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El Túnel del duelo


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Una de las formas que tenemos de responder al dolor, especialmente cuando este es extremo, es negar la realidad, pensar que lo que ocurre no puede ser real, esta reacción de negación puede mantenerse en el tiempo, con frecuencia tendemos a pensar que superamos el duelo y las perdidas pensando que todo vuelva a la situación antes de la pérdida.

Pero el duelo, las perdidas son otra cosa, hay que viajar, atravesar un túnel en muchas ocasiones oscuras que te lleva a otro lugar que ya no será el mismo del que partiste, algo que conviene asumir para poder transitar el viaje y despedirse. Un viaje que no tiene etapas establecidas para todos por igual como señalaban los viejos modelos del duelo (Etapas del duelo) sino que mas bien en su complejidad combina etapas- emociones que vienen y van: la aceptación, la ira, la tristeza, la culpa, la negación, la tristeza y a veces los recuerdos en positivo, los momentos solos o los momentos en compañía.

Cada persona es diferente, cada duelo o pérdida también y hay factores del contexto y de la cultura que influyen y mucho en como cada uno vive y necesita ser apoyado en el recorrido de su trayecto, de su túnel particular, hay quien quiere hablar y quien prefiere estar en silencio, hay momentos para el lloro y para la sonrisa, para el recuerdo positivo y para el negativo, para la tristeza, para la negación, para el enfado buscando culpables, para la culpa y la auto- culpa ¿Qué hubiese pasado si....?

Conviene flexibilizar nuestra forma de ver el duelo para poder adaptarnos, para poder acompañar, para saber que no hay etapas establecidas y tenemos que dejarnos sentir y convivir con nuestras emociones.

Es una cuestión de tiempo, el duelo es un momento vital estresante, complicado, pero no es una enfermedad, es algo por el que todos pasaremos porque la muerte es una de las pocas verdades de nuestra vida: todos morimos y todos tenemos pérdidas.

El duelo nos confronta con una realidad: somos mortales y somos frágiles, mas de lo que a veces imaginamos, por eso conviene disfrutar del día a día, del ahora, de lo que tenemos y pedir ayuda para seguir hacia adelante. Nada volverá a ser igual, todo será diferente y solo toca aceptar esta realidad y transitarla.

Como enfrentamos el duelo tiene que ver con como vivimos y aprendimos de nuestras perdidas, porque la vida es un conjunto de perdidas: perdemos la infancia, la juventud, perdemos parejas, compañías, perdemos el estatus o las relaciones si nos mudamos o si emigramos; según afrontemos estas perdidas tendremos entrenadas nuestras habilidades y capacidades para enfrentar retos, perdidas y duelos.

Una sociedad como la nuestra, que suele rechazar pensar sobre la muerte, no ayuda en absoluto a que enfrentemos bien la muerte, tendemos a evitarla, a no pensar en ella, a no plantearnos como enfrentar la perdida ni nuestra ni de los otros y esto dificultara como enfrentarnos a ella porque todo lo que se evita vuelve a nuestras vidas cuando es inevitable enfrentarse a ello.

Esta tanatofobia suele a veces llevarnos también a coger atajos peligrosos: las pastilla para dormir o el alcohol como respuestas momentáneas se encontrarían entre estos atajos sumamente peligrosos.

Para enfrentar el duelo, las grandes pérdidas, necesitamos encontrar un sentido a lo que en muchas oportunidades no lo tiene, necesitamos recolocar nuestros valores de vida (por ejemplo pensar que la vida es justa), este replantearse la vida y su sentido, este replantearse los objetivos de vida es lo que realmente ocurre mas en situación de duelo o de trauma y no tanto los trastornos o situaciones de estrés post traumático.

El duelo se supera, y se crece a partir de el, no es fácil, no es lineal, no sales en el mismo lugar, pero sabemos que la mayoría de las personas no se quiebran y fracasan, lo superan y se hacen más fuertes, crecen, son conscientes de su fragilidad, disfrutan mas y mejor de la vida y de sus vidas, se relacionan mejor con los otros y con sus vidas. Solo poniéndonos en juego crecemos y avanzamos, solo así viajamos en el tren de la vida.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.

 

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