Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Clara Campoamor y su supuesta soledad en la defensa del sufragio femenino


Clara Campoamor Rodríguez (1881​-1972) abogada, política madrileña y defensora de los derechos de la mujer española. Una de las principales impulsoras de la II República Española y del sufragio femenino en España. Forzada al exilio, nunca volvió. Clara Campoamor Rodríguez (1881​-1972) abogada, política madrileña y defensora de los derechos de la mujer española. Una de las principales impulsoras de la II República Española y del sufragio femenino en España. Forzada al exilio, nunca volvió.

En el anterior artículo sobre el sufragio femenino y la posición del PSOE analicé los tópicos-mentiras más comunes respecto al partido socialista y aquella votación sobre el derecho a voto de las mujeres.

Cuando te topas con un revisionista de lo que sucedió aquel 1 de octubre el orden de argumentación suele ser el siguiente: el primero, el PSOE votó en contra del sufragio o se oponía al sufragio; el segundo, Indalecio Prieto era contrario al sufragio femenino; el tercero, hablar de Victoria Kent como diputada «socialista»; el cuarto, Nelken se ausentó de la votación para no votar a favor del sufragio; quinto, Clara Campoamor huyó de Madrid porque la República la habría matado.

La conclusión a la que llego todos los años respecto al relato sobre el sufragio femenino en España es que da igual los datos tangibles que expongas, las personas que quieran seguir creyendo en los tópicos-mentiras van a seguir haciéndolo. Sin embargo, si ellos insisten, los datos tangibles deben insistir más aún.

Es algo generalizado entre todos esos tópicos-mentiras incluir frases en las que se ensalza la figura de Clara Campoamor como aquella persona que hizo posible que hubiese sufragio femenino. Así, podemos encontrar las palabras de Jordi Roca, secretario nacional de formación del PP: «El sufragio femenino que trajo [refiriéndose a Clara Campoamor] contra la voluntad del PSOE». También las de Inés Arrimadas, presidenta de Ciudadanos: «Un hito en la lucha por la igualdad y la libertad que fue posible gracias a Clara Campoamor». Esther Ruiz, diputada de Ciudadanos, añade: «Gracias, Clara Campoamor».

No serán los únicos, en marzo de 2019 Pablo Casado dijo: «A la izquierda le molesta mucho recordar que las pioneras por el sufragio femenino se encontraron un muro infranqueable. Clara Campoamor, diputada del bloque liberal y de derechas, se enfrentó a las dos únicas diputadas que no lo querían; de izquierdas». Toni Cantó en julio de 2019: «El feminismo y la lucha por la igualdad jamás ha pertenecido a ningún partido político, muchísimo menos al PSOE». No es algo nuevo, en 2017 Patricia Reyes por entonces diputada en el Congreso dijo: «Clara Campoamor tuvo que enfrentarse a muchos diputados e incluso a mujeres como la socialista Kent».

Efectivamente, el papel de Campoamor en la propuesta de sufragio es innegable. Negarlo es ahondar en una falsedad. Sin embargo, es necesario matizar muchas cosas. Por eso me surgen varias preguntas. ¿Estuvo sola en la defensa del sufragio femenino? ¿Nadie en el Congreso defendió sus posiciones? ¿Debió ejercer su papel en solitario ante toda una jauría de diputados contrarios?

En el anterior artículo lo especifiqué, pero vuelvo a repetirlo aquí. La realidad es que si aquel 1 de octubre de 1931 el sufragio femenino fue aprobado fue gracias a los 84 diputados del PSOE que decidieron dar su apoyo al artículo. Del resultado final, 161 votos a favor contra 121 en contra, el 52% de los votos afirmativos eran socialistas. Ninguno de los otros diputados socialistas votó en contra. En la siguiente votación que hubo sobre esta cuestión, el 1 de diciembre, el apoyo socialista volvió a ser decisivo. Los diputados Peñalba y Kent presentaron una enmienda para la modificación del artículo sobre el sufragio femenino proponiendo que este se retrasase hasta la celebración previa de dos elecciones municipales. La enmienda fue rechazada por 131 votos frente a 127. De los 131 votos en contra de la enmienda, 74 diputados eran del PSOE. Los socialistas representaron, en esta ocasión, el 56% de los diputados que rechazaron retrasar el sufragio femenino. Tan sólo un diputado socialista votó a favor de la enmienda. La posición de los socialistas fue clara y en consecuencia hablaron en el Congreso.

Así lo expresó el diputado socialista Andrés Ovejero el día 1 de octubre: «el voto expresado ayer por uno de nuestros compañeros, cuando afirmaba que el partido socialista, sin regateos, sin temores, sin vacilaciones, unánimemente, pedía que la mujer tenga acceso a las deliberaciones políticas en la vida española». Añadió: «Nosotros queremos el sufragio para llamar a la conciencia de la mujer y convertirla en cooperadora del resurgimiento español (…) nosotros no tenemos más que una palabra para llamar a la mujer; nosotros no tenemos (…) como apelativo para la mujer más que uno -oídlo, insignes compañeras Victoria Kent y Clara Campoamor-; nosotros, los socialistas, no tendremos jamás para vosotras, ni para las demás mujeres, galanterías de antaño, que pertenecen a la época de la caballerosidad burguesa; nosotros os llamamos de manera distinta; nosotros decimos: a trabajo igual, salario igual; a deberes iguales, derechos iguales. Nosotros vamos a llamar a las mujeres a la conquista del sufragio, con este apelativo, que, en nombre de la minoría socialistas, dirijo a quienes representan la feminidad en nuestras Cortes Constituyentes: compañeras».

Su compañero, Juan Simeón Vidarte, había hablado poco antes: «Señores Diputados, he solicitado este turno en contra del artículo, y no voy a hacerlo contra su totalidad, ya que en una parte de lo que en él se concede, el voto a la mujer, está identificado del todo con el partido socialista».

¿Si el partido socialista estaba identificado con el sufragio femenino por qué tomó la palabra el diputado Vidarte para mostrar su disposición contraria en parte? Porque el Partido Socialista iba más allá de lo que planteaba Clara Campoamor. Los socialistas no sólo eran favorables del sufragio femenino, sino que además era favorable de que la edad de voto fuese de 21 años.

Este debate había comenzado el día anterior, el 30 de septiembre, cuando el grupo socialista de la mano del diputado Trifón Gómez presentó una enmienda al artículo porque la Comisión había modificado la edad: «Cuando se discutió este asunto en el seno de la Comisión convinimos, por gran mayoría de votos, que se fijase la edad en veintiún años. Las dificultades que han surgido esta mañana y que ha explicado aquí, en la Cámara, el Sr. Botella, ya expuso la representación de la minoría socialista en la Comisión la posibilidad de obviarlas (…) Pero hay que decir con más claridad lo que sucede, y es que existe un poco de temor a que voten los jóvenes de veintiún años, como hay también temor a que voten las mujeres».

Vidarte el día 1 de octubre añadió: «Tengo que lamentar profundamente que la Comisión se haya inclinado, (…) a privar a la juventud de un derecho que legítimamente le corresponde. Juventud, para nosotros, no es una palabra carente de contenido». Añadió: «Uno de ellos es que la mayoría de edad en España es a los veintitrés años y que como vamos a conceder el derecho al voto a los veintiuno. Yo tengo que decirles a esos Sres. Diputados, que invocan ese argumento, que precisamente estamos haciendo una nueva Constitución, y nuestro deber será después poner el Código civil y los demás Códigos de acuerdo con la ley fundamental que ahora votemos, pero nunca privarnos de llevar a ella nuevos derechos para adaptarla a Códigos arcaicos».

Efectivamente, el PSOE iba más allá incluso que Clara Campoamor y su propuesta resultaba más vanguardista. Por ese motivo, el diputado socialista Enrique de Francisco solicitó que el artículo se dividiese en dos partes para votar por separado el sufragio femenino y la edad mínima para votar. De tal forma el PSOE podría votar a favor del sufragio femenino, pero oponerse a la edad mínima de 23 años ya que era favorables, como hemos visto antes, a reducirla a los 21 años.

Sin embargo, esto no pudo hacerse y así lo solicitó Rafael Guerra del Río (diputado del Partido Republicano Radical). Después de él, el diputado Ángel Galarza del Partido Republicano Radical Socialista habló para oponerse también a la propuesta de los socialistas: «Para oponerme, en nombre de la minoría radical socialista, a la propuesta que, en use de un legítimo derecho, ha formulado la representación de la minoría socialista».

Cuando se votó la propuesta de los diputados Peñalba y Kent el 1 de diciembre los socialistas siguieron el camino marcado dos meses atrás. Así lo expresó el diputado socialista Manuel Cordero: «Nosotros (…) al establecer el derecho al sufragio en la mujer (adviértase que no hablo de concesión, sino de establecimiento), no distinguimos entre unas y otras mujeres. El criterio de S. S., que es el que llevó la Dictadura al Estatuto municipal, significa privar, precisamente, del derecho al sufragio a las mujeres que más lo necesitan, a las madres, que lo necesitan para defender a sus hijos (…) No admitimos tampoco, Sres. Diputados, que se siente el hecho de que el hombre, o la mujer, pueda tener derecho para ser elegido y no para ser elector (…) Nosotros decimos que defendemos el voto de la mujer aun pensando que en los primeros tiempos pueda sernos negativo, porque lo mismo que hemos hecho en el caso de los trabajadores, aspiramos a realizar en el caso del sufragio de la mujer, comunicándole nuestras ideas ciudadanas, libres, porque solamente con la función del sufragio se adquiere capacidad y competencia para el ejercicio del derecho y para el cumplimiento del deber».

El sufragio no fue la única cuestión relacionada con el derecho de la mujer o, mejor dicho, con el paquete de nuevos derechos que querían legalizar en la nueva Constitución republicana. Otras de las cuestiones que acompañaban al sufragio femenino estaba: un artículo referente a la familia; una declaración sobre la investigación de la paternidad; la fundamentación del matrimonio en la igualdad civil de los sexos; sobre la pérdida de la nacionalidad de la mujer en caso de casarse y la declaración sobre el divorcio.

Respecto a esta última cuestión, por ejemplo, los socialistas presentaron una modificación que después defendieron en la cámara del Congreso (el 15 de octubre) en la que solicitaban que el divorcio pudiese producirse sin que la mujer tuviese que alegar ningún tipo de causa. Venía precedido de la defensa que hizo el diputado socialista Jiménez Asúa y miembro de la Comisión constitucional en esta propia Comisión: «Yo había sido, dentro de la Comisión parlamentaria de Constitución, quien había propuesto la fórmula que ahora ha defendido el doctor Sanchís Banus». «El socialista» (17-X-1931)

Para la defensa de esta propuesta, los socialistas estuvieron representados por José Sanchís Banus. Sus palabras se recogen en «El socialista» mencionado anteriormente: «Con la implantación del divorcio, el hombre aprenderá que es necesario ganarse en cada minuto la estimación, el respeto y el amor de la mujer propia». La propia Campoamor alabará la defensa de esta propuesta hecha por Sanchís en su libro «El voto femenino y yo, mi pecado mortal». Curioso es que Campoamor se opusiese a esta propuesta socialista. Sin embargo, esto será tema para otro artículo.

Sea como sea, a la vista de los datos, Campoamor no estuvo sola en el Congreso en su defensa del sufragio femenino. Ni el día 1 de octubre cuando se aprobó, ni el 1 de diciembre cuando se votó la enmienda de los diputados Peñalba y Kent para intentar retrasar la celebración del sufragio.

Profesor de Historia en Secundaria. Autor de "Tomás Meabe: escritos políticos" (2013) y "Un siglo de Juventudes Socialistas de Euskadi" (2019).

Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto. DEA en Relaciones Internacionales por la UPV-EHU con tesina “Relaciones UE-China: un futuro por delante”. Postgraduado en “Organización jurídica, económica y política de la R.P. China y Taiwán” por la Universidad de Alcalá de Henarés.