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Damnatio memoriae: condenar al olvido

Una de las condenas más terribles en la antigua Roma, que también practicaban los egipcios, era el Damnatio memoriae. Consistía en borrar todo aquello que podía recordar a una persona: imágenes, inscripciones o incluso prohibir pronunciar su nombre. Este castigo era lo contrario a la Apoteosis, procedimiento por el cual alguien, casi siempre el emperador, ascendía a la categoría del Dios. La Damantio memoriae no era siempre justa, si es que cabe hablar de justicia en el olvido, que viene a ser la muerte definitiva. En muchas ocasiones eran los adversarios políticos los que, una vez obtenido el poder, incluso de manera vil, los que llevaban a cabo este procedimiento para borrar todo recuerdo de su antecesor. ¿Os suena de algo esto, mis queridos lectores?

Hoy en día no existe legalmente ese castigo, y digo legalmente, mis queridos lectores, porque de facto (ese latín), sí. Baste con seguir la actualidad. Sobre mucha de la historia reciente de este país se intenta, a través de una interpretación total y absolutamente posibilista, borrar hechos y protagonistas de pedazos de nuestra Historia. Asimismo contemplamos con estupor cómo se elevan a Apoteosis mediocres logros que no llevan a ninguna parte, o promesas que no dejan de ser brindis al sol.

Lo de menos son las razones, baste ver la barbaridad que se ha llevado a cabo con la placa conmemorativa de Largo Caballero, aferrándose a una torticera interpretación de la Ley de memoria histórica que para nada justifica semejante escarnio.

Durante los cuarenta años de Dictadura se intentó en este país que desaparecieran de la memoria colectiva políticos, escritores, poetas, artistas, a través de lo que se llamó el exilio interior, una mordaza a la que se vieron abocados muchos si no querían perder lo más preciado, la vida, después de haber perdido ya su patrimonio y su fama. Otros vieron condenada su palabra, sus libros censurados, con el único oxígeno proveniente de las ediciones llevadas a cabo en Hispanoamérica.

Da una gran tristeza observar como por parte de muchos no se ha aprendido nada, sino que se han convertido en semillero de aquello que pensábamos estaba superado.

El poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana dijo: " Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Curiosamente una frase parecida está escrita en la entrada del bloque número 4 del campo de Auschwitz I, en polaco y en inglés: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”

Por tanto, mis queridos lectores, es de justicia, esto sí, recordar más y olvidar menos a quienes se merecen que se les reconozca sus méritos hacia nuestra sociedad, independientemente de ideologías y partidismos.

No somos nadie, no somos nada, si antes no lo hubieran sido otros.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.