Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

El registrador más joven

“¿Desconocer la historia le hace sentirse mejor?¿Cree que por no conocerla no ha existido?“

Julia Navarro

Según la RAE, por “desconocer” debemos entender el “no recordar la idea que se tuvo de algo, haberlo olvidado”. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que “desconocer” también es, “no advertir la debida correspondencia entre un acto y la idea que se tiene formada de alguien o de algo”.

En breve podremos escuchar a M. Rajoy, el “gran desconocedor”, negar su participación en las causas judiciales en curso. Por cierto, recordada es su presencia como testigo para declarar sobre el uso de los fondos electorales del Partido Popular. La bondad cristiana de los magistrados alivió la impertinencia de un presidente del gobierno que llegó a dirigir el interrogatorio desde un asiento en el estrado a la derecha del juez que presidió la testificación. Aunque manifestó no tener responsabilidades con la gestión de fondos, pese a ser jefe de campaña.

En el Faro de Vigo del viernes 4 de marzo de 1983, M. Rajoy decía:

“Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación.”

Es cierto, M. Rajoy ha sido uno de esos “elegidos” por las familias del Régimen para ocupar lugares destacados en la historia de su tiempo. El “derecho de cuna”, al decir de su entorno, le tenía reservadas elevadas misiones. No se dispone de datos fidedignos acerca de sus quehaceres como registrador. Aunque tal actividad no le resultó extraña a su familia, escaso tiempo le dedicó M. Rajoy. Al parecer, el dedo del destino les confirió esa cualidad.

El Caso Reace fue un escándalo que salpicó en marzo de 1972 a la empresa Reace (Refinerías de Aceite del Norte de España, S.A.), situada en Guixar, Vigo, debido a la desaparición de 4 036 052 kg de aceite de oliva propiedad de la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (CAT). Ese aceite estaba valorado en 167.615.172 pesetas. Como la empresa Reace fue fundada en la localidad de Redondela, en Pontevedra, se la ha conocido como “el caso del aceite de Redondela”. ​ Alrededor de este asunto se produjeron diversas muertes extrañas de personas implicadas, lo que acentuó el interés público por él. Más aún, estuvo incrementado por la presencia de Nicolás Franco Bahamonde, en el Consejo de Administración de Reace, a la sazón hermano de Francisco Franco Bahamonde.

Las malas lenguas difundieron historias desagradables no confirmadas, eran tiempos peligrosos para indagar en esas cuestiones, acerca de asuntos oscuros de los hermanos Franco con ese aceite de oliva, que terminaron siendo archivados por el progenitor de los Rajoy, en tiempos en los que detentaba la presidencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra. La gratitud llegó desde las alturas.

La tarde noche de la moción de censura, la primera que tuvo éxito desde la Transición, también pasará a la historia por ese hito, nos ofreció escasas fotos de un M. Rajoy en estado un tanto inestable. Suponemos que aquella bancada vacía del Congreso de los Diputados fue la metáfora de su templanza y dignidad. La sentencia de la Gurtel lo desencadenó y aquella noche M. Rajoy demostró su pequeñez.

Volverá a negarlo todo y se mostrará soberbio. Es lo que sabe hacer. Fuerte con los débiles y pusilánime con los poderosos. El perfil de magistrados que le permitió eludir su responsabilidad entonces, tal vez intente repetir el escenario. En ese caso deberíamos recordar a unos y otros que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.

No aceptemos la ignorancia como argumento cuando las pruebas sean contundentes. Una de las acepciones de la “ignorancia” según la RAE es “no hacer caso de una cosa o fingir no tener conocimiento de ella”. La Justicia no puede seguir por esos derroteros de aceptar el “no lo conocía”.

Sería menester dejar en evidencia que las cosas están cambiando y que ya no puede salir gratis actuar de modo incorrecto. Las castas triunfantes deben ser colocadas en el justo lugar que les corresponde, es decir, en el cumplimiento de los derechos y obligaciones de los ciudadanos. No hay nadie por encima de la ley. Abreviar carreras de manera burlesca. Ofrecer postgrados sin los méritos mínimos. Todo para diseñar figuras “elegidas”. Eso es de lo que hablamos. Esta España no puede permitírselo.

Incumplir ese principio es derrumbar a una Sociedad de Derecho y someterla a los caprichos de los delincuentes, los pícaros y los tunantes de la Corte.

Esa es la disyuntiva. No lo permitas.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.