernando María Castiella, de un lado, y el presidente y almirante Luis Carrero Blanco, por otro, a propósito de la descolonización, a la que éste se oponía.

Además, la fuerte e histórica vinculación personalizada de la Corona española a la colonia, añadía un elemento de complejidad al tema ecuatoguineano, por lo cual el secreto oficial cegó cualquier posibilidad de tratamiento político normalizado del proceso descolonizador. En todo ello residiría, entre otras causas, la falta de resultados de la copiosa ayuda española destinada a Guinea Ecuatorial tras el derrocamiento del presidente Francisco Macías en 1979, enfrentado con Madrid y hostigado asimismo desde aquí durante la década de su mandato. Sucesivos Gobiernos españoles desplegaron una diplomacia entre errática y temerosa, casi siempre ineficaz al respecto de su ex colonia, donde los lazos culturales y afectivos con España son, aún, considerados evidentes. El secreto oficial vigente había deformado profundamente la mirada española sobre el país ecuatorial.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.