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Casado, la Constitución y la monarquía

A Pablo Casado se le nota demasiado que tiene un “máster” de pega (de corta y pega). Habrá estado matriculado en alguna sucursal de la universidad de Harvard (Aravaca’s Branch, Spain), pero deja ver con demasiada frecuencia que faltaba mucho a clase; a clase de historia, por lo menos. Y a la de política no iba.

El día 28, sin más lejos, en una entrevista en Onda Cero, para acusar a Sánchez de no defender al Rey -este chico parece un mosquetero-, Casado recurrió a un argumento histórico-político de notable falsedad, que pone en evidencia su visión no homologada de la democracia representativa y su ignorancia en cruciales temas locales, que, como patriotero empedernido, debería conocer al dedillo.

Dijo: “El problema es que Sánchez lleva tres días sin defender al rey de España, es decir, a todos los españoles que votamos hace 40 años que la forma de Estado fuera la monarquía parlamentaria y hace seis, que quien la encarnara fuera don Felipe de Borbón”. “Repito: lo votamos los españoles, un recordatorio para el señor Garzón y el señor Iglesias. A los que no votaron los españoles para estar en el Gobierno, porque Sánchez se comprometió a nunca pactar con ellos”.

Resulta, que según, Casado, y esto es nuevo, hay gente que vota a los partidos de su preferencia para que no estén en el gobierno. Y Garzón e Iglesias sin enterarse. Ni tampoco Sánchez. Imperdonable.

¡Madre mía, tres días sin defender al Rey! ¡Esto no se puede aguantar! ¡Hay que defender al rey cada día! Inmediatamente después del toque de diana, se debería prescribir un acto protocolario en la Moncloa para defender al Rey. ¿Y defenderlo de qué? Ah, no se sabe. Bueno, sí; de lo que sea, con tal de mostrar aquella “lealtad inquebrantable”, que tanto abundó en otros tiempos y tantos chaqueteros produjo después.

Francamente, ignoro si el Rey siente aprecio por los arrebatos monárquicos de Casado, pero, vistos desde fuera, además de ridículos, parecen untuosos y hasta ofensivos para el Jefe del Estado, al que se le supone capacidad suficiente para defenderse solo y prescindir de un campeón tan mediocre.

La frasecita de Casado es demagógica se mire por donde se mire. Pues, igual que Torra identifica sus avatares como político independentista con todos los catalanes, sean nacionalistas o contrarios al “procés”, Casado identifica al Rey con todos los españoles que, en 1978, votaron la Constitución, no la monarquía, porque la restauración de la monarquía nunca se dilucidó en un referéndum. Y mucho menos, se votó la abdicación del ahora rey emérito en favor de su hijo. La sucesión, el traspaso de poderes a Felipe VI fue un acto palaciego, oficial, claro; solemne, desde luego; importante, claro está, y, por supuesto, necesario, pero no fue un acto popular, ni como ceremonia de masas ni como consulta política. En España, al menos, los reyes no se votan. Esta es una de las primeras lecciones de un manual de historia, que denota que Casado empezó faltar a clase nada más empezar el curso.

Hay algo más que el joven, pero atrevido, Casado debería saber y es que su partido, entonces Alianza Popular, no fue un entusiasta de la Constitución, que incluía, claro está, la legitimación de la monarquía restaurada por Franco.

De los 16 diputados de AP, sólo 8 apoyaron la aprobación de la Constitución en las Cortes, en la jornada solemne del 31 de octubre de 1978. Es más, el propio Aznar, el Liderísimo de Casado, se despachaba contra ella en términos muy poco elogiosos para él mismo, que lo acercaban excesivamente al sector azul del régimen recién terminado, y es de suponer que votaría en consecuencia. Respecto a los resultados del referéndum constitucional, hay que recordar que la Carta Magna fue respaldada por el 87,9% de los votos, pero que hubo una abstención del 32,9%, y que la suma de los votos no emitidos, pues hubo partidos que propugnaron la abstención como alternativa política, y los votos negativos (7,8%) ascendió a más de 10 millones de personas, el 40,7%.

Seguramente, entre los 15 millones de personas que votaron sí a la Constitución había muchas que no eran partidarias de la monarquía, aunque lo fueran de la Constitución en su conjunto, y quizá también de Juan Carlos I.

No sé quién pudo darle un título académico a este muchacho.

Profesor jubilado de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015) y, con Ramón Cotarelo: La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).