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Las sombras más oscuras de nuestro pasado

La ultraderecha sabe que no logrará mayoría propia. Por tanto, el parlamento es un obstáculo. La adhesión o simpatías que tienen, desde grupos dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad, más las expresiones de respaldo a los símbolos comunes, más allá de la bandera, resultan una realidad inquietante, dentro del contexto de paranoias sociales que el escenario de esta crisis sanitaria ofrece. Las amenazas de muerte resultan, en general, impunes. La profusión de bulos desestabilizadores eximen, al parecer, de la necesidad de oferta de propuestas serias desde la extrema y ultra extrema derecha locales.

El apelar a los miedos que subyacen en esta situación critica, está calando en una clase media atemorizada por la vulnerabilidad que descubre el propio sistema que la ha empobrecido. Dadas esas evidencias, vienen a su rescate las sombras más oscuras de nuestra historia.

Las apariciones de figuras del pasado, con antecedentes cuestionables, recomendando derribar al gobierno legítimo, no hacen más que abonar la hipótesis de un "golpe blando" que contradiga la voluntad de una mayoría de españoles. Estos patriotas autoconvocados se arrogan una autoridad que sólo los grupos mediáticos y económicos más conservadores les atribuyen. De hecho, sus compromisos profesionales se basan en ellos. Lo que le resta el atributo de objetividad al propósito de sus recomendaciones. Simplemente son unos lobbistas al servicio de los intereses de esos grupos. Para ellos, en la búsqueda de beneficios, se diseño la legalidad que dejó sin cobertura sanitaria, laboral o educativa a una significativa porción de las personas de este país.

De ellos se derivan las falencias del sistema sanitario que padecemos. De su gestión como gestores de la dependencia, la justicia investiga las responsabilidades de la brutal mortandad entre los mayores a los que debió proteger. Otro tanto del desmantelamiento del sistema de educación público para sustituirlo por otro confesional que nos resulta muy caro.

No aportan. Solo son saboteadores innecesarios para la reconstrucción a la que deberemos someternos.

No es el tiempo de los parásitos que han medrado a la sombra del sistema democrático que nos dimos.

Es tiempo de las personas valientes que habitan España.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.