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Los perversos promotores del olvido

“Porque hay olvidos que queman y hay memorias que engrandecen...”

Alfredo Zitarrosa

El no recordar hace que se establezca la sensación de que lo olvidado no ha sucedido. En la España de la oscuridad de las sacristías y del resentimiento hacia los espíritus libres, se adoptó la técnica de arrancar las páginas de las barbaries cometidas. Ese fue el eje de la desaparición de la memoria. Pero no valoraron que el olvido hace que se diluya la identidad. Tal vez por eso tarareamos el himno. Se nos ha olvidado que debemos cantarlo con una letra que nos agrupe en los valores comunes. Pero no ha sido posible. Luego hay quién se sorprende de que las diversas nacionalidades de este país tengan una idea más clara de lo que son, respecto al nacionalismo castellano. En España, el olvidar se promocionó desde las más altas instancias del poder en la mezquina esperanza de que no rindiesen cuentas los responsables. Quizá su soberbia, la de los promotores del olvido, les impidió comprender que la Verdad es hija del Tiempo no del Poder.

Tal vez por ello se siga prologando la apertura de los llamados secretos oficiales. Del mismo modo, se evitan las comisiones de investigación serias y dispuestas al esclarecimiento de los hechos sucedidos. No sirve de nada el tipo de comisiones que sólo son coartada para que el olvido se refuerce tras las parodias de los asesinos de la verdad. Al mismo tiempo, se sigue produciendo el archivo conveniente y rápido de las causas que ponen en riesgo el mantenimiento de los olvidos institucionales. La denominada Memoria Histórica se está llevando a cabo con ínfimos recursos y grandes sacrificios. El gesto de haber publicado en el BOE la ley no es suficiente para hacer justicia. Víctimas son también los familiares que suplicaron su recuperación. El olvido promovido fue responsable de que sigamos sin conocer dónde han tirado los cuerpos de los asesinados por las brigadas del fascismo. A los discrepantes políticos no sólo se les quitó la vida. Se les quitó la dignidad. Se los borró de la Historia Oficial franquista que aún se enseña en los colegios. Especialmente en los concertados.

Así, mientras tanto, los criminales adornan con su nombre las calles al tiempo que en el exterior conmemoran la valentía de los españoles que derrotaron al fascismo y que sobrevivieron a él. Los primeros en entrar en el París liberado fueron los integrantes de la nueve y, los últimos en salir de Mauthausen, fueron los sobrevivientes republicanos españoles que Franco mandó encarcelar.

Para quienes no son comunistas, como este analista, resulta un agravio para la pluralidad democrática permitir que no se diga la verdad de los hechos. Es imprescindible poner nombre y apellidos a todos los responsables de las atrocidades cometidas. Tanto de un bando como del otro. Porque hoy se ven con claridad como las dos España siguen confrontándose y un número no menor de españolas y españoles carecen de fuentes fiables en donde aclarar las ideas. No vale esgrimir una terminología más propia de las cavernas franquistas para proferirla en instituciones democráticas plurales, como es el caso de calificar de “comunista”, con connotaciones negativas, desde la bancada parlamentaria que aún defiende al fascismo como sistema. Eso es inadmisible.

Pero, recuérdese, que para que esto fuese posible se diseñó un olvido que sólo se pudo construir con la complicidad de los grupos religiosos, militares, políticos y económicos que se valieron de la victoria para saquear y apropiarse indebidamente de bienes ajenos, para luego acordar una Transición basada en “aquí no ha pasado nada”. Los juicios a la Familia Franco por apropiarse indebidamente de bienes ajenos, se decidirá en unos días. Veremos si la justicia está a la altura de los tiempos.

Ahora bien, pasados ochenta años desde aquellos acontecimientos, va siendo hora de recuperar la memoria. De lo contrario los conflictos de identidad que padecemos no harán más que profundizarse. Esto, pese a que un sector no menor de la magistratura se empeñe en seguir respaldando el olvido. Las llamadas al orden de las altas instancias judiciales europeas dejan expuestas las extrañas tramitaciones de las causas en los juzgados.

Ya es el tiempo de recuperar la memoria.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.