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La importancia de actualizar nuestro sistema fiscal

Decía ayer mismo la ministra de Hacienda, Maria Jesús Montero, que "la arquitectura tributaria española está pensada para la economía de hace veinte años" y que "ante la economía digital no se ha construido una fiscalidad acorde".

En mi opinión, fue indulgente la ministra con su afirmación, aunque teniendo en cuenta que está al frente de semejante organismo, bienvenida sea la autocrítica, por pequeña que pueda parecer.

La fiscalidad española necesita una regeneración prácticamente total. Y considero que esto es así porque actualmente podemos constatar que se trata de un sistema permisivo con el fraude y la elusión, además de injusto y desproporcionado.

Algunos datos, sin pretender aburrir: España tiene una presión fiscal del 35,4% de su PIB. ¿Es esto mucho, poco, demasiado? Tomemos como referencia la media que existe en la zona euro: el 41,7%.

Según estos datos, España estaría 70.000 millones por debajo en lo que a recaudación fiscal se refiere, si la comparamos con la media de la zona euro.

Por detrás de España en términos de presión fiscal está Irlanda (un 23%), Lituania, Letonia, Malta, Estonia, Chipre y Eslovaquia. Pero esta comparación podría resultar un tanto confusa, porque deberíamos medirnos con aquellos países que tienen un tamaño económico, demográfico similar.

Así, si ponemos el foco en países con los que se supone España puede compararse, tales como Francia, Alemania, Italia... veremos mejor dónde nos encontramos.

Francia tiene una presión fiscal del 48% de su PIB. Italia un 42%, Alemania un 41,5%. Esto, teniendo en cuenta la economía de la que podemos hablar, porque si hablamos de la economía sumergida, entonces nos alejamos mucho más de ellos.

Y es que los datos señalan que la economía sumergida de España es mayor que la de los grandes países europeos. Superamos incluso a Italia, que parece ser que en este tema anda sobrada.

Con Italia compartimos algunos "honores", como apunta Antonio Mora Plaza. Uno de ellos es el fraude fiscal, donde podríamos estar hablando de más 40.000 millones de euros al año que no se sabe dónde van a parar. O sí, pero no está del todo claro. Hay algunas pistas que nos apuntan hacia dónde podemos mirar para encontrar millones que no se destinan a las arcas públicas.

Por ejemplo, las grandes empresas, que tienen tipos impositivos de risa. Bastaría con echar un vistazo a lo que ha tributado, por ejemplo, Netflix en España y nos podríamos hacer una idea de cómo funciona el asunto. No hace falta que lo busque, aquí se lo cuento: en 2018 Netflix tributó en España un total de 3.146 euros. Y no, no me he olvidado de poner ningún cero, ni millones, ni nada. Tres mil ciento cuarenta y seis euros. Netflix. Tuvo unos ingresos de 538.921, y unos beneficios netos de 9439 euros. Algo tendrá que ver tener su sede fiscal en Holanda, claro está. Pero también el hecho de que las empresas dedicadas a las nuevas tecnologías no han estado tributando de manera justa en nuestro país.

Como tampoco tributamos los autónomos de manera justa, hay que recordarlo. Cobres lo que cobres, ganes lo que ganes, tienes tu impuesto mensual que no atiende a lo que hayas facturado, sino a un tramo. Por no hablar de la cantidad de ayudas, las dificultades para desgravarte cualquier cosa, y la presunción de culpabilidad ante cualquier cuestión que tenemos que soportar.

Pero podemos hablar también de los impuestos sobre el patrimonio, otra de las bromas que nos gastan a quienes hemos comprado una vivienda "a buen precio". La administración viene entendiendo que el precio por el que compraste la casa, si es más bajo que lo que a ellos les aparece en su catastro, no sirve para determinar la base impositiva por la que debes tributar. Ellos te aplican el valor más alto. Para que se entienda bien el ejemplo: imagina que compras una chaqueta en rebajas, que antes costaba 70 euros y la consigues por 10. Pues bien, según el criterio que está aplicando la administración tributaria en el caso de las viviendas, te harían pagar un iva en este caso de la chaqueta, de los 70 euros que costaba en su día, y no de los 10 que te va a costar a ti. ¿Por qué? Pues porque sí. Porque la administración no quiere entender que hay gente que accede a comprar una vivienda precisamente porque tiene un precio asequible, y porque antes, con el otro precio cuando estaba hinchado, no se la podía permitir. Pero la administración te hará pagar un impuesto, no por lo que pagaste, sino por lo que ellos consideran que vale. Recuerda que aquí hemos vivido una burbuja inmobiliaria que ha inflado los precios hasta lugares increíbles. Pues bien: la administración pretende sacar tajada de ello, eso sí, yendo a por quienes han comprado viviendas de lo más normal. No a por los de las mansiones increíbles.

Podemos seguir hablando del impuesto de sucesiones y donaciones. Otra locura que no hay quien comprenda, que está situando a muchas familias en dificultades. La diferencia que existe entre territorios con estos impuestos hace que mucha gente se quede con cara de imbécil al saber que tiene que pagar una barbaridad, mientras unos kilómetros más allá, no pagan prácticamente nada. Pero todos somos iguales ante la ley, recuerde.

No se trata, como decía al principio, de hacer un análisis pormenorizado de cada impuesto, de su falta de actualización a la realidad, de su injusticia por no aplicarse de manera proporcional. Pero sí de hacer un llamamiento para que este país apueste por ser justo, moderno, y por recaudar más de quién más tiene, para poder garantizar un bienestar de todos. Por eso defiendo la Tasa GAFA o la Tasa google, que está en estos momentos trabajándose el Congreso. Evidentemente las derechas del PP, VOX o CS están pataleando, supongo que será porque algún interés tendrán en que estas empresas no paguen (más) impuestos, algo que supondría la entrada en las arcas públicas de unos 1.200 millones de euros al año para todos.

Se trata, en definitiva de que quien más tiene, más aporte, y entre todos podamos sostener un sistema que se ha quedado a día de hoy, lejos de la realidad de sus gentes.

Que no se asfixie a quien solamente tiene la fuerza de su trabajo, y poca capacidad de ahorro. Que se explique bien la necesidad de que hay que tributar, y sobre todo, que se combata la evasión fiscal y el fraude para que nadie se sienta un "pagafantas". Porque ese es uno de los principales problemas que tenemos en este país: que todos son muy listos, pero a costa de que los demás seamos tontos. Y ya va siendo hora de que dejemos de pagarles los volquetes a otros, para tener sanidad, educación, pensiones y garantías de una vida digna para la mayoría.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.