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EL PERIÓDICO
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Deja para mañana lo que no puedas hacer hoy


El rey emérito, Juan Carlos de Borbón, en una imagen de archivo. El rey emérito, Juan Carlos de Borbón, en una imagen de archivo.

Juan Carlos de Borbón no será sometido a investigación por el uso de las tarjetas de crédito opacas denominadas black. Y ello pese a que, por primera vez, los servicios jurídicos del Congreso de los Diputados habían dado luz verde a tal posibilidad. Tras una anterior negativa y en su preceptivo informe, los letrados remitían a la Mesa de la Cámara la decisión de admitir a trámite dicha pesquisa indagatoria. Ello hubiera implicado su envío a la Junta de Portavoces, capacitado así para incluir ese importante asunto en el orden del día de una próxima reunión plenaria. Sin embargo, la propuesta, respaldada por ocho partidos, a saber, Esquerra Republicana de Cataluña, Bildu, Más País, Compromís, la CUP y el Bloque Nacionalista Galego, al frente de los cuales figura su promotor, Unidas Podemos, miembro de la coalición gubernamental, fue rechazada con los votos del PSOE, rechazo al que se adhirieron el Partido Popular y la formación ultraderechista Vox.

Por otra parte, Juan Carlos de Borbón conservará de manera vitalicia el título de rey, mientras una iniciativa sobre una futura Ley de la Corona, relativa al control de las atribuciones al titular de la Corona, barajada inicialmente por la coalición gubernamental, ha quedado aplazada sine die.

El análisis de estos tres hechos permite pensar, fundadamente, en la existencia de un hilo conductor entre ambos, consistente en el presumible despliegue de presiones -tan fuertes como discretas- procedentes de distintas instituciones estatales para impedir que la nueva investigación prosperase. El propósito del rechazo sería el de abrir un cortafuegos que impida que un nuevo escándalo legal en torno a la figura de Juan Carlos de Borbón debilite, más aún, la imagen, hoy muy dañada, de la Corona y que afecte a su actual titular, Felipe VI, su hijo. Este ya tuvo que beber el cáliz amargo de apartar a su padre de su cercanía, más la renuncia a una rara herencia y otros tragos propios de tragedias shakesperianas que la Corona española se ha visto históricamente impelida a desempeñar bien por sus amigos (¿) espadones, validos, favoritos o negociantes, bien por contradicciones inherentes a su condición institucionalmente arqueológica, sea por la irracionalidad de casi todo lo que, en Política, lleva el troquel de lo hereditario.

Fortuna anómala

Parece probable que en la decisión de rechazo de una nueva investigación haya influido al compás de espera sobre la decisión que adopte la Justicia de Suiza al respecto de ciertas partidas de la fortuna acuñada, presumiblemente de forma -por lo menos- anómala, por Juan Carlos de Borbón en paraísos fiscales, ya que un juez helvético sigue manteniendo abierta una investigación en torno a quien fuera rey de España desde noviembre de 1975 hasta 2014. Entre tales fechas, su conducta quedaba exenta de responsabilidades merced a un limbo de inviolabilidad pactado por las principales fuerzas políticas firmantes de la Constitución de 1978. El caso de las tarjetas opacas concierne, sin embargo, a una etapa en la cual tal inviolabilidad había prescrito.

Elemento colateral a lo sucedido, pero digno de ser tenido en consideración, es el consistente en la proximidad de los días en los cuales comparecerá a declarar la comisionista germana, Corinna Larsen Zu Wittgenstein, compañera sentimental de Juan Carlos de Borbón durante un lustro. Sus testimonios, enunciados ya con anterioridad y gestionados por el ex policía José Manuel Villarejo, cabeza de la denominada Policía Patriótica, una organización de espionaje de altos cargos y encargos aúlicos con autonomía investigadora extraoficial muy conectada sobre todo al Partido Popular, apuntan hacia el principal servicio de Inteligencia español, CNI, como supuesto encubridor de conductas impropias del antiguo titular de la Corona. El general Félix Sanz Roldán, hoy consejero de una compañía eléctrica, extitular de tal organismo surgido para el servicio del Estado, habría formulado presuntamente amenazas contra la comisionista germana si informaba de las supuestas actividades presuntamente ilícitas del anterior Jefe del Estado.

Hipótesis

Caben numerosas hipótesis de lo sucedido y lo por suceder. Para algunos expertos, el uso de las tarjetas opacas, en relación a otros supuestos delitos documentales o pecuniarios en presencia, resultaría irrelevante. Y ello no solo por su monto sino también por la praxis en la que se insertaba ya que, según creen, pudiera obedecer más que a una intencionalidad delictiva premeditada, a un artificio de solvencia contable inmediata, gracias a la tarjeta opaca facilitada por un amigo de Juan Carlos de Borbón. Con ella se permitiría atender discreta y supuestamente sin ruido mediático, a algunos pagos y presentes. Desde luego, la entidad de los otros supuestos delitos resultaría mucho más relevante. Otra cosa sería que tras las tarjetas se escondieran prácticas que involucraran, voluntaria o involuntariamente, a otros miembros de la Casa Real, hipótesis que tampoco se descarta como co-causante del rechazo a la propuesta pluripartidaria de investigar a Juan Carlos de Borbón sobre las denominadas tarjetas black.

A la hora de poner nombres y apellidos a las instituciones que han presionado en contra de la nueva pesquisa investigadora, resulta sensato pensar no solo en la propia Casa Real, sino además en el sector áulico de las Fuerzas Armadas. Y ello a consecuencia de que la Constitución otorga al titular de la Corona no solo la Jefatura del Estado, sino también la de los Ejércitos, y ello de manera vitalicia, así como hereditaria, además de asignarle la condición de garante del orden constitucional. Esto cursa en clave estatal. El carácter hereditario –y vitalicio- de la Jefatura del Estado se mantiene tal desde el golpe del mes de julio de 1936 de los generales facciosos que, en octubre de aquel año, en una finca de un terrateniente y ganadero salmantino, se la otorgaron provisionalmente a Francisco Franco. El otorgamiento llevaba oculta una treta/trampa documental de su hermano Nicolás Franco ya que, a la Jefatura de Gobierno asignada por el cónclave militar, añadió de rondón “la Jefatura del Gobierno del Estado”, como han demostrado documentalmente numerosos historiadores.

Prudencia versus audacia

Hoy en clave gubernamental, sin embargo, la prudencia, más que la audacia de una ocasión insólita, parece haber recomendado al principal partido de la coalición de Gobierno fragmentar los problemas que simultáneamente comparecen; la acumulación de irregularidades en torno a la conducta económica, financiera y fiscal de Juan Carlos de Borbón; las declaraciones previstas para los próximos días de su ex compañera sentimental; las elecciones catalanas en cercana lontananza; el contexto político interno -con una oposición en busca permanente de la confrontación, según la portavoz del Gobierno-, más la irresponsable fuga del Partido Popular y acólitos ante cualquier eventual posibilidad de consenso…Todo ello lleva a que las tres medidas políticas dilatorias -a saber, rechazo a investigar, aplazamiento de la Ley de la Corona y conservación vitalicia del título de rey-, se adoptan, para unos, invocando la sacrosanta razón de Estado, para otros, ateniéndose meramente a pautas de evidente sensatez.

Siguiendo el precepto de Íñigo de Loyola “en tiempo de tribulación no hacer mudanza”, tampoco ayuda en nada a optar ahora por la audacia institucional y encarar en estos momentos la transformación de la Corona ni el contexto de una pandemia crudelísima y letal; ni un panorama internacional agitado por la irresponsable vesanía del necio y ya casi ex Presidente de los Estados Unidos; y menos aún un Marruecos que saca pecho militar -precisamente ahora- por el traicionero aval de su amigo americano -¿no era nuestro amigo?-. Los equilibrios institucionales son ahora tan lábiles como alitas de mariposas y conviene dejar a quienes deciden, desde nuestros votos, hallar con cierta tranquilidad las salidas mejores al laberinto dibujado por un delicado, aunque esperanzado, post-bipartidismo. Es compatible esperar a una coyuntura más favorable que la actual para acometer, uno por uno, pero nunca todos a la vez, los delicados problemas que aquejan a nuestra querida piel de toro tantas veces toreado por la imprudencia, la prisa o la irracionalidad. Pero, ojo, nadie ha de olvidar cuáles son las tareas pendientes hoy aplazadas.

Y ello pese a la presión ambiental que ejerce sobre todos y todas la desafección palpable –pese a los abyectos aduladores de la Corona- de buena parte de la población al respecto, señaladamente los jóvenes, que se muestran cada vez más perplejos por los efectos de una norma constitucional, adoptada en una delicada fase de consenso hace 42 años, en torno a la inviolabilidad del titular de la Corona; norma que, en la práctica, ha amparado conductas supuestamente delictivas por parte del titular, entonces, de la Jefatura del Estado, de las Fuerzas Armadas, garante además del orden constitucional, todo ello con carácter hereditario y vitalicio.

A nadie se le oculta –porque resulta obvio- que intramuros del Gobierno los pareceres de los dos partidos coaligados difieren abiertamente al respecto. Unidas Podemos se muestra partidario de la audacia de una ocasión que considera única para remozar la institución en clave, a la larga, republicana, frente a la supuesta prudencia que la experiencia estatal aconseja a Pedro Sánchez posponer tan enjundiosos y graves asuntos, convenientemente separados, hasta coyunturas políticas más favorables.

Las leyes propias de la Política

Nadie debe desconocer que la Política con mayúsculas tiene leyes propias directamente vinculadas a las relaciones de fuerza existentes en cada coyuntura. Ello trastoca el refrán “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy “y lo convierte en otro que permite “dejar para mañana lo que hoy no puedas hacer”. Por otra parte, tampoco cabe olvidar que nunca sobrevienen situaciones de absoluto confort político para adoptar decisiones estratégicas sin riesgo alguno, lo cual aplaza a veces de manera indefinida -y muy peligrosa- medidas graves, pero ineludibles, que casi nunca presentarán ocasión absolutamente propicia para adoptarlas. Los jóvenes que integran el Gobierno habrán de serenarse políticamente; y los adultos, aventurarse audazmente de cuando en cuando, una vez hallada la ocasión. Serenidad y aventura son dos de las dimensiones de ese Arte tan resbaladizo, la Política, al que solo el genio y el talento le permiten dibujar, exitosamente sorprendentes y anhelados aciertos sobre los lomos de países tan sensibles, doloridos y atribulados como el nuestro.

Mientras sobrevienen los acontecimientos por venir –comparecencias judiciales; testimonios presumiblemente inculpatorios; investigaciones helvéticas; machadas aeronáuticas vecinales; inquietantes fascistadas locales y trasatlánticas; y, sobre todo, mortandad inducida por un patógeno tan criminal como escurridizo bajo condiciones meteorológicas sin precedentes- aplazar medidas moralmente urgentes pero políticamente aplazables a condiciones más sensatas, parece ser la opción política elegida por el sector hegemónico dentro del Gobierno. Su integridad como coalición de izquierda resulta, hoy, más necesaria que nunca para tod@s l@s demócratas. Ya habrá tiempo mejor para enderezar las torceduras que nuestro sinuoso pasado histórico ha ido imponiendo. Nunca fue tan clara y extensa la conciencia de la necesidad de enmendar tanto yerro.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.