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Los once principios de la propaganda nazi y la crisis del COVid-19. Principio de la transposición

Una vez que hemos relacionado los dos primeros principios de Goebbels con las actitudes llevadas a cabo por los partidos de la derecha y sus medios afines (recordemos: principio de simplificación y del enemigo único, y principio del método de contagio), abordamos este tercero, sumamente fácil de identificar ya que supone cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque: “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

Seguramente, mis queridos lectores, vuestras inteligentes cabezas ya se han percatado por dónde van los tiros. Desde el principio de esta pandemia aquellos que en estos años pasado se han encontrado con la responsabilidad de la sanidad pública, de los feroces recortes sufridos por ella y del calvario hacia su privatización, tomaron la decisión de desviar la atención hacia el desastre que está suponiendo la gestión del gobierno de Pedro Sánchez.

La realidad, y ahí están las hemerotecas, es que la sanidad pública ha ido mermando sus recursos y dejando en la profesionalidad de médicos y equipos la capacidad de sacarla adelante. La mayoría de los analistas económicos coincidieron que con el estallido de la burbuja inmobiliaria uno de los mayores perjudicados fue el buque insignia del estado del bienestar: la Sanidad pública, universal y gratuita. Durante el gobierno del Partido Popular con Rajoy a la cabeza España se convirtió en el país con menos gasto en Sanidad, junto con Grecia y Luxemburgo.

Si nos circunscribimos a la comunidad de Madrid, dónde la pandemia ha estado golpeando de una manera cruenta (el 40% de los fallecidos pertenecen a esta región) la situación sanitaria pública se encontraba al borde del colapso. La continúa privatización alabada hasta el extremo por los gobiernos de Esperanza Aguirre, que llego a decir que la sanidad privada era mucho más eficiente, justificando así su regalo de gestión de hospitales públicos a empresas privadas, alguna de ellas dirigida por antiguos consejeros, hizo que la situación no fuera la más halagüeña.

Dicho esto, debemos reconocer que lo que se nos ha venido encima supera todas las expectativas, incluso de gobiernos mucho más proclives a lo público que lo han sido los del Partido popular. Y así se reconocería si no fuera porque los artífices de la decadencia que sufrimos, en vez de reconocer su error, o callarse, han decidido culpar a un gobierno que lleva dos meses, llenando de falaces globos sonda los medios y las redes. Casado culpa de todo a Sánchez, mintiendo incluso al decir que su partido jamás recortó en Sanidad; y cuando no es que el gobierno se olvida de las víctimas, es que va a acabar con la economía y llevar el país a la ruina, pasando por la incapacidad que ha tenido de ver venir la pandemia, o ser los culpables de la pandemia por la manifestación del 8M. Se olvida el líder de la oposición de añadir a las críticas que las competencias antes del decreto de alarma estaban asumidas por las comunidades autónomas y que estas deberían de haber previsto la que se nos venía encima, y no encontrarnos con falta de materiales, de camas, con ucis cerradas, sobre todo en Madrid, en donde gobierna el PP. Su último elemento distractivo es pagar en Facebook, a través del presidente del PP extremeño Monago, para decir que se miente en las cifras de fallecidos.

Por su parte Abascal ya se autoproclamado adalid de las víctimas montando una plataforma, y ese es su discurso. Eso sí colaborar para que no haya más contagios o fallecimientos eso se lo deja al gobierno, que lo suyo es insultar y promover el odio hacia Pedro Sánchez y los social comunistas, llegando a decir que tanto él como Pablo Iglesias nos están llevando a una dictadura criminal, él, que hace dos días promovía un gobierno en manos de militares.

De las muchas lecciones que estamos recibiendo la ciudadanía una de las más importantes es la capacidad de egoísmo que están demostrando los dos principales partidos de la oposición, que en vez de colaborar para que esto acabe cuanto antes, llenan de mentiras pagadas los titulares de sus periódicos pesebreros. Lo peor es que está funcionando con un sector de la población, cuyo odio alcanza límites insospechados.

Esto nos demuestra como la manipulación es como la buena arquitectura, aguanta el paso de los años, y pervive con la misma frescura que en tiempos de los nazis.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.