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La colosal pérdida de talento y el austericidio

“Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.”

Joan Baez

Según los datos ofrecidos por el Gobierno hay casi 2,5 millones de españoles en el extranjero. De los cuales, un millón emigraron desde el año 2009 como consecuencia principal por la mal denominada crisis económica. De entre estos, unos 87.000 trabajadores muy cualificados dejaron el país en la última década. El fenómeno en inglés se llama “brain drain”, o “fuga de cerebros”. No es algo nuevo, pero un reciente estudio del think tank  CEPS, fundado en Bruselas en 1983, ha aportado datos concretos sobre el fenómeno. En su informe titulado EU Mobile workers , sobre las migraciones de los trabajadores dentro de Europa se destaca que, para el país emisor, es en conjunto una mala noticia porque acaba afectando la productividad. Además, tanto Italia como España y Grecia, países que fueron intervenidos, son los tres focos principales de partida de los flujos migratorios de cerebros. Así, se enfrentan a un descenso potencial de su fuerza laboral en los próximos años por el envejecimiento de la población. En cambio, los que ganan en esta guerra para captar talento han sido hasta ahora el Reino Unido y Alemania, que han acogido a más de un millón de trabajadores cualificados de toda Europa. La corrupción que sufrimos, además de factores externos, nos llevó a degradar nuestras posibilidades de progreso. Se nos aplicó el austericidio, para salvaguardar el statu quo.

Esto es grave porque afecta a los términos de la competitividad que se avecina, con el cambio del paradigma tecnológico. Este estudio del CEPS pone de relieve tres motivaciones principales a la hora de emigrar: los salarios, el diferencial de desempleo, como que los países del Sur de Europa acostumbren a tener un paro más elevado y la satisfacción vital. Esta última entendida como calidad de las instituciones, de los servicios públicos, y el estilo de vida. De los españoles que emigraron como consecuencia de la crisis en la última década, un 80% de ellos, son universitarios. Mientras los pícaros y corruptos medraron, el talento tuvo que emigrar. Como debió hacerlo expulsado por el genocidio franquista.

El capital humano es la base del desarrollo de un país, proceso que a su vez crea progreso. Los años en los que, según la derecha neoliberal junto al conservadurismo más rancio, habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, permitieron la creación de las generaciones mejor preparadas de nuestra historia. Desde los años ochenta y noventa del Siglo XX y la primera década de este siglo, se produjo una comunidad profesional y de investigadores como nunca tuvo España.

Lejos quedaban los cuarenta años de oprobiosa dictadura regenteada por clanes asentados en la fuerza de las armas. Esa España era oscura, atrasada, dominada por los prejuicios y, por encima de todo, mediocre. En esa sociedad se privilegiaba más la genuflexión y el sometimiento, que la libertad creadora que trae consigo el ser humano talentoso. La rebeldía era perseguida. Mujeres y hombres por millones, vieron postergadas sus posibilidades para contribuir a construir un mundo mejor. Sus posibilidades se cercenaban a favor de las castas dominantes, muchas de las cuales surgieron de la guerra civil. Lejos nos quedaban los centros de investigación. España perdía el talento a raudales por la vía de la represión o por la emigración. Así, nuestro talento se repartía por el mundo contribuyendo en todos los ámbitos de la actividad a su progreso.

Mientras tanto, repito, en esta España de corruptos y pícaros que adoran jugar con las cartas marcadas, imponen una reforma laboral que desalentó a nuestros talentosos porque sólo les ofrecía precariedad y pobreza. Esta es otra de las razones por las que hay que derogarla. Además, claro, de afrontar una lucha sin cuartel contra la corrupción que aún se anida en el sistema institucional.

Recordemos que, hace menos de dos años atrás, en mayo de 2018, la Audiencia Nacional determinó la existencia, desde la fundación del partido en 1989, de una estructura de contabilidad y financiamiento ilegal en las finanzas del PP, que se desarrollaba en paralelo a lo que el propio partido informaba oficialmente.​ La Audiencia Nacional, en la sentencia, argumentaba que el PP ayudó a establecer “un sistema genuino y efectivo de corrupción institucional a través de la manipulación de la contratación pública central, autonómica y local”. Aún no se han recuperado los millones de esa trama.

La moción de censura que expulsó a Mariano Rajoy reflejó el hartazgo de una sociedad castigada por las minorías privilegiadas. Esta moción de censura contra Mariano Rajoy en 2018 se debatió en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018. Así cayó su segundo mandato y debió presentar su dimisión al jefe del Estado. Lo que dio lugar a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Esta moción fue la cuarta desde la Transición y la segunda presentada contra Rajoy tras la de Unidos Podemos el año anterior, ​ así como la primera de toda la democracia española en prosperar.

Su gobierno representó la entrega de los recursos públicos a las políticas neoliberales. El incremento de la deuda pública es su indicador. En su mandato, la Administración central sólo invirtió, por caso en el año 2017, uno de cada tres euros del presupuesto para investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) consignado en los ministerios competentes. De los 4.635 millones de euros destinados para I+D+i, sólo se invirtieron 1.376, un 29,7%, la tasa de ejecución más baja en este capítulo desde el año 2000, en que se inicia el registra del dato.

Los que se llenan la boca con España y se cubren con banderas, fueron los ejecutores del desmantelamiento del sistema de investigación pública nacional. Además de formar parte de las tramas que aún financian campañas de descrédito y aventuras políticas para seguir medrando. Esos son los datos. Las cuestiones que nos deberían ocupar. El debate del Pin no debería ser el centro de la cuestión.

La formación de un gobierno de coalición progresista es la siguiente manifestación de la voluntad de cambio que exige la ciudadanía. De más está decir que la recuperación efectiva del talento que expulsó la derecha es un requisito imprescindible tanto como la lucha contra la corrupción.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.