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EL PERIÓDICO
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Sin ejemplaridad no hay estado


El rey emérito Juan Carlos de Borbón en una imagen de archivo. El rey emérito Juan Carlos de Borbón en una imagen de archivo.

“Yo declaro que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.” Platón

Vivimos tiempos sombríos. Tal vez porque venimos de tiempos sombríos. En la oscuridad todo se confunde. Las brigadas de las sombras se ocupan de extenderse para ocultar las miserias del poder. La mezquindad impera por sobre la solidaridad. Entonces todo es posible. La miseria se propaga con la sumisión de las propias víctimas que produce. La ejemplaridad está ausente. Los malos se proponen seguir su pertinaz tarea de saqueo. Desean mantener los privilegios a pesar de los daños que produzcan. La avaricia a cualquier costa. Todo se altera. Los sentidos se confunden y la nobleza es calificada de ingenuidad. Son tiempos en los que la Pandemia pone a prueba la solidaridad entre las personas. Se arrincona a la transparencia. Si se gobierna entonces para esos grupos pequeños que se benefician de los recursos de toda la sociedad. Se termina conspirando por motivos espurios.

Ante esta continua situación, que se aleja de lo ejemplar, se hace necesario recordar que los gobernantes no lo son por mandato de sus donantes de campaña. Lo son por el pequeño pero colosal acto del voto ciudadano. De esa acción surge la legítima acción del gobernante. Del mismo modo, de la calidad ética de sus actos, se derivarán las consecuencias que perfeccionarán o pervertirán los efectos de su gestión. No hay ciudadanía de primera y ciudadanía de segunda. Quién difunda esa idea carece de la legitimidad necesaria para permanecer en su cargo. Sea esta cuál sea.

Entonces, como concepto útil, suele decirse que la ejemplaridad es la cualidad de lo que puede servir de ejemplo o modelo para otros. Se hace necesario dar ejemplo de deshonestidad. Por el contrario, no serlo, es quebrar la legitimidad para desempeñar el cargo. De aquí que no hay posibilidad de confusión. Si se oscurecen los actos deshonestos, ello supone que se termina siendo cómplice de esa deshonestidad. Tal circunstancia implica una grave confusión cuando se sale en defensa de las personalidades sospechadas de cometer esos actos deshonestos. A tales extremos esto es así, que puede ingresarse en el territorio de la subversión de los valores que garantizan la propia existencia de esas instituciones. Allí, estaríamos en otro sistema, no en democracia.

Por ello, la ejemplaridad pública no debe tomarse a la ligera. Esto es, porque ser ejemplar responde a preguntarnos de cómo es, en general, alguien, y si parece o no digno de confianza. En definitiva, la responsabilidad del ejemplo concierne a todos los integrantes de una sociedad por igual. Ese es la base de la democracia, porque en ella convive una red equitativa de influencias mutuas que le dan sentido. Así, todos los ciudadanos serían ejemplares entre sí. Aunque sea así, es indudable que la responsabilidad de la ejemplaridad pesa especialmente en las personas que tienen más acceso a las funciones públicas. Comenzando "desde arriba". Esto es, desde quienes tienen mayor poder y responsabilidad, empezando por la jefatura del Estado y el sector de la gestión política y judicial, hasta los ciudadanos. Las correcciones, cambios, actitudes ejemplares deben exhibirse desde los lugares más altos de todos los espacios de poder, para que el resto ciudadano los vea, los valore, y finalmente siga su ejemplo. Eso supone un aporte al progreso social y al perfeccionamiento de las personas que la componen. Por ello resulta inaceptable que se permitan comportamientos nada ejemplares. Que se llegue a dar la sensación de producir conspiraciones para ocultar actos deleznables. Injustificables.

Porque permitirlos explica el manto de corruptelas de todo tipo y medida que abarcan a todas las instituciones. Concluyamos que, sin le ejemplaridad en todos los niveles de la función pública, no es posible que sobreviva el mismo Estado.

Estemos alertas. La democracia peligra.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.