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Resignificar para la concordia


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Resignificar el valle de los Caídos va a implicar una tarea titánica hasta encontrar una fórmula que armonice los distintos propósitos que convergen para dotarle, allí, de su nuevo significado. Otro gran esfuerzo será necesario para reordenar y ampliar el Panteón de España, denominado hasta ahora de Hombres Ilustres. Sin embargo, el nuestro no es un país donde la imaginación escasee. Nuestros artistas, arquitectos, escultores, pintores, literatos, escenógrafos, han ocupado siempre los primeros puestos de la arena mundial. Seguro que idean fórmulas capaces de satisfacer el objetivo marcado por la futura ley de Memoria Democrática. Siempre y cuando se les convoque a la tarea, claro.

Tampoco escasea en España la voluntad de emprender gestas memorables, como la que implicó sacar al dictador del enclave que tan injustamente ocupaba en Cuelgamuros. Gesta será también, con certeza, la que culminará este proyecto resignificador, de esos a los que los poderes nos tienen tan desacostumbrados y que tanto nos reconcilian con la Política con mayúsculas.

Dejemos volar un poco la imaginación: ¿imaginan l@s lector@s que los restos de Antonio Machado; Manuel Azaña; Miguel Hernández; Vicente Rojo; Hidalgo de Cisneros; Trifón Gómez, Lluis Companys, José Antonio Aguirre, el líder histórico del nacionalismo vasco o Blas Infante, padre del andalucismo, por ejemplo; y los de Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Federica Montseny, Margarita Nelken, Victoria Kent y Dolores Ibárruri, entre otras mujeres ilustres, una vez conseguida la autorización de sus familias respectivas, pudieran descansar junt@s en un lugar de reconciliación de tod@s l@s español@s con la Historia política -y social- de nuestro país? Y, ¿por qué no pueda ser posible, como posible ha de ser hallar de una vez los restos de Federico García Lorca y llevarlos a alguno de los dos precitados lugares de memoria?

Se dirá que la lista propuesta resulta ideológicamente un poquito sesgada. Lo es. Sin embargo, la idea de que una solución mixta en este ámbito permita a los españoles mirar de frente su pasado es tan bella y necesaria que no creo que nadie se oponga a que en esos panteones figuren igualmente otras personas de bien, de ideología conservadora, cuya nombradía no tenga nada que ver ni con la crueldad ni con el odio al adversario. Dejemos que la derecha elija sus mejores candidatos a figurar en el Panteón o en el Valle; pero no caigamos en simetrías mecánicas y tengamos en cuenta que muchos de quienes se alinearon con aquellos que ganaron militarmente la Guerra Civil, ya recibieron honores de todo tipo y que sus nombres figuraron desde las fachadas de las iglesias hasta las plazas y las calles de tantas ciudades de la Península. Por contra, muchos de los que estuvieron en la esfera ideológica republicanas sufrieron exilio, hambre, prisión o muerte y de muchos de ellos, sus restos se perdieron o yacen en cunetas y descampados. Con todo, la Guerra Civil no ha de ser la única referencia memorial, sino más bien la historia de la Cultura y de la vitalidad, tan plural, de una nación como España.

Habría que distinguir, naturalmente, entre celebridades sociales, artísticas, políticas y militares, por ejemplo, así como sería preciso graduar, por etapas históricas, la cualificación necesaria para figurar en ese elenco de personalidades, desde los Premios Nobel hasta los héroes casi anónimos como aquel joven madrileño que adentrándose valientemente en un pavoroso incendió salvó a dos ancianos y murió en el rescate o aquel joven italiano que perdió su vida en una manifestación en su país a favor de las libertades democráticas en España….

Me vienen a la memoria la figura de Pablo Picasso, sepultado en un lugar de la Francia profunda; o la del pensador José Ortega y Gasset; poetas como Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, o Jesús López Pacheco, muerto en el exilio canadiense; recuerdo asimismo al dirigente sindical Marcelino Camacho, canon de honesta lealtad a la causa obrera y por las libertades; o el escritor y ex falangista Dionisio Ridruejo, que tanto hizo por la reconciliación; o el mismísimo Adolfo Suárez, o bien el valiente teniente general Manuel Gutiérrez Mellado –pese a que recomendara a Felipe González posponer la exhumación de las fosas, por la coyuntura golpista en la que entonces se vivió… solo por citar algunos ejemplos.

Bien. Pues todo ello y muchísimos más nombres que están en la mente de nuestr@s lectores, podrán algún día descansar junt@s y enviar a las generaciones venideras un mensaje de concordia: si, concordia, de la que tan necesitados estamos en este atribulado país nuestro. Tal vez si conseguimos resignificar esos lugares con la dulce y justa pátina de la memoria democrática, consigamos que nuestros hijos y nietos interioricen y asimilen que hay distintas maneras de amar a nuestro país; y que unas y otras formas son segmentos de una misma línea de amor filial hacia una patria que a la que tantos disgustos, entre unos y otros, le hemos dado y que algunos sinsabores, a unos y otros, ella por su parte también nos ha dado.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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