Orgullo, todos los días
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Opinión
Aunque parezca mentira cada año hay que explicar el significado del “Orgullo Gay”, ya que una parte de la población no desea entender que el concepto no tiene que ver con sentirse orgulloso de ser gay, como nadie debería sentirse orgulloso de ser heterosexual o bisexual, y en realidad ni de ser español o sueco, ya que ni elegimos nuestra condición sexual ni nacer en ningún lugar, ya que sentirse orgulloso tendría que ver, a mi entender, con los logros personales de todo tipo en nuestra vida: ser buen hijo, padre, madre, profesional, hacer un buen trabajo, ser buena persona, hacer que tu país sea más moderno, que funcione y donde haya menos desigualdades, etc., es decir, con nuestra forma de ser y hacer. Pero volvamos al asunto que aquí nos trae. El concepto de Orgullo tiene que ver con la respuesta que los gays comenzaron a hacer públicamente, ya muchas décadas, contra la persecución, el escarnio, la discriminación y el silencio, hartos de todo eso. Nadie debía sentirse avergonzado por tener otra orientación sexual, y de ahí la idea del Orgullo. Si la persecución, el escarnio, la discriminación y el silencio desaparecieran de nuestras sociedades el concepto perdería fuerza y terminaría desapareciendo.
Nunca comprenderé a aquella parte de la sociedad que no entiende la discriminación que han padecido y padecen las minorías, o la mujer, que no es, precisamente, una minoría. Tiene que ver con la educación, con mentalidades que se han ido conformando, con ejemplos que se perciben para que unas personas vivan la diversidad con normalidad y otras no. Por muchos avances que en el mundo desarrollado se hayan dado, porque si hablamos de otros lugares la situación es catastrófica, sigue habiendo quien no entiende que hay otras orientaciones. Por eso hay que seguir trabajando para ir cambiando estas mentalidades y planteamientos, y para que no se den pasos atrás en el reconocimiento y garantía de derechos, a pesar de que haya poderosos enemigos contra esa educación para hacernos más libres, más iguales, más humanos.
No hace mucho, alguien de mi confianza desde los tiempos de estudiante de Universidad, persona muy cultivada, y siempre reposada en sus juicios políticos y sobre la vida, me dijo que estaba a favor del pin parental, y que no permitirlo era un ejercicio de totalitarismo por parte del Gobierno. Me quedé estupefacto. ¿Totalitarismo es que nuestro sistema educativo eduque a los chicos y chicas en el respeto y valoración de la diversidad sexual? Al final, la homofobia siempre está latente, y es más poderosa, más intensa en esos bajos perfiles, más abundantes de lo que nos creemos, frente a las barbaridades que determinados grupos religiosos o formaciones políticas hagan constantemente, y más en los finales de junio de cada año, como ahora contra la campaña de Correos o contra la inclusión de la bandera del arco iris por parte de la Guardia Civil. Son campañas tan burdas que provocan un rechazo muy general, pero es la otra homofobia la que cala, la de la supuesta tolerancia hacia los gays, pero sin los mismos derechos, acotados en determinados espacios, pero sin desbordar esos límites. Esa homofobia que se esconde hasta detrás de elevadas formaciones y cultura. Esa es la que me preocupa. Y por eso, Orgullo, sí, y todos los días.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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