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La muerte de Franco


Francisco Franco vestido de uniforme militar en 1975. Francisco Franco vestido de uniforme militar en 1975.

El régimen franquista entró en crisis final a partir del asesinato de Carrero Blanco en diciembre de 1973, a pesar de que todavía duraría dos años. El elegido para suceder al almirante, y por claro influjo del entorno de Franco, fue Carlos Arias Navarro, que formó Gobierno al comenzar el año 1974, un ejecutivo original por dos razones. En primer lugar, porque la presencia militar se redujo y, en segundo lugar, por la ausencia de ministros del Opus Dei. En todo caso, el régimen comenzaba a presentar grandes fisuras. Franco estaba enfermo y faltaba el verdadero cerebro gris tantos años en la sombra, o al final al frente del Gobierno. Las familias políticas agudizaron sus rivalidades, solamente la presencia aún del dictador impedía el choque frontal.

Arias Navarro parecía apostar por la apertura, como anunció en las Cortes con el famoso “espíritu del 12 de febrero”. Al liberalizarse, en parte, la prensa estalló una verdadera fiebre informativa sobre el futuro. Pero era un aperturismo ficticio, porque el régimen siguió ejecutando sentencias de muerte (un anarquista y un delincuente común), y Arias entró en un conflicto intenso con la Iglesia en el asunto Añoveros a cuenta de una homilía en su diócesis sobre el reconocimiento de la realidad vasca, y que a punto estuvo de crear un gravísimo problema con el Vaticano.

Pero, además, España estaba ya sufriendo la grave crisis económica que trajo la elevación del coste del petróleo, disparándose los precios, bajando el salario real, y aumentando de manera considerable la conflictividad social. Y muy cerca, en esa primavera llegaba la democracia a Portugal con la Revolución de los Claveles, influyendo en la creación de la UMD que buscaba la salida democrática.

Por otro lado, en septiembre tenía lugar el gravísimo atentado de la calle de Correos en Madrid.

La oposición al régimen se estaba moviendo de forma clara. El PCE se movilizó intensamente, con un acto multitudinario en el verano de 1974 en Ginebra, además de crearse la Junta Democrática, que incluyó a distintas fuerzas, y que presentó un programa con doce puntos. Por su parte, los socialistas están viviendo una intensa renovación en el Congreso de Suresnes, y no aceptando el liderazgo comunista promueven la Plataforma de Convergencia Democrática. Bien es cierto que el PSOE no contaba con la fuerza social del PCE, pero, en cambio conservaba el prestigio histórico y un enorme apoyo internacional, liderado por las poderosas socialdemocracias europeas.

El aperturismo de Arias murió muy pronto, si es que, en realidad existió alguna vez, precipitando una crisis en el Gobierno y en el propio régimen. La aprobación del Estatuto de Asociaciones es un ejemplo de lo que estaba pasando: intolerable para el franquismo más reaccionario, es rechazado por antidemocrático por la oposición, que se estaba creciendo, exigiendo la amnistía de los presos políticos, el reconocimiento de las singularidades catalana y vasca, la apertura democrática, etc.

El régimen se desmoronaba, el terrorismo también estaba presente, no sólo de ETA sino también del FRAP. Y ante toda esta situación la respuesta fue endurecer la represión, culminando con las ejecuciones del 27 de septiembre de 1975, que generaron una intensa oleada internacional de protesta, y la reacción del régimen en el famoso acto de la Plaza de Oriente, la última comparecencia de Franco con un discurso que mantenía sus principios inalterables del pasado, con un lenguaje de otra época y protagonizado por el eterno contubernio.

El otoño de 1975 sería uno de los más intensos y decisivos de la Historia contemporánea de España. Franco entró en la recta final de su vida; Marcha Verde, organizada por el rey de Marruecos, ejercía una presión intensa sobre el Sahara y sobre Madrid, provocando el abandono del mismo por parte del Gobierno, sobrepasado por los acontecimientos, creando un problema que sigue más de cuatro décadas después.

El 20 de noviembre de 1975 moría Francisco Franco Bahamonde. Una larga etapa de la Historia de España comenzaba a terminar, empezando otra nueva, incierta, en medio de miedos, tensiones, fuerzas encontradas, y de una fortísima crisis económica, pero también de grandes e intensas esperanzas, algunas se cumplieron, pero otras muchas se arrumbaron.

Hoy, 45 años después nuestro país vive un, sin lugar a dudas, necesario debate sobre lo que pasó a partir del momento en el que falleció el dictador, es decir la Transición, que no puede seguir siendo mitificada, aunque, seguramente tampoco condenada completamente. Otras generaciones, el tiempo pasado, lo que vivimos esos años y ahora mismo nos hacen cuestionar muchas cosas que en su día nos parecieron grandes conquistas, pero también conviene no caer en un cuestionamiento absoluto, obviando el contexto histórico. En todo caso, terminó la etapa más gris y cainita de nuestra Historia, a pesar de que por su intensidad y su extensión temporal dejó una herencia muy pesada en casi todos los ámbitos de la vida pública española.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.