LA ZURDA

"Cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalán”

Frase literal del discurso de ayer de la alcaldesa de Vic, Anna Erra i Solà en el Parlament de Cataluña.

Frase despreciable se mire por donde se mire. Porque para dejar las cosas claras: no hay una etnia catalana. No hay un rostro catalán (por mucho que alguno, como Jordi Galves lo afirme), ni hay un sólo rasgo diferencial entre personas que nos haga pensar que uno es catalán y el otro es de aragón.

Y sencillamente, decir esta frase es una barbaridad. Quien no lo vea, tiene un problema. Lo tiene realmente, porque una cosa es tratar de explicarme que "no quería decir lo que literalmente dijo", cosa que entiendo. Y otra muy distinta, tratar de escurrir un incómodo bulto que genera vergüenza en pleno Siglo XXI.

Imagine usted, querido lector, querida lectora, a la más airada Inés Arrimadas defendiendo el uso del idioma español. Imagine un discurso en el que le diga a sus fervientes seguidores: "Hablen en español. Háganlo. Incluso, con aquellos que no parezcan españoles". Si usted no saltase del sofá al oír esto, tendría un problema.

Y es que hacer referencia a los rasgos físicos para dar a entender que "alguien parece catalán" o no lo parece es insultante. Es ofensivo. Y además, genera un factor diferenciador que, lejos de plantearse en discursos en el Parlamento, debería corregirse para no decirse en ningún lugar. Porque no, no existe nada que físicamente diferencie a un catalán de un extremeño, un vasco, un asturiano, un francés. Caer en este reduccionismo es bochornoso.

Sí, me da el intelecto lo suficiente como para entender que la campaña "No me cambies la lengua" quiere animar a la gente a que utilice la lengua catalana en su vida cotidiana. En su manera de expresarse en la calle, en los comercios, en las administraciones públicas y en definitiva, en toda Cataluña. Y bienvenida sea. Yo misma participo y apoyo esta campaña. ¡Faltaría más! Y lo hago porque estoy convencida de que las lenguas, si no se usan, se mueren, como le está pasando al bable.

Y porque siempre he defendido que en todo el territorio del Estado español debía enseñarse a nuestros hijos a hablar todas las lenguas cooficiales. Porque es riqueza cultural y aprender idiomas es el mejor regalo que podemos hacerle a nuestros hijos. Lo digo y lo diré: hablar catalán es una suerte. Como hablar euskera. Como hablar galego. Te abre la mente y lo que es más importante, el corazón. Por muy cursi que sea.

Quería animar la alcaldesa de Vic a que la gente catalanoparlante hable en catalán, incluso con aquellos que pudieran de entrada parecer que no lo entenderían. Y me parece muy bien también. Créame cuando le digo que cada vez que estoy en Cataluña soy yo la que siempre pide que me hablen en catalán. Jamás me ha ofendido que los catalanes hablen catalán entre ellos estando yo delante y es más: adoro aprender nuevas palabras y conocer a la gente expresándose en su lengua materna.

Incluso he llevado a veces una chapa donde dice "Hábleme en catalán, por favor" (en catalán, evidentemente). Y creo que llego a entender casi todo lo que oigo y lo que leo. Escucho radio catalana cada día. Veo programas en catalán. Y leo artículos y libros en catalán. A mis hijos les suelto alguna palabra y me encanta que cuando estamos en Cataluña los niños jueguen con ellos en catalán.

Lo que no pienso pasar por alto es que nadie trate de convencer de que existen criterios diferenciadores por cuestiones físicas que caracterizan al catalán. Porque es inadmisible. Como me parecería igualmente vomitivo que alguien viniera a decirme que a los madrileños se nos reconoce por la cara. Porque sencillamente, es una soberana gilipollez.

Tengo la suerte de haberme encontrado en distintos lugares del mundo y comprobar cómo en algún sitio han pensado que era de América latina, en otros lugares han pensado que provenía de Túnez; mi padre tiene rasgos más propios del norte de áfrica y mi marido parece de la India. Y he escuchado más de una vez que mi pareja "no parece española", o que mi hijo no parece español por ponerse como un tizón en verano. Y siempre he pensado lo mismo: menuda gilipollez.

Así que he sentido la imperiosa necesidad de dejar claras las cosas. Porque ni me callo con los fachas nacionalistas españoles ni pienso callarme con esos que rezuman un hedor a "diferenciación étnica".

Si se quería dar el discurso para fomentar la lengua catalana también entre los que vienen de otros lugares, lo de la apariencia física sobra. Lo mires por donde lo mires. Por mucho que tengas una hija con rasgos asiáticos y te moleste que le hablen en español, también le pasará que le hablarán en chino. Porque posiblemente lo que haya que tener en cuenta es la voluntad de comunicarse. Si tu hija es catalanoparlante, podrá responder en un perfecto y maravilloso catalán que prefiere que le hablen en la lengua que ella considera. Como hacemos todos cuando nos confunden, porque cuando hay varias lenguas en un lugar (Cataluña es bilingüe, como mínimo oficialmente), es normal que se den situaciones así.

Y tampoco me resulta ofensivo que un catalanoparlante cambie al español porque es mi lengua materna. Es lógico también. Tienen esa suerte: son bilingües, y yo no. Yo puedo escucharles hablar en su lengua materna y yo expresarme en la mía y entendernos. Al fin y al cabo las lenguas están para hablar más y conocerse mejor. Se supone.

Es tan triste la cantidad de sandeces y barbaridades que he tenido que leer que al final me han podido las teclas y no podía dejarlo pasar. Porque me parece triste y preocupante que algunos se piensen que son distintos y tienen cara de catalanes. No todo vale para defender una lengua que siempre defenderé. Y hay caminos que ya sabemos dónde terminan, por eso es mejor no guardarse nada cuando ves que hay frases que no se deberían repetir.

Y por terminar: la alcaldesa escribió un mensaje de disculpas para quien se hubiera podido ofender. Pero atribuía a una mala interpretación de sus palabras. Admito y agradezco sus disculpas. Sin embargo no admito que la ofensa tenga que ver con una mala interpretación. La frase literal se dijo. Y no admite una ulterior vuelta de tuerca para tratar de explicar otra cosa. El problema no lo tengo, Señora Alcaldesa, con que ustedes catalanoparlantes le hablen en catalán a todo "dios" en Cataluña. De hecho lo apoyo y lo celebro y procuro practicarlo. Lo que no admito es que encima pretenda dar a entender que la que no le ha tendido he sido yo (o tantos otros que se han ofendido), cuando usted ha hecho literalmente referencia a los rasgos físicos catalanes. Que por mucho que se empeñe alguno en defender, no sólo no existen sino que defender semejante cuestión causa pavor. Y es por eso por lo que entiendo que habría que disculparse. No por animar a hablar en catalán en Cataluña, cosa que considero muy necesaria, por cierto.

Abogada.