Quantcast
ÚNETE

Tanto quiso el Diablo a sus hijos ...

Ser padre o madre no es fácil. No es fácil y está lleno de temores respecto al devenir de nuestros hijos.

Cuando los míos eran pequeños el miedo eran las enfermedades. Luego, en la adolescencia, que no se sintieran atraídos hacia aquello que les perjudicara como las drogas o el alcohol. Cuando ya tuvieron el carné de conducir, el temor a un accidente a veces planeaba sobre mi cabeza.

No sé si su padre y yo lo hicimos muy bien, pero en la actualidad son dos hombres sanos, mental y físicamente, que a su vez se han enfrentado al reto de ser padres y de momento no lo están haciendo nada mal.

Evitar la ocasión, dicen, evita el peligro. Es posible, pero también evita que un ser humano se forme conociendo las distintas alternativas, negativas y positivas, que la vida nos ofrezca. Para evitar los atropellos, por ejemplo, están los lugares correctos para cruzar una calle, y eso se enseña en educación vial, no se decide que uno se quede en casa, o se prohíbe la circulación de automóviles.

Toda esta parrafada viene a colación, mis queridos lectores, a tenor del lamentablemente famoso “pin parental”, una manera absolutamente castradora de evitar que los niños y niñas conozcan que la sociedad es plural, diversa, y por tanto cercena su posibilidad de educarse en libertad.

Quienes lo defienden parten del principio, absolutamente erróneo de la posesión de los vástagos, y por tanto, de la capacidad de elegir lo que aprendan o no. Este principio lo acompañan de otro, igual de falso: el de elegir los contenidos educativos de sus hijos, basándose en la Constitución, que para nada dice eso.

Nuestro sistema democrático es parlamentario, y son nuestros representantes los que deciden la legislación básica en materia educativa. Por tanto, no vale que unos padres se signifiquen, apartando a sus hijos de materias obligatorias, por muy complementarias que sean, porque no son de su agrado, cuando el único objetivo es formar a estas pequeñas persona para que el día de mañana sean capaces de decidir.

Jamás la censura fue progreso, sino todo lo contrario. La censura es el instrumento de la represión, y esta genera personas infelices, alienadas y fuera de la realidad, más allá de la que sus familias quieran generarles. La solución no está en evitar, repito, sino en garantizar que se enseñe dentro de unos parámetros de objetividad y respeto.

En resumen, que el “pin parental” responde, en mi opinión, a ese refrán que dice: “tanto quería el diablo a sus hijos que los sacó los ojos, para que no vieran los males del mundo”. Pues eso, mejor ciegos.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.