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La pandemia cumple un año: ¿Pueden las personas vacunadas contagiar el coronavirus?


El viernes 31 de enero de 2020 se confirmó el primer caso positivo por COVID-19 en España. El 11 de marzo, la OMS declaró oficialmente la pandemia. Un año después, una vez que avanza la campaña de vacunación, la cuestión de fondo es si alguien que haya sido vacunado y espera dos semanas hasta que su sistema inmunológico responda, puede echarse al mundo sin temor a contagiar o volver a contagiarse. Estas son las respuestas a cuatro preguntas relacionadas con esa cuestión.

¿Vacunarse impide completamente la infección?

No. Contagiarse es perfectamente posible después de vacunarse. Esa es la mala noticia. La buena es que las posibilidades de enfermar gravemente después de contagiarse tras ser vacunado son prácticamente nulas. Mucha gente piensa que las vacunas funcionan a nivel celular como una armadura impenetrable que el virus es incapaz de atravesar. Pero en la mayoría de los casos una persona vacunada está protegida contra enfermedades, pero no es invulnerable a las infecciones.

El sistema inmunológico de cada uno de nosotros no es exactamente igual, lo que significa que cuando una vacuna tiene una efectividad del 95 %, nueve personas y media de cada diez vacunadas no enfermarán. Ahora bien, los afortunados podrían quedar completamente protegidos frente a la infección o podrían resultar infectados, pero permanecerían prácticamente asintomáticos porque su sistema inmunológico eliminará el virus rápidamente. El resto puede infectarse y enfermar, pero es muy poco probable que necesite hospitalización.

En conclusión, la vacuna no evita que el 100 % de los que la reciben se infecte, pero siempre otorga al sistema inmunológico una gran ventaja sobre el coronavirus. Cualquiera que sea el resultado de vacunarse, ya sea una protección completa contra la infección o soportar algún malestar, en el caso de volver a entrar en contacto con el virus siempre será mejor que no haber recibido la vacuna.

¿Infección siempre significa transmisión?

La transmisión sucede cuando suficientes partículas virales de una persona infectada ingresan en el cuerpo de otra que no lo está. En teoría, cualquier persona infectada con el coronavirus podría transmitirlo. Pero la vacuna reduce la posibilidad de que esto suceda.

En general, aunque la vacuna no impide por completo la infección, reduce significativamente la cantidad de virus que emana desde la nariz o la boca y acorta el tiempo durante el cual se podrá compartir el virus. Esta es una excelente noticia. Una persona que expulsa menos virus tiene menos probabilidades de transmitirlo a otra.

Ese parece ser el caso de las vacunas contra el coronavirus. En un reciente estudio, investigadores israelíes buscaron signos de infección por coronavirus en 2.897 personas vacunadas. La mayoría no tenía virus detectable, pero las que estaban infectadas tenían una cuarta parte de la cantidad de virus que almacenaban otras personas sin vacunar a las que se les hizo la prueba en momentos similares después de la infección.

Menos concentración de coronavirus significa menos posibilidades de propagarlo y si la cantidad de virus en tu cuerpo es lo suficientemente baja, la probabilidad de que lo transmitas puede llegar a ser nula. Sin embargo, como los investigadores aún no saben dónde está ese límite para el SARS-CoV-2 y dado que las vacunas no brindan una protección absoluta contra la infección, epidemiólogos y virólogos recomiendan que continuemos usando mascarillas y manteniendo la distancia social incluso después de habernos vacunado.

¿Qué pasa con las nuevas variantes del coronavirus?

La aparición de nuevas variantes no debe sorprendernos: es pura consecuencia de la evolución natural. Los virus mutan constantemente. Una población de virus es una nube de mutantes con pequeñas diferencias genéticas. Se han detectado ya varios miles de mutantes de SARS-CoV-2, la mayoría sin ningún efecto. Ojo, la expansión depende mucho de la capacidad de detección de cada país: si no se busca, no se encuentra.

A medida que cercamos más al virus, este sigue evolucionando y se van seleccionando aquellas variantes que, originadas por mutación genómica, escapan al cerco. Se ha calculado que la frecuencia de mutación del SARS-CoV-2 es de una mutación cada quince días, aproximadamente. Esto supone que las variantes que ahora circulan pueden haber acumulado unas 22 mutaciones respecto a la secuencia original del primer aislamiento de Wuhan.

En los últimos meses se han encontrado tres nuevas variantes mutantes. La variante sudafricana se detectó por primera vez en Sudáfrica en octubre del 2020 y desde entonces se ha encontrado en al menos 26 países. Algunos estudios señalan que esta variante tiene una mayor transmisibilidad, lo que significa que una persona necesita inhalar menos virus para infectarse. Otra investigación reciente, cuyos resultados están aún por confirmar, sugiere que la vacuna de AstraZeneca-Universidad de Oxford no protege contra la enfermedad leve y moderada causada por esta variante. Las vacunas de Moderna y BioNTech/Pfizer también parecen ser ligeramente menos efectivas contra ella.

La variante brasileña se detectó a principios de año en Japón en cuatro viajeros procedentes de Brasil y ha aparecido en al menos siete países. No hay datos, de momento, sobre su transmisibilidad, virulencia o reacción con anticuerpos, aunque, según los primeros datos, parece ser más hábil para burlar al sistema inmunológico, lo que puede afectar la capacidad de los anticuerpos generados gracias a una infección natural previa o por vacunación para reconocer y neutralizar el virus.

La variante inglesa se detectó por primera vez en Reino Unido en septiembre de 2020. Desde entonces, se ha detectado en 62 países. Se ha sugerido que esta variante es más transmisible, lo que significa que aumenta la cantidad de virus que una persona infectada arroja al exterior y, por lo tanto, favorece una transmisión más eficiente y rápida y, en consecuencia, que hay una probabilidad real de que sea más letal. No parece que afecte de momento a la reactividad con anticuerpos ni a las vacunas actuales.

Para esta última, las vacunas aún brindan más del 85 % de protección contra una manifestación grave de COVID-19. Pero cuando se contabilizan las manifestaciones leves y moderadas de la enfermedad brindan, en el mejor de los casos, solamente alrededor del 50-60 % de protección. Eso significa que al menos el 40 % de las personas vacunadas todavía tendrán suficiente virus en su cuerpo como para sufrir síntomas moderados.

La gráfica muestra el número de personas que han recibido al menos una dosis de la vacuna en España. Fuente.

¿Qué pasará con las futuras mutaciones?

Es muy probable que aparezcan próximamente nuevas variantes de SARS-CoV-2. De hecho, es muy probable que ya estén circulando nuevas variantes, pero aún no se han detectado mediante vigilancia genómica.

Si todo va bien, las vacunas reducirán muy pronto la tasa de enfermedades graves y mortales en todo el mundo. Sin duda, cualquier vacuna que reduzca la gravedad de la enfermedad también reduce, a nivel poblacional, la cantidad de virus que se emite al exterior. Pero debido a la aparición de nuevas variantes, las personas vacunadas todavía tienen el potencial de diseminar y transmitir el coronavirus a otras personas estén vacunadas o no.

No sabemos si las nuevas mutaciones harán que el virus sea más peligroso o se transmita fácilmente. Pero la evidencia de la evolución histórica de algunos virus conocidos del resfriado común humano puede dar alguna orientación. Los resfriados son causados en su mayoría por varios rinovirus. Estos han residido en la población humana durante muchos siglos y resurgen anualmente como epidemias estacionales. Sin embargo, a pesar de esto, no hay pruebas de empeoramientos patológicos. De hecho, otros cuatro coronavirus que también causan el resfriado común pudieron haber causado originalmente una enfermedad mucho más grave antes de volverse endémicos, estacionales y tolerables.

Esperamos o, mejor dicho, deseamos, que el COVID-19 tenga el mismo comportamiento, pero nadie puede afirmarlo.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.