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Más allá del aquí y el ahora

Extraño verano este de 2020, en el que, a pesar del calor, las caras han de permanecer emboscadas como si nos encontráramos en una mala película de atracadores de bancos o de cirujanos, que en ambos casos ocultar el rostro es necesario.

Esta que os escribe ha tenido que hacer un auténtico acto de fe solidaria para soportar la calorina que, además de la natural en esta época estival, aumenta exponencialmente ya sea el cubrimiento facial quirúrgico, a flores o con la carita de Hello Kitty.

Que hablemos de la necesidad de mantener las normas, a estas alturas, parece de Perogrullo, pero visto lo visto, en un sector de la población cae en saco roto, tal vez porque son incapaces de medir las consecuencias más allá de su propio ombligo. Y, claro, pasa lo que pasa…

Varios países, entre ellos Alemania e Inglaterra, han comunicado a su ciudadanía que no vengan a zonas concretas o a la totalidad de nuestro país ante los brotes. En el caso de Inglaterra es asombroso, vista la gestión que ellos mismos han hecho de la pandemia. Recordemos a Boris Johnson haciéndose un “Trump” y poniendo en remojo la gravedad del CoVid-19… Hasta que le tocó a él.

No cabe duda de que esta situación de absentismo turístico agrava la ya por si misma crisis económica, surgida del parón por el confinamiento, pero si reflexionamos, y no nos hacemos trampas al solitario, debemos de reconocer que nuestra economía ha sido y es es muy frágil, precisamente porque tiene muy pocas alternativas.

Aquél famoso “milagro económico aznariano” se sustentó en lo que había venido siendo la joya de la corona: la construcción, cuya burbuja, después de haber alimentado las arcas de propios y ajenos —algunos de ellos están o han pasado por la “trena”—, reventó hace doce años, destruyendo miles de empleos. Ahora es otra la causa que ataca a nuestro otro medio de subsistencia, el turismo, y, nuevamente, nos vemos con cierre de negocios y desempleo.

Creo que ha llegado el momento de tomar el rábano por las hojas, de dar un paso al frente para abrirnos a otro modelo económico que nos permita no la supervivencia, sino ser un país de vanguardia, con una economía solvente y no estacional.

Porque, sinceramente, una gran parte del turismo que viene de las islas Británicas no es nada admirable, ni siquiera aceptable. Fundadores del deporte de riesgo “balconing”, convierten playas y urbanizaciones en rincones en donde las competiciones de a ver quién se pone más ciego se suceden sin solución de continuidad, molestando a vecinos y vecinas, y convirtiendo las calles de veraneo en una muestra del orgullo “hooligan”. No les vamos a echar de menos, más allá de la consciencia— ¡y no es poco!— de que muchas familias dependen de este colectivo para comer.

Tenemos, debemos, cambiar nuestro modelo económico, invertir en I+D+I, apoyar la investigación, sacar provecho de un país con grandes recursos, pero que parece que solo sabe quedarse en la orilla del mar, sin ser consciente de que tierra adentro hay muchas oportunidades.

Nos queda un arduo camino, no nos engañemos, mis queridos lectores, pero si estamos convencidos que no va a ser para más de lo mismo, si estamos convencidos de que vamos a salir mejor, pondremos la mirada en un horizonte esperanzador, más allá del “aquí” y el “ahora”. Todas las generaciones han tenido sus retos, el nuestro es este. Nadie se quedará atrás si vamos juntos.

Nadie.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.