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La profesionalización de los liderazgos políticos (pace Weber)


Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan en el hemiciclo del Congreso después de la investidura del primero como nuevo presidente Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan en el hemiciclo del Congreso después de la investidura del primero como nuevo presidente

“Quien quiera hacer política como profesión ha de asumir ciertas paradojas éticas y responsabilizarse de lo que puede llegar a ser bajo esa presión, al verse obligado a pactar con los poderes diabólicos que acechan al poder” (Max Weber)

Sería interesante comprobar cómo nos iría en la esfera pública, si la política fuera un lugar de paso y cupiera elegir como representantes políticos a personas que hicieran un paréntesis en sus actividades profesionales para dedicar unos pocos años al desempeño de cargos públicos. Pero por ahora no son así las cosas y el reparto del poder queda en manos de políticos profesionalizados que deben su liderazgo a una u otra formación política, ya sea esta centenaria o de nuevo cuño.

Como toda regla tiene sus excepciones, en alguna ocasión es una suerte que alguien sacrifique su carrera profesional para permanecer largo tiempo asumiendo responsabilidades políticas. A mi juicio tal sería el caso de Alfredo Pérez Rubalcaba, un político de raza que llegó a la política por azar y cuyo servicio fue reclamado ulteriormente por quienes fueron sucediéndose al timón de su partido.

Tras asumir como propia la derrota en unas elecciones europeas que no le concernían directamente, regresó al aula universitaria sin cruzar ninguna puerta giratoria o haber cambiado su estilo de vida mudándose de domicilio El funeral de Estado que se le tributó vino a reconocer con un extraordinario consenso una trayectoria política muy singular, en la que se contaban entre muchas otras cosas el final de ETA o moderar como simple candidato la reforma constitucional del artículo 135.

Las contiendas electorales unieron los destinos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, aunque fuera un proceso muy alambicado. Al contar en un principio con un respaldo más homogéneo, Podemos intentó sobrepasar al PSOE absorbiendo IU, pero en política hay cosas que restan y, tras celebrarse unas tercera elecciones en un tiempo record, variaron sobremanera sus respectivas cuotas parlamentarias. Entremedias quedaron para la historia frases cuyo eco sigue resonando: Iglesias hablaba de una “sonrisa del destino” de Iglesias y Sánchez confesaba que “no dormiría tranquilo”.

De alguna manera, estos dos lideres políticos podrían protagonizar una suerte de Vidas paralelas a lo Plutarco. Ambos parecen suscribir la divisa de César Borgia que popularizó con su libro homónimo Manuel Vázquez Montalbán: “O César, o nada”. Pues nadie se los imagina jugando un papel similar al de Rubalcaba en sus respectivos partidos y a buen seguro no entra dentro de sus planes.

Tampoco se han planteado nunca dimitir como máximos responsables de sus formaciones al afrontar unos resultados electorales claramente adversos, como no dudó en hacer el ya citado Rubalcaba. Pese a ello, Sánchez sí supo renunciar a su escaño para no tener que incumplir una promesa durante una votación de investidura y con ese crédito logró ganar unas primarias decididas por los militantes y no la cúpula del partido.

Ninguno de los dos ha sabido integrar a sus rivales más directos. Eduardo Madina se retiró sin que Sánchez le ofreciese un puesto acorde a sus capacidades, como debiera haber hecho al margen de que hubiese apoyado a su rival o quizá por eso mismo. Iglesias por su parte se deshizo de Iñigo Errejón y le sustituyó por su pareja sentimental. Difícilmente pueden pretender dialogar con sus adversarios políticos quienes no practican el irenismo dentro de sus propias organizaciones y penalizan las discrepancias que deberían integrar desde sus respectivos liderazgos.

Iglesias alardeó de que sólo podía hacer una política eficaz porque vivía en un determinado barrio madrileño y como cualquier otro ciudadano, pero nunca ha explicado cómo, según su propia lógica, podía seguir haciéndolo tras cambiar sustancialmente su forma de vida e involucrar a sus correligionarios en un tema tan personal como comprarse una vivienda. Para colmo, sin que le preguntaran por una cuestión enteramente doméstica, Irene Montero aseguró que podían pagar su hipoteca con el salario de ambos, como ser diputado tuviera un carácter vitalicio.

A decir verdad, tampoco resulta muy elegante que a la esposa de Sánchez le ofreciesen un atractivo contrato laboral recién instalada en La Moncloa. Sería injusto que renunciase a su propia carrera porque su marido sea presidente del gobierno, pero la coincidencia no fue afortunada. Cuando separaron a Aranguren de su cátedra, José María Valverde renunció a la suya señalado que “sin Ética no había Estética”, pero seguramente Aranguren lo habría podido enunciar a la inversa, porque como señala Kant en su Critica del discernimiento cabe presentar a la belleza como símbolo de la moralidad.

Cuando Iglesias le regaló a Felipe VI Juego de tronos, muchos nos preguntamos con qué personaje de la serie se identificaría más él mismo. Ser vicepresidente de un ejecutivo al que se critica como si se continuara en la oposición, apuntándose los éxitos y por añadidura cuanto se hubiera podido hacer de haberle dejado a él, no es algo acorde con las altas responsabilidades asumidas al prometer ese cargo. ¿Cuánto duraría la colación en el caso contrario, si su socio minoritario le hiciese algo parecido?

Afortunadamente ministras cuya solvencia es reconocida por todos, como Yolanda Díaz y Nadia Calviño, demuestran que cabe defender las propias convicciones con mayor talento desde otro talante y tal como demandan sus respectivas competencias ministeriales, evidenciado que algunas mujeres merecen ocupar los primeros puestos en partidos cuyos programas reivindican ese protagonismo. Por cierto, ¿cuándo se plantea Iglesias retornar a esa docencia universitaria que reconoce como su vocación principal?

Junto a las resonancias apostólicas de sus nombres, Pedro y Pablo comparten un excesivo celo por la comunicación mediática, como si sus destinatarios no supieran discriminar cuándo se les intenta dar gato por liebre y no apreciaran lo que se hace por el bien común. La rendición de cuentas es un gesto loable, sobre todo si se lograr depurar su vertiente propagandística. Es algo tan obvio que no debería ser noticia.

La confianza ciudadana sólo se afianza con grandes dosis de transparencia y ejemplaridad institucionales, incluso cuando los partidos de la oposición ejercitan una inoportuna e inconmensurable deslealtad. Pero no basta con enunciarlo y hay que ponerlo en práctica. Predicar con el ejemplo es la mejor manera de generar una responsabilidad colectiva e individual.

Los desafíos de la pandemia y la consiguiente crisis económica suponen retos de gran calado. Urge poner entre paréntesis las diferencias para lograr grandes pactos entre diferentes partidos por encima de las estrategias electoralistas. Ojalá tras los inminentes comicios catalanes logre darse un ambiente propicio para ello y cese una polarización maniquea que supone un callejón sin salida para todos nuestros graves problemas a corto, medio y largo plazo.

Respecto a los estragos del sectarismo y la polarización, conviene releer a Max Weber trasladando sus reflexiones a nuestro presente, como procede hacer con cualquier pensador clásico en general. En su célebre conferencia sobre la Política como profesión vocacional, que cuenta con sendas ediciones castellanas de Joaquín Abellán y Francisco Rubio Llorente, señala lo siguiente:

“Las contiendas ideológicas suelen estar dirigidas o inspiradas por auténticos profetas de la revolución y, como en cualquier aparato con un líder, una de las condiciones del éxito es el vaciamiento y la cosificación, la proletarización espiritual en beneficio de la ‘disciplina’. El sequito triunfante de un caudillo ideológico suele transformarse con suma facilidad en un grupo completamente ordinario de prebendados”.

Profesor de Investigación IFS-CSIC (GI TcP). Historiador de las ideas morales y políticas. Proyectos BIFISO (PIE-CSIC-CIV19-027), ON-TRUST CM (H2019-HUM5699), PAIDESOC (FFI2017-82535) y PRECARiTYLAB (PID2019-105803GB-I0), Instituto de Filosofía (IFS-CSIC).

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