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EL PERIÓDICO
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Cuadrilátero educativo


Las leyes educativas han sido posiblemente las más modificadas en el periodo democrático. Gobiernen los progresistas o gobiernen los conservadores, toca tañer la ley. Y no es un hecho trivial. Evidencia todo lo pendiente de la transición en España. Es la tensión continua entre modernización e ilustración contra el conservadurismo reaccionario. En la práctica, las leyes educativas son el cuadrilátero donde se enfrenta las ideologías en España. Ya en el siglo XXI, la cuestión tiene menos que ver con la calidad de la formación y todo con los conflictos irresueltos. En una esquina está el negocio, en otra la religión, la tercera es la patria y cuarta la familia.

El negocio educativo es una fuente de recursos económicos sustantivos. Hacia donde circula el dinero y en que condiciones es la cuestión. En que forma los gobiernos conservadores han sesgado la financiación hacia lo privado, empobreciendo la educación pública e incentivando la discriminación está ya en libros. Si lo público es de pobres, los pobres que quieran salir de dicho estado deben ir a lo concertado. Las clases medias empobrecidas que no quieran parecerlo también. La educación concertada y privada son los puentes imaginarios al progreso social pavimentados con dinero público. El poder del dinero y su capacidad para perpetuar elites es aquí la fibra sensible. Al tocarla les duele el bolsillo y el imaginario.

La religión y el poder de la iglesia católica en España es el otro rincón. La educación es el marco de legitimación de su influencia social, económica y política. Por ello, para los conservadores es crucial la asignatura de religión católica obligatoria y evaluable. Si además logran el control de la infraestructura educativa (educación privada), miel sobre hojuelas. La educación es el caballo de Troya de Roma en la sociedad ilustrada. Gobierna la derecha y se terminó la educación en valores o de la ciudadanía y llega el catolicismo (en ocasiones disimulado como ética) triunfante. Los gobiernos progresistas bajan el listón clerical hasta que la derecha lo vuelve a elevar a las alturas normativas. Evidentemente, los adoctrinadores católicos son contratados y controlados por la jerarquía eclesiástica, los sueldos y las indemnizaciones por despidos improcedentes los paga un estado laico. La legitimación que alcanza la jerarquía católica por su ocupación del sistema educativo es para ellos un logro irrenunciable. Darán la batalla contra lo laico y cívico siempre y hasta el final. La legitimación del poder clerical es el tuétano de ese hueso.

El tercer rincón del cuadrilátero es la lengua castellana. Las lenguas son llaves que cierran o abren puertas según se empleen. En España lo habitual es usarla para cerrar. Al ser un elemento sustantivo de la conciencia de nación y la construcción de patrias, todos los nacionalismos intentan dar dos vueltas de llave. Lo de menos es la comunicación. Aquí el medio es el mensaje, y puede que el castellano, euskera, catalán, gallego, bable, aranes o el aragonés no te lleven al fin del mundo, pero si al centro de él. Toda patria grande o chica es el centro del mundo. La lengua es un caballo de batalla y no uno de carga intelectual. Por eso parece que discuten de filología y realmente lo hacen del poder. Las leyes educativas tocan el nervio del poder político y por eso siempre duelen a gritos.

El sistema educativo es la grasa del engranaje entre familias y sociedad. Por eso, importante para perpetuar una visión y orden del mundo. Por ejemplo, segregar por géneros para educar en roles y diferencias. Intolerable segregar formalmente por el color de la piel, pero autoevidente que es fundamental cómo se cubran las piernas. La cultura de la falda y el pantalón impuesta por pantalones por los que llevan faldas (sotanas). Una construcción identitaria que busca condicionar las formas familiares y las relaciones interpersonales: la sexualidad tabú. La educación es el campo de batalla de todas las represiones: educar en la sexualidad es pornografía. Mezclar niños y niñas los distrae, perjudica su desarrollo emocional. Podría seguir, pero para decir qué si ya lo ilustra el día a día.

Esta reforma de la ley educativa y la respuesta a gritos del poder conservador no será la última, ni la penúltima, ni la antepenúltima. Cuarenta años de democracia no han debilitado la trama de intereses de la jerarquía católica con obediencia a Roma. Peor aún, si los primeros gobiernos socialistas la facilitaron (Concordato), los gobiernos de Aznar la llevo a los altares del poder (financiando todo tipo de sectas ultracatólicas, autorizando inmatriculaciones por la gracia del clero, formalizando universidades católicas por doquier…). Un entramado cada vez más fuerte y cada vez más fiero.

Y sí, en España hablar de ley de educación es hablar de intereses económicos, religión, patrias y sexualidad. No se deje confundir. ¿Qué se dice cuándo Ciudadanos, PP y Vox claman libertad? Libertad para discriminar, libertad para adoctrinar en la fe católica, libertad para imponer la idea de patria monolingüe, libertad para practicar la segregación de género, libertad para una educación sexual en páginas de internet. La libertad es un valor fundamental que se legitima por la libertad para qué. No cabe la libertad para quemar herejes; no cabe la libertad para discriminar, para maltratar o fomentar la desigualdad… Libertad sí, siempre, pero en igualdad de condiciones, no para legitimar los fanatismos más rancios que buscan proteger sus privilegios.

Para ello, la derecha es ambidextra y golpea con ambas manos: en una mano la libertad de elección de las familias para que el dinero público financie la posición de privilegio de su negocio privado y en la otra mano la biblia (contra el adoctrinamiento en valores laicos y cívicos). Nuevamente, al final, las leyes de educación son el campo de conflicto entre ilustración y tradicionalismo costumbrista. En la práctica es un indicador clave al definir con meridiana claridad la línea de conflicto entre lo progresista (ilustrado) y lo conservador (tradición religiosa) en la sociedad española.

La batalla la va ganando la derecha por su capacidad para hibridar los argumentos. La defensa de su negocio educativo se envuelve en la libertad de elección de los padres, la apología de la biblia y la iglesia para acusar de adoctrinamiento a la formación cívica. Esa capacidad para construir argumentos alienantes (invierte la relación real entre los significados y sus significantes según el contexto) demuestra una elevada eficacia. ¿O es que no tiene mérito que en un estado social democrático y de derecho propio de una sociedad moderna del siglo XXI se llame desde el micrófono del pulpito, o la COPE, “adoctrinamiento” a la educación sexual y la formación en los valores ciudadanos constitucionales?

Unas últimas reflexiones. ¿Cómo es posible que los súbditos (jerarquía católica) que deben obediencia a la teocracia gobernante de un estado extranjero puedan acumular tanto poder e influencia en España? Creencias aparte y pensando solo en lo económico: ¿debe la administración pública financiar los intereses de una multinacional que ha sido hasta hace poco un paraíso fiscal? Y ya en creencias y pensando en la salud pública les hago una pregunta ¿En que no se parecen las empresas tabacaleras y las multinacionales religiosas? En que las tabacaleras le ponen algún filtro para que sus consumidores no se traguen todo lo dañino que contiene el humo.

Catedrático de Sociología Matemática.