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EL PERIÓDICO
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Lo que esperamos de RTVE


Aquellos que acostumbramos ver la televisión pública incluso varias horas al día necesitamos hacer oír nuestras voces. Nuestra ciudadanía democrática nos lo permite y lo exige. Por ello, el nombramiento de un nuevo Consejo de Administración de RTVE, ahora en clave pluralista, se presenta como una ocasión -quizás única- para lograrlo. A no ser que la traducción mecánica de otra nueva y rígida aritmética parlamentaria obligue a sus nuevos miembros a quedarse satisfechos y a limitarse a cobrar sus dietas.

Tras un plazo discreto para que se asienten en sus cargos, es preciso decirles que a muchísimas personas, l@s contribuyentes, no nos satisfaría nada que se quedasen quietos como pasmarotes. Much@s de sus predecesores permanecieron así, atrapados por un estatuto del Consejo que paralizaba la iniciativa, la crítica, la aportación creativa de cada miembro. Será preciso pues que la nueva dirección encare, de momento, la reforma del estatuto que rige el órgano. Y que tal reforma no siga únicamente indicaciones leguleyas, que las hay o suele haberlas, sino que se vean inspiradas también por una lógica social, de servicio a la mayoría social de este país y de respeto a las minorías… A no ser que la condición para desbloquear la renovación del Consejo haya consistido en mantener el estatuto vigente tal como está. En tal caso, lo sucedido carecerá de significación y verá muy limitado su alcance y las posibilidades de cambio al respecto que nuestro país necesita.

Preguntas

Vayamos al grano: ¿cuántos años hemos pasado, l@s telespectadores, sin ver una exclusiva informativa en RTVE? ¿Carecía de medios económicos la televisión estatal para dar exclusivas? ¿O más bien los servicios informativos del Ente se instalaron en una inercia consistente en esperar a recibir información antes que proponerse el ir a buscarla? Además de privatizarse del todo la publicidad y cederla a las cadenas privadas, ¿tal actitud informativa obedecía –o no- a un suicida deseo estatal por privatizar, también, la información y ceder a esas cadenas privadas la iniciativa informativa? ¿Por qué la subcontratación se convirtió en la norma general en detrimento de la producción propia? ¿La financiación bajo cuerda de algún partido mayoritario fue –o no fue- la clave de las subcontrataciones? Debe comprenderse que las prácticas financieras de algunos partidos han dejado una herida de desconfianza abierta en la ciudadanía que tardará años en cicatrizar. No nos gusta presenciar ningún tipo de despilfarro, máxime cuando RTVE cuenta con profesionales, cultura profesional y medios suficientes para autoabastecerse, sobre todo en fases económicas tan adversas como las que vivimos.

Sobre los contenidos

Vayamos a otro capítulo: el de los contenidos. Los responsables del Ente durante tantos años, ¿han sido conscientes de la responsabilidad social, por ejemplo, de un programador? De cada cien mil fotogramas de filmes emitidos por la cadena estatal, ¿cuántas decenas de miles de ellos eran -y son- de índole violenta: asesinatos, violaciones, secuestros, tiroteos, atracos, tráfico y consumo de drogas, amenazas…? ¿Cuántas de estas películas eran de producción nacional y cuántas procedían de productoras foráneas, señaladamente casi todas, estadounidenses? ¿Ha surgido alguna vez alguna crítica frente a la evidente colonización subcultural que nos martillea a diario? ¿Se fue consciente alguna vez en RTVE de que la importación de pautas de vida –por llamarles de alguna manera- inducidas por esa filmografía guardaba relación directa con la naturalización de toda forma de criminalidad? ¿Quiénes han supervisado, si es que ha existido alguna forma de supervisión, las decisiones de l@s programador@s, que son en la práctica, omnipotentes creador@s de pautas culturales, sociales, morales, políticas, electorales… sin obedecer aparentemente a otro criterio que el de su propio capricho? ¿Toda esa programación, con el peso de su significación cultural o subcultural, ha contribuido -o no- a fortalecer la cohesión social en nuestro país o bien ha contribuido a incentivar o mitigar el conflicto político, social o económico? ¿Cómo fue y sigue siendo posible, que a la atención informativa dada al fútbol se le dedique los informativos cinco veces más tiempo de emisión que a cualesquiera de las tan irresponsablemente olvidadas actividades culturales, creativas o artísticas en un país de creador@s como el nuestro? ¿Por qué la información bursátil recibe más atención que la Ciencia, la Pintura, la Literatura, la Escultura, el Diseño? ¿Hay tantos pequeños accionistas por ahí sueltos? ¿Quién decide las fechas, las horas y plazos de los programas y quién analiza los posibles efectos de su emisión en tales circunstancias?

Veamos otras cuestiones. ¿Dónde, cuándo y cómo surgió el sistema de pluses extra-salariales aplicado en RTVE, cuyos efectos a grandes rasgos, como vemos, tras servir supuestamente para estimular la productividad creativa de sus beneficiarios, les instalaba en una pasividad generalizada cuando dejaban de percibirlo?¿No han constituido, los efectos de tal sistema, una verdadera perversión de las pautas laborales?

Y una nueva dimensión: ¿cuánt@s profesionales han sido retirad@s al pasillo por razones ideológicas, políticas, sindicales, partidistas, electorales… desperdiciándose una experiencia única que ha costado años de financiación pública acuñar? Por otra parte, ¿cómo se ha combatido la patrimonialización de determinados cargos en la estructura rectora de RTVE?

Quienes pagamos con nuestros impuestos la televisión estatal tenemos derecho a ver respondidas estas y muchas otras cuestiones por la práctica correctora del nuevo Consejo recién elegido. Quisiéramos que la figura del Ombusdman –u Ombusdwoman- quedara visibilizada en la nueva situación. Que sirviera para algo. Que se atiendan las quejas razonadas. Que cuando cualquier ciudadano de este país o de fuera, cuando telefonee a RTVE, al menos su llamada sea atendida. Que resulte posible el acceso telefónico a los Servicios Informativos, siquiera para informar de un suceso, un evento, una noticia...

Adiós al bipartidismo

El bipartidismo hizo algunas contribuciones a la estabilidad, sin duda, pero dañó también, y mucho, por su mecánico proceder y su implacable aritmética, a la fluidez de la vida social, cultural y política de nuestro país. El voto en las urnas dibuja ya un rostro plural sobre España. Este Consejo parece obedecer a la nueva pluralidad surgida de las urnas. Es el momento de que RTVE retome su responsabilidad social, abandonada en el camino, y se tome en serio lo que tiene entre manos. ¿Que es preciso cambiar el estatuto del Consejo de RTVE? Que se cambie. ¿Qué es urgente recobrar la producción propia y eliminar, hasta donde resulte posible, la subcontratación? Que se recobre. ¿Qué hay que encarar el tema de la programación y ponerla al servicio de la sociedad, no al capricho de algún individuo? Que se encare. Pero, por encima de todo, que la televisión estatal de un país como el nuestro haga honor a la cualificación democrática que este Estado pregona.

Una consideración postrera: la información es un bien social. Pertenece a la sociedad y el Periodismo, que de ella la recibe, la organiza, la comprueba, la contextualiza y la devuelve a su dueña, la sociedad. La información no pertenece a la televisión, ni a la privada ni a la pública. Mucho menos pertenece a los periodistas, meros gestores de ese bien social. Tampoco los altos gestores son los dueños de la información, ni el Consejo, ni el Ente.

Un penúltimo apunte. Aunque ahora, para determinar la composición de este órgano, se ha seguido un sistema de cuotas, mimetizado con la representación parlamentaria, no estaría de más que este método, en un futuro inmediato, sea sustituido por otro basado en méritos, menos endogámico y más social, más acorde también con una concepción democrática y no mecánica sino dinámica y mucho más vivaz que la empleada ahora.

Vamos a ver qué resultado surge en los próximos días con los nombramientos de director@ de Informativos, director@ de Programas y del Ente y los nuevos cargos de Radio Nacional. Esperemos que estos se decidan ahora y no que estuvieran predeterminados antes de la formación del Consejo, como prerrequisito para su constitución.

Tod@s estamos expectantes, deseando que RTVE sea, en verdad, lo que dice ser. A quienes la han regido antes, cabe agradecer –solo a algun@s de ell@s- los esfuerzos que hicieron por pilotar el Ente en dificilísimas travesías, entre Scilla y Caribdis. Ahora el Consejo deberá navegar por un mar poblado por peligrosos y múltiples arrecifes rocosos; pero el timonel contará con muchos veedores que desde la cubierta del buque alertarán de los peligros y contribuirán a enmendar el rumbo. Del resultado feliz de su singladura tod@s estamos pendientes.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.