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EL PERIÓDICO
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Pisando huevos


Santiago Abascal (c) en una imagen de archivo. Santiago Abascal (c) en una imagen de archivo.

Durante el franquismo para los demócratas era nítido quién merecía respeto y quién no. Y utilizo el término respeto en la lógica weberiana de legitimación del poder. Los que arriesgaban vida y hacienda por la democracia merecían respeto. Los que enriquecían vida y hacienda gracias a la dictadura no. La linde era meridiana y no se podía cantar “yo soy aquel”, uno de los cuarenta principales en el repertorio de la tribu “yo fui”.

Ahora ya no se sabe qué. La fórmula adoptada para la transición a la democracia condenó a los demócratas a caminar pisando huevos. Despacito, lentamente y procurando no ofender. O es que no hemos tenido Valle de los Caídos con dictador dentro durante más de cuarenta años. La monarquía (sin regulación), la iglesia católica (concordatos rampantes y siempre amenazante), los francos (lo del Pazo es para Meiras y no echar gota), la monarquía desarreglada sin reglas… La estructura ósea de la dictadura permanecía bien calcificada mientras en España se hacía un “peeling” a la administración (logos modernos y colores), estiramiento de carreteras (autovías y AVES) y movida con destape (del cuerpo, pero no de los cuerpos de seguridad).

El problema es que tanto tiento siempre fue percibido como debilidad de la democracia. Por ello hay quien interpreta al revés una frase muy simple. La Constitución española afirma que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Pero con tanto pisar huevos, en la derecha (oficial o mental) consideran que la soberanía nacional que reside en el pueblo español emana de los poderes del Estado (los reales en una dictadura): ejercito, iglesia y oligarquías económicas. Con desparpajo, afirman que ellos trajeron la democracia. Querían decir que ellos trajeron la democracia de pisar huevos. Tanto respeto a los herederos de la dictadura no espere agradecimiento. Todo lo contrario, ellos lo esperan de nosotros por permitirnos jugar con el simulador de la democracia. En ese juego, lo de la soberanía era una coña o como mucho, una marca de coñá.

Cuando la democracia da síntomas de caminar con paso firme ya salen los gallos encrestados. Y vienen de todos los colores. Es lo que tiene la falta de asamblea constituyente: los que pasaban por allí se convirtieron en políticos constituyentes de la democracia. Ellos y los otros que le acompañaban. ¿Ofendemos pidiendo regulación para una institución como la monarquía? ¿Es impropio reclamar una educación pública y laica? ¿España no puede llegar a ser lo que deseen los españoles?

Desde el punto de vista del pensamiento franquista la respuesta es no: los españoles deben ser como la España que ellos desean. En la hipótesis extrema de que una pandemia exterminara a todos los españoles para ellos aun quedaría su España. Ya saben, hay quien está dispuesto a dar la vida por España eliminando españoles. No se desesperen buscando el razonamiento. En el caso de algunos son pensamientos de corazón, y en el corazón no abundan las neuronas. La mala noticia es que para otros este sentimiento es un pensamiento estratégico. Por ello andan soltando zorros (el fantasma de ETA, independentistas, víctimas, sangre) para revolver el gallinero y garantizarse el cacareo. En fin. Ya saben: quien viva vera.

Catedrático de Sociología Matemática.