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Las víctimas y su dolor

EL DOLOR NO SE CURA CON EL TIEMPO, SI HAY UNA INJUSTICIA EL TIEMPO AGRAVA EL DOLOR.

Uno de los argumentos que suelen usar los que pretenden parar cualquier política de recuperación de la memoria histórica se basa en jugar, sin ningún conocimiento, con el dolor de las víctimas, planteando que hablar de estas situaciones o volver a ellas lo que hace es reabrir heridas, pero este pseudo argumento no tiene ninguna base ni fundamento, siendo simplemente una manipulación intencionada y cruel de la realidad.

Valdría plantear a cualquier persona que sufrió una pérdida como le gustaría que tratasen su perdida; desde la empatía se entiende mucho mejor y se desmontan estos argumentos falaces, “para poder pasar página lo primero que hay que hacer es leerla” como bien señala el informe y manifiesto de Amnistía Internacional, solo se puede asimilar una muerte violenta si primero se conoce lo ocurrido y se repara desde la perspectiva de los derechos humanos: verdad, justicia y reparación, no se puede olvidar si no hay un conocimiento y reconocimiento de los hechos, porque hacerlo sería una muerte en vida, una especie de muerte social que se une a la muerte física del familiar, el olvido mal entendido genera revictimización y dolor innecesario además de ser tremendamente injusto, desde todas las perspectivas, la de los derechos humanos o justicia internacional o la de la psicología lo que hay que hacer es conocer los hechos, reconocerlos, ubicar a las víctimas en su situación para poder pasar página. Es necesario el afrontamiento y reconocimiento para evitar sufrimiento y para cerrar heridas.

Una herida infectada cierra mal y genera serios problemas, abre nuevas heridas que dificultan seguir adelante además de ser una situación sumamente injusta. Una situación que se ve también si comparamos entre víctimas y tipos de víctimas, porque de manera sorprendente con frecuencia los que recetan el olvido a unos revindican el reconocimiento de otras víctimas, por ejemplo las víctimas de ETA o las victimas del denominado terror rojo.

En nuestro país, ya desde los tiempos de la dictadura hay políticas de la memoria, solo que siempre han sido desiguales, Franco instauró un potente armazón para que se conociese e impusiese su verdad (como la causa general, un esfuerzo por recopilar y documentar una parte de la violencia que no cumplió sus expectativas porque por mucho que se intentó maquillar demostró ya de por sí que la violencia que pretendía documentar no era ni de lejos lo que el régimen quería utilizar como justificación de su propia masiva violencia) o reparaciones múltiples, por ejemplo, hay una ley de fosas en las que el franquismo financia por completo las exhumaciones siempre que sean las victimas de su bando, indemniza, homenajea, reparte trabajos y privilegios varios entre los “caídos por Dios y la Patria” mientras reprime y castiga a las otras víctimas, por otra parte inmensamente más numerosas; porque con el fin de la guerra no llego la paz, llegó la venganza y la represión y unida a ella las políticas de memoria solo para una parte de la población.

Mientras unas víctimas tienen homenajes, placas, lugares de memoria y sus familiares fueron indemnizadas o son subidas a los altares como mártires, otras siguen llenando las cunetas y ni siquiera conocemos cuantas son porque no hubo en este país una comisión de la verdad que documentase esta situación, ni están reparadas, ni tuvieron justicia, este es el déficit de nuestro sistema democrático para el que ya llegamos sumamente tarde porque las victimas están muriéndose y lo hacen sin recibir reparación, sin recibir verdad, justicia y reparación, lo hacen teniendo que escuchar que los mismos que revindican a sus muertos, los homenajean y los tienen enterrados les acusan de querer reabrir heridas.

Pedir olvido sin reparación ni verdad ni justicia es cruel e injusto, un nuevo ejercicio de violencia sobre las victimas intolerable desde el punto de vista jurídico o desde el punto vista humano o si se me permite desde la propia psicología como ciencia y lo que conocemos de ella y como superar una situación traumática, por eso sigue siendo urgente ponerse en marcha y responder a esta injusticia histórica.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.