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Siempre nos quedará París. (Entre el toque de queda y el toque a rebato)


Siempre nos quedará París. Ahora, el toque de queda parisino parecía el comodín que podría resolver el tabú de la derecha con relación al estado de alarma y al tiempo encauzar la crisis política desencadenada con motivo del cierre perimetral de Madrid. Todo ello además en su segunda semana, precisamente cuando termina la vigencia de la declaración del gobierno central y en que hasta ahora no se vislumbraba la expectativa de una mayoría parlamentaria para sostener la prórroga.

En un momento, en que continúa creciendo la segunda ola de la pandemia, dentro y fuera de nuestras fronteras y no tiene visos de retroceder, si no es con medidas de reducción de movilidad y aforo, con el objetivo prioritario de preservar el grueso de nuestra actividad económica y educativa. Pero como es habitual, da la impresión que somos inasequibles al contexto, y más inclinados al pesimismo. Para muchos seguimos siendo lo peor de lo peor.

Todo ello además en el contexto de la polarización política y la deslegitimación del nuevo gobierno, acentuadas más si cabe ahora por la moción de censura presentada por la extrema derecha y de la emulación histriónica del PP para no verse diluido en el debate. Ésta división sigue siendo nuestra principal debilidad política, y no el modelo de Estado autonómico ni la organización descentralizada de nuestra sanidad pública.

Quizá sea por eso que no han pasado ni unas horas y la derecha ha vuelto otra vez al esencialismo sobre si fue antes el fuero o el huevo. De nuevo esgrime el tabú del estado de alarma como autoritario y el confinamiento como ruina económica y por tanto reitera su exigencia de una nueva legislación, de un plan B que permita limitar derechos fundamentales en el marco exclusivo de la legislación de salud pública.

Curiosa propuesta para quien no ha dudado en mantener paralizado el desarrollo reglamentario de la ley general de salud pública durante casi una década, para ahora proponer su reforma, a sabiendas también de la dudosa constitucionalidad de su alternativa y todavía sin garantizar la mayoría parlamentaria imprescindible para su aprobación. Aparte de lo contradictorio de la urgencia con la premiosidad lógica en el proceso legislativo.

No es de extrañar, pues que la primera reacción del gobierno Sánchez haya sido aceptar la posibilidad de la medida del toque de queda, pero con cierta desconfianza: vinculandola al acuerdo con las CCAA en el seno del Consejo Interterritorial del SNS y a la imprescindible garantía de un respaldo parlamentario suficiente para la declaración del estado de alarma.

No se sabe si se trata de nuevo debate o por el contrario de un señuelo más, precisamente cuando culmina la negociación con las CCAA para aprobar en el Consejo Interterritorial un cuadro de mandos basado en indicadores sobre la evolución de la incidencia de la pandemia y sobre la capacidad de respuesta sanitaria, que actualiza y concreta para esta segunda ola el plan de respuesta temprana y las actuaciones coordinadas ya vigentes desde el decreto de nueva normalidad.

No porque los indicadores no estuviesen presentes desde el decreto de nueva normalidad y los planes y actuaciones sucesivas, ni porque no fuesen operativas para el Ministerio de Sanidad y para la mayor parte de los gobiernos autonómicos, sino al objeto de reforzar la respuesta compartida ante la segunda ola y también por evitar nuevos episodios de división como el enfrentamiento provocado por la Comunidad de Madrid, que desperdician esfuerzos de las instituciones y confunden a los ciudadanos en un momento en que su cooperación es también esencial.

Por eso ya no sorprende que la propuesta este siendo cuestionada asimismo desde su origen por su propio proponente, el gobierno conservador de Madrid, que vuelve a dividirse en torno a sus iniciativas y acuerdos, en este caso el toque de queda: unos dudando sobre su mayor o menor extensión horaria, otros sobre la intensidad de la medida e incluso hay quien pone en cuestión su necesidad, a tenor según ellos de la buena evolución de la pandemia.

Sin embargo, la evolución de la pandemia en Madrid y en otras CCAA, tanto las mas como las menos pobladas como Cataluña o Navarra entre otras.. sigue estando por encima de la incidencia acumulada española, y ésta sigue a la cabeza de la europea y todas ellas en una situación de acelerada trasmisión comunitaria. Esa rápida progresión es el motivo que está obligando a los gobiernos europeos, al margen de su color político, a pasar de una estrategia de contención hasta hace apenas unos días, a la de mitigación, con los cierres perimetrales, los toques de queda y diversos grados de confinamiento.

Unas medidas extremas pero imprescindibles que no deben hacernos olvidar las asignaturas pendientes que nos han debilitado y han adelantado esta segunda ola de la pandemia. El reforzamiento de la atención primaria, de la salud pública y la coordinación sociosanitaria, junto a la responsabilidad ciudadana, para evitar un nuevo desbordamiento dramático en nuestros hospitales y UCIs. Sin olvidarnos de los factores de riesgo y las patologías crónico degenerativas que han quedado relegadas por la demanda provocada por la covid, pero tampoco de los determinantes sociales que explican en buena parte la vulnerabilidad de nuestra sociedad y nuestras abultadas cifras: la sindemia olvidada de nuestro mayor nivel de pobreza, del alto desempleo y precariedad laboral, así como la densidad y deterioro de nuestros barrios y la escasez y deterioro de la vivienda social, y en general de la débil capacidad de cohesión de nuestro Estado de medio estar.

Sin embargo, nuestras derechas madrileñas siguen empecinadas, al estilo de Trump y Bolsonaro, en una concepción dicotómica del binomio salud y economía, decantándose de forma excluyente por esta última, precisamente cuando si algo nos ha demostrado la pandemia, es la inviabilidad de esa estrategia llamada de inmunidad de rebaño.

Una estrategia que se ha aplicado de forma descarnada en la gestión reciente tanto de la precipitada desescalada, como de la atención primaria y el rastreo de contactos, pero en particular en el confinamiento discriminatorio de las zonas de salud como bantustanes.

Sobre una supuesta inmunidad de la que no hay precedente en la historia de la lucha contra las epidemias y de la que los países que la han probado en Europa en esta pandemia, como en Suecia y en Gran Bretaña por ejemplo, se han vuelto atrás hace tiempo ante la evidencia de los efectos de su fracaso.

Por eso la OMS ha advertido que la inmunidad de rebaño "no es una opción", ya que "significa permitir infecciones, sufrimiento y muerte innecesarias". Y que por el contrario que "la inmunidad colectiva se logra protegiendo a las personas del virus, no exponiéndolas al mismo".

Finalmente, después del nuevo señuelo toque de queda, vendrá el toque de arrebato para achacar la segunda ola de la pandemia en Madrid al gobierno central y más en concreto al presidente Sánchez. Nada une más a la derecha que eludir sus propias responsabilidades, pero sobre todo atribuir los errores y agravios reales o imaginarios al gobierno central.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.