EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Si solo fuera el PISA...

De repente, ha aparecido el informe PISA de educación correspondiente a 2025. Si el de 2022 arrojaba unos resultados desastrosos, cuya culpa todo el mundo se esforzó en atribuir al impacto de la COVID, ahora solo algunos países mejoran. Es el caso de Gran Bretaña, que, al igual que algunos países nórdicos, no hizo oídos sordos a los malos informes anteriores y estableció planes específicos para la lectoescritura y el razonamiento matemático, además de volver a los libros como referencia. En general, se observan pocas mejoras en el mundo occidental, ya que se insiste en el error de planteamiento educativo. Se pretende mejorar profundizando en un gran error. España obtiene resultados catastróficos, y en Cataluña son aún peores. Los datos de Cataluña no son comparables con los de otras ediciones ni con los de otras comunidades autónomas. Para no poner de manifiesto los problemas que genera la escuela inclusiva en términos de resultados, se excluyó a un 23 % de los estudiantes «problemáticos», en lugar de respetar el límite establecido del 5 %. Se habla de errores técnicos, pero en realidad es una muestra más de los intentos de engañarnos haciendo trampas al solitario. El modelo inclusivo, para ser real, requiere recursos que permitan hacerlo efectivo. Se optó por falsear los datos. 

El Departamento de Enseñanza de la Generalitat ha afirmado que el evidente fracaso educativo tiene un carácter multifactorial. Una obviedad. Que dediquemos a la educación un 4,1 % del PIB, en lugar del 6 % de media de la Unión Europea, alguna relación debe de tener con ello. Que falten profesores de apoyo, que no se mantengan las aulas de acogida y que todavía haya barracones tiene su importancia. Que educar en contextos multiculturales es complejo resulta evidente; lo que exige son medios adicionales y formación para los docentes. Que la creciente desigualdad económica se refleja en las aulas y que la pobreza supone una dificultad añadida también es evidente, pero, si queremos una sociedad cohesionada en la que la «igualdad de oportunidades» tenga sentido, algo podríamos hacer al respecto. Que en la enseñanza secundaria obligatoria hagamos coincidir a niños y jóvenes no parece muy adecuado, como tampoco lo es que no hayamos dotado de medios para atender el fracaso escolar ni las disfunciones del neuroaprendizaje. Que no motivemos lo suficiente a los maestros ni a los profesores de bachillerato, obligados a trabajar en entornos hostiles, sin el apoyo de la Administración y, a menudo, tampoco de las familias, con el burnout como una condena habitual, también explica algunas cosas. Que las inversiones en los centros educativos se destinen únicamente a llenarlos de pantallas y cachivaches tecnológicos que lo que hacen es distraer, impedir la concentración y dificultar el aprendizaje también tiene su parte de responsabilidad. Que proporcionemos a los profesionales una formación deficiente y no facilitemos un mayor prestigio social de los docentes quizá también tenga algo que ver. --Ahora, con el catastrófico informe PISA, la opinión pública asume cierto fracaso. En realidad, la mala noticia es que el fracaso real de la enseñanza es más profundo y va mucho más allá del informe PISA. Este no es más que un indicador cuyos fundamentos resultan muy discutibles. Se trata del método de cálculo de la OCDE, que fue quien lo creó, interesada únicamente en observar resultados utilitarios para el sistema económico, en una enseñanza absolutamente mercantilizada y alejada del conocimiento que, precisamente, esta institución capitalista promovió con tanto empeño. Fijémonos en que solo interesan las competencias utilitarias, y no los saberes y contenidos transmitidos, adquiridos y valorados. No se incluyen las ciencias sociales ni las humanidades. La lectura se valora en la medida en que resulta útil para formar a futuros empleados sumisos. PISA no piensa en el saber, el pensamiento o la enseñanza, sino únicamente en si los esfuerzos dedicados a escuelas, institutos y universidades tienen un rendimiento económico. Precisamente esta prueba, que se realiza de forma generalizada cuando los jóvenes tienen 15 años, pretende comprobar si se han aplicado sus recomendaciones educativas, que consisten en despojar a la educación de los conocimientos considerados prescindibles, así como de una memorización juzgada innecesaria.

Evidentemente, no hay lugar para la filosofía, la literatura o la historia. Para ellos, formar significa proporcionar un instrumento de trabajo, no ofrecer una posibilidad de madurar y abrirse al mundo. Desde un punto de vista menos miope, la realidad es que las cosas están mucho peor de lo que indican sus informes.

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