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No se puede soplar y sorber al mismo tiempo

El refranero castellano nos ofrece frases para casi todo. Sin duda, para lo que estamos viviendo miles de familias estos días hay una muy clara que se nos pasa por la cabeza cuando pensamos en lo que está sucediendo: no se puede soplar y sober al mismo tiempo, señoras y señores del Gobierno.

Con esto me refiero a que no se puede concienciar a una sociedad de la importancia de manter las pautas de seguridad, de la gravedad de la pandemia de COVID-19 para ahora venir a empujarnos para que llevemos a nuestros hijos a las escuelas como si no pasara nada. No es posible y además, en mi opinión, es irresponsable.

Comenzamos la pandemia con militares dando ruedas de prensa. Con el ejército por las calles. Nos encerramos durante meses en casa. Salíamos a hacer la compra como si fuéramos a una misión a la luna: protegidos, con miedo y con angustia. Llegábamos a casa después de las salidas imprescindibles, nos lavábamos, echábamos la ropa a la lavadora a sesenta grados mínimo, hervíamos las mascarillas, usábamos gel a todas horas.

Muchas de estas pautas las seguimos cumpliendo. Llevamos mascarilla en todo momento, procuramos acudir a lugares como centros comerciales lo mínimo posible, siempre sin los niños. Seguimos algunos sin ir a cines, ni a conciertos, ni a ningún lugar donde haya gente. Controlamos al milímetro cómo y dónde juegan nuestros hijos. Hemos pasado un verano manteniendo las pautas y las medidas en todo momento, a pesar de esa apertura tan rápida, a pesar de esa nueva normalidad que algunos nos hemos negado a creer y que, por desgracia, los datos de nuevos contagios confirman que debíamos actuar como hemos hecho.

Hemos tenido un cuidado exquisito a la hora de quedar con amigos y familiares. Por su protección y por la nuestra. No hemos ido a terrazas, no hemos hecho nada que pudiera suponer el más mínimo riesgo: por proteger a nuestros hijos, pero también y sobre todo por proteger a nuestros padres y abuelos.

Y ahora, después de constatar que los contagios se están yendo de las manos de nuevo, cuando se suponía que las altas temperaturas facilitarían la contención de la propagación, nos dicen que los peques tienen que volver al cole. Entiendo que no es posible tener a las familias en casa cuidando de sus hijos. Porque ya se hizo y la economía sufrió.

Entiendo que no es una situación sencilla. Pero lo que entiendo menos aún es cómo pretenden convencernos de que los casos de infección en los niños son menos graves que en los mayores, cuando se desconocen los efectos de esta enfermedad y sus consecuencias a medio y largo plazo.

Estando como estamos sin vacuna ni tratamiento preventivo, llevar a los niños a las escuelas en esta segunda ola personalmente me parece una temeridad. Porque además ya se ha visto lo que ha sucedido en otros países que ya han abierto las puertas de las escuelas: infecciones descontroladas que han obligado a cerrar los centros y a poner en cuarentena a miles de familias.

Dicen que los casos graves que provocan la muerte y complicaciones severas en menores son aislados. ¿Y? Por muy aislados que sean nadie quiere que le toque a su hijo. Y sin tener información suficiente, exponerles ante algo desconocido es un hecho al que no pueden obligarnos.

Por mucho que la ministra de educación nos quiera recordar que es obligatoria la escolarización de los menores de 6 a 16 años, más obligatorio es cuidar de ellos, velar por su salud y desde luego, garantizar que no se exponen a riesgos al acudir a clase. Y en eso, la ministra, no puede asegurar que los centros educativos vayan a estar cien por cien libres de contagios. Es más, viendo lo visto, viendo las infecciones de nuevo en residencias de mayores, mucho me temo que la vuelta al colegio la vamos a tener que lamentar.

¿Cómo es posible que en pueblos como el mío se hayan cerrado los parques para evitar contagios y sin embargo se abran las aulas? No critico con esto el cierre de los parques, que me parece una medida muy sensata, sino todo lo contrario: lo que me escandaliza es forzar a las familias a llevar a sus hijos por razones que responden a criterios económicos más que de protección de la salud. Y esto es algo que, como madre, no estoy dispuesta a aceptar.

Somos muchas las madres y padres que no estamos dispuestos a exponer a nuestros hijos ante un virus que todavía es desconocido. Que puede ser letal y que puede suponer unas complicaciones para quienes se infecten que les acompañen durante mucho tiempo. Mejor prevenir que tener que intentar curar sin saber todavía cómo.

Y lo que más me indigna es que pretendan dar a entender que quienes nos planteamos las cosas desde esta perspectiva, seamos ahora señalados como "exagerados", cuando llevamos meses viendo cómo nos han querido concienciar de la importancia y de la gravedad de la situación. ¿Es que ahora los negacionistas son ellos? Así parece viendo sus argumentos.

No se puede generar alarma y después pretender que expongamos a nuestros hijos. No se puede jugar con la salud de la gente y desde luego no se debe llevar al límite la responsabilidad de los padres y de los docentes. Que, dicho sea de paso, en algunos casos están exponiéndose también sin tener garantías suficientes.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.