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Los frustrados ejercicios posibilistas con la Monarquía en España

En la Historia contemporánea española se dieron tres momentos en los que los sectores progresistas aceptaron la solución monárquica ante situaciones trascendentales para estabilizar el país y/o asentar determinadas libertades. Es verdad que, como veremos, las situaciones fueron distintas y conviene siempre ser cauto con las comparaciones históricas, pero hay algunas similitudes. Por fin, los tres ejercicios posibilistas terminaron, pasado un tiempo, fracasando. Así pues, quizás convendría reflexionar un poco sobre las actitudes de las formaciones, grupos y sectores progresistas con peso y oportunidades de gobernar sobre la cuestión de la jefatura del Estado.

En primer lugar, los liberales, perseguidos por Fernando VII, tanto en el Sexenio Absolutista, como, sobre todo, a raíz del fracaso del Trienio Liberal, terminaron por aceptar la Corona en la figura de la niña Isabel II con la Reina Gobernadora María Cristina, ante la fuerza del carlismo, envalentonado en una guerra que parecía que ganarían. Los liberales, sin apoyos populares, vieron en esta solución la forma de poder intentar hacer una Revolución liberal que terminaría siendo peculiar. La Corona, muy solitaria por su parte, vislumbró en los liberales unos aliados vitales. El acercamiento dio sus frutos, y los carlistas fueron derrotados.

Pues bien, al final, la apuesta resultó fallida porque el régimen isabelino sí asentó el estado liberal, pero en su versión más conservadora, y además se vio enfangado en corruptelas, escándalos cortesanos y, sobre todo, el liberalismo progresista pronto vio que la reina se vinculaba claramente con los más moderados que terminaron por ejercer un cuasi monopolio del poder. Al final, esto provocó el surgimiento de los demócratas y de los republicanos en España, pero, sobre todo, que todos los sectores progresistas, evolucionados después de casi treinta años, pactaran para terminar con el régimen, desencadenando la Revolución de septiembre de 1868.

Cuando Cánovas diseñó el sistema de la Restauración después de las turbulencias del Sexenio Democrático, consagró a la Monarquía como un poder fundamental (soberanía compartida), empleando una argumentación de tipo histórico que terminó por seducir a los liberales progresistas, y al sector más posibilista del republicanismo. Cánovas lo consiguió no tanto por esa defensa de la importancia de la Corona en el sistema político, sino porque abrió la puerta al turno pacífico en el poder para las dos familias liberales, evitando el grave error del reinado de Isabel II. Es más, consiguió limpiar a la dinastía presionando para que la reina se apartara y el príncipe de Asturias pudiera heredar el trono. El sistema, aunque basado en el fraude electoral, otorgó estabilidad y permitió al liberalismo progresista alcanzar el poder sin recurrir a pronunciamientos para poder aplicar su programa político más abierto que el conservador. Cánovas y Sagasta tuvieron la suerte de que los dos primeros monarcas, tanto Alfonso XII como su viuda la María Cristina de Habsburgo-Lorena, fueran soberanos discretos y bastante profesionales, si se nos permite la licencia.

Bien es cierto que este ejercicio de posibilismo de nuevo con los Borbones siempre tuvo enfrente a los republicanos, es decir, a un sector importante de las fuerzas progresistas, pero como estaban tan divididos en casi todos sus planteamientos no fueron una fuerza que amenazara al nuevo régimen. Más complicado fue “lidiar” con el nacionalismo catalán, aunque terminara por aceptar a la Monarquía a cambio del apoyo del sistema para frenar al anarcosindicalismo que, con el socialismo se encontraban claramente enfrentados a la Monarquía como pilar de un régimen político y económico a derribar.

Y, de nuevo, llegó la frustración, porque, la Monarquía en la figura de Alfonso XIII cambió por su incomprensión hacia el camino hacia la democracia, su excesivo intervencionismo, aunque la Constitución le permitiera tener un protagonismo mayor que el que Felipe VI tiene en la actualidad, y por vivir en un tiempo de turbulencias para todas las Monarquías. Pero, el gran factor determinante del fracaso llegaría cuando el propio rey se saltó la Constitución, aceptando la solución autoritaria con la Dictadura de Primo de Rivera, además de generar no pocas sospechas de corrupción. Unas elecciones municipales terminarían con su reinado y con la Monarquía para mucho tiempo.

Llegamos, por fin, al último ejercicio de posibilismo, seguramente el más intenso de los tres por la experiencia histórica vivida por las izquierdas españolas. Socialistas y comunistas aceptaron la solución monárquica en aras de la estabilidad, de la democratización, olvidando u obviando todo lo que habían pensado desde antes de 1931.

Y todo parecía que iba bien, que por fin un rey Borbón asumía una responsabilidad clara en favor de la colectividad. El debate sobre la jefatura del Estado desapareció completamente. Una serie de factores, entre los que destacaría un pacto no escrito entre la derecha y la izquierda, al que se unieron los medios de comunicación, consagraron, por vez primera un consenso que parecía imbatible hasta que… Así pues, tercer ejercicio de frustración.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.