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EL PERIÓDICO
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La moral prostituída


“Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable.” Cicerón

Se suele decir que la moral es “la realización de la vida buena”, del mismo modo que el ámbito de la moral es el de la realización persona. Los actos van definiendo si la persona se realiza o se degrada. Por tanto, la moral surge de la conciencia de la responsabilidad y de la libertad personal, en relación a lo mejor y lo peor que habita en cada persona. Es una especie de sentimiento humano, de aprobación o de rechazo ante la conducta practicada.

De aquí, los corruptos son la expresión opuesta a la moral. En ella, el acto objetivo es lo que hacemos. La finalidad, o intención subjetiva, indica por qué lo hacemos. Por último, la situación o circunstancias concretas en las que se da lugar lo que hacemos, el cómo, con quién, dónde, y las consecuencias de los actos. Es para considerar qué calificación merecen aquellas personas que protegen o justifican las conductas corruptas, o negligentes. A juzgar por la consolidación de las tramas, los juzgados no han estado a la altura de impartir la justicia necesaria para esclarecer y penalizar esos actos inmorales. El Parlamento otro tanto. Así va España.

La política de privatizaciones en perjuicio de la mayoría social es inmoral. La desprotección de los colectivos vulnerables otro tanto, mientras se observan dispendios en inversiones que sólo benefician a los grupos económicos afines. Como el oponerse al aumento de mínimo salarial, el favorecer el desmantelamiento del sistema público de pensiones o el resistirse a implementar medidas de protección social. Los ciudadanos no votaron mayoritariamente esas decisiones. Sería inmoral incumplir el “pacto del abrazo” apoyado y legitimado por una mayoría de electores.

Es inmoral el maltrato a los ciudadanos en materia sanitaria, educativa o en los cuidados a la dependencia. La presión social para que se investigasen las causas de las masivas muertes de ancianos en las residencias ha sido ignorada, en general, por el aparato judicial. Hablamos de la sospecha de responsabilidades penales por desatención a las personas que sufrieron la epidemia. Decenas de miles. Una justicia que no actúa para atender a situaciones como estas es inaceptable. Mientras se demuestra una dinámica diferente cuando se atienden denuncias por supuestos delitos de odio a profesiones religiosas. Inadmisibles asimetrías.

Inaceptable el acoso laboral que parecen sufrir los sanitarios a los que se deriva al nuevo hospital Isabel Zendal de Madrid. Esta política de contrataciones requiere una atención especial. Los responsables de la gestión de los recursos humanos, en esta gestión en particular, deberían dar explicaciones convincentes por el supuesto acoso.

La clase política no parece estar a la altura de los tiempos. En lugar de ser servidores, se creen con el derecho a ser servidos o, en algunos casos, a beneficiarse de prebendas en cualquier caso injustificadas.

La honorabilidad y vocación de servicio no son cualidades que abunden. Sin embargo, deberían florecer como lo hacen los actos de solidaridad entre ciudadanos cuando se presentan situaciones críticas. En lugar de verse respaldados, chocan con el muro de las vanidades y mezquindades que se anidan en episodios de corrupción política y económica. La ejemplaridad está ausente de muchos integrantes de aquellas instituciones que deberían servir como soporte del bienestar ciudadano. Tristemente, esas conductas inmorales agrandan las brechas entre los diversos grupos sociales. Debe rechazarse el principio de que el fin justifique a los medios. Esta base conceptual confiere una inmoralidad insoportable para un Estado de Derecho que se precie de tal. Como vacunarse anticipadamente al orden de aplicación, con explicaciones tan diversas como ridículas, o perversas, según se mire.

Estas prácticas de moral prostituidas deben ser combatidas. Sólo así se conseguirá un futuro mejor. De lo contrario, la oscuridad se consolidará y no podremos librarnos de ella. Las circunstancias y las consecuencias de las conductas son elementos que pueden afectar la responsabilidad moral personal del acto.

Créelo. De ti depende.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.