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Se azuzan “trumpazos”


El líder de VOX, Santiago Abascal, en una imagen de archivo. El líder de VOX, Santiago Abascal, en una imagen de archivo.

Lo que más sorprende del asalto al Capitolio de los Estados Unidos de América es que muchos se sorprendan. Y ya en casa, exactamente lo mismo para los chats de intención golpista. Tras una campaña intensa, prolongada y con firma editorial aventando la no legitimidad democrática del gobierno y sus políticas, supuesta inconstitucionalidad y maldad intrínseca, siempre hay algún defensor de la libertad y la democracia dispuesto a hacer un favor. Lo normal cuando se azuza es que tras animar a embestir, se embista. ¿Sorprendería a Casado o Arrimadas que su estrategia de azuzar contra el gobierno lleve a los que tienen dientes y garras a morder y rasgar derechos y libertades?, ¿se sorprendió Trump tras azuzar contra el presidente electo con acusaciones de ilegitimidad que las personas especiales tomaran el Capitolio? Y a esto, ¿cómo andamos de personas especiales en España?

Un locutor español afirmaba muy serio comentando las imágenes del asalto que no se trataba de una república bananera: eran los Estados Unidos. La lógica obliga. Si lo que sucede es de república bananera, Estados Unidos se está comportando como tal. Otra comentarista de la CNN recordaba que en las conversaciones con congresistas republicanos estos añoraban los tiempos donde se debatían agendas políticas. Cuando las diferencias procedían de impuestos, inversiones, asuntos sociales, etc. Llevan años en los que el debate político es emocional y distanciado de la realidad o los hechos. Por eso los que asaltaban se consideraban patriotas y héroes de la libertad, la ley y el orden. Una disonancia cognitiva radical en la que no cabe resquicio para la duda.

Mientras escuchaba pensaba que la diferencia era el idioma y el país, pero no el mensaje. Toda su intervención se trasladaba y ajustaba perfectamente a la situación española. Una derecha emocional centrada en la idea de patria e ilegitimidad de parte de los escaños del congreso y por ello del gobierno y sus políticas. PP, Vox y Ciudadanos niegan la legitimidad de los diputados que defienden lo que no les gusta. Mas allá, llevando las cosas a su última consecuencia, uno de los mensajes del chat de patriotas lo decía claro: quizás deberían ir más lejos los defensores de la democracia y fusilar a los votantes. Eso es ir a la raíz del problema, la solución final. A los partidos de derechas no le gusta lo que votan los españoles, pues quitémosle la legitimidad a los diputados que molestan. Las personas especiales incluso se plantean eliminar del censo a los votantes que votan a los diputados que molestan.

Por dejarlo claro: es la concepción franquista de la “democracia”. Unas cortes con representantes creyentes, decentes y patrióticos, llegados allí por ser personas de orden. De aplicar el “criterio Casado de constitucionalismo”, se quedan solos en el parlamento PP, Ciudadanos y Vox. Un precioso parlamento franquista representando el culmen de la libertad y la auténtica democracia patriótica. Pues ese es el parlamento que algunos tienen en mente. O te comportas franquista o no eres demócrata. Sí, termina doliendo la cabeza intentando comprenderlo pero es la clave de arco de su discurso populista.

En este “Todos los fuegos el fuego” (Cortázar) entre España y Estados Unidos, la crisis de la democracia es el telón donde se proyectan las estrategias del poder capitalista actual. Todo está relacionado. Cuando los estados y sus gobiernos son el último obstáculo a las élites capitalistas globalizadas, aquello que les debilite, deslegitime y los conviertan políticamente en republicas bananeras les conviene. En su asalto de 2008 los asesores económicos les hicieron el trabajo, promoviendo políticas que enriquecieron a los más ricos y hundieron en la miseria a las sociedades, desprestigiando en una a la política y los políticos. Parece que algunos gobiernos le vieron la patita peluda al lobo, permitiendo créditos blandísimos a los países desde el Banco Central Europeo para contener el chantaje de la deuda pública. Ahora parece que lección aprendida, así que la respuesta a la pandemia va en camino correcto: defender y fortalecer la democracia no importa el coste que cueste. Esto va más allá de la deuda pública: la legitimidad de los gobiernos y la idea de soberanía popular es ahora la frontera amenazada por el populismo. No cabe engaño: el populismo es la antítesis de la soberanía popular. Recurriendo a la sinécdoque (la parte por el todo) para dar el cambiazo: “Este es nuestro Congreso, tenemos derecho a estar aquí” afirman los asaltantes del Capitolio. Ese nosotros (populismo) no es el todo (soberanía popular). Y así, la España de las derechas no es la España de todos. Vamos, un gato por liebre de toda la vida.

Catedrático de Sociología Matemática.