LA ZURDA

La nueva-vieja homofobia y las supuestas traiciones a España

En principio puede chocar un título como el de este artículo de opinión. ¿Qué tendrá que ver la homofobia con la cuestión de las supuestas traiciones a España? En principio parece que nada, pero apelamos a la benevolencia del lector para que tenga un poco de paciencia.

Hace unos años escribimos un artículo sobre la homofobia que no cesaba nunca, aludiendo a declaraciones de algunas jerarquías de la Iglesia y ante la campaña de una organización fundamentalista católica que empleaba un autobús para destilar odio por las calles españolas e internacionales. Pues bien, ahora asistimos a un rebrote de la homofobia, de la vieja o añeja homofobia, pero que ha dado un salto cualitativo novedoso en nuestra democracia. Y ese salto se está dando en la política. Por vez primera hay una formación de cuyo nombre quiero, pero no puedo olvidarme, que destila, además de una misoginia galopante, una clara homofobia, al igual que xenofobia y otras fobias varias hacia la diversidad de nuestra sociedad, de todas las sociedades, en realidad.

El último capítulo de esta especie de cruzada salvadora de las eternas esencias se está dando con el tristemente famoso pin parental en Murcia. El poder de esta formación para tirar unos presupuestos, el eje de acción política de todo gobierno, le permite presionar con fuerza a las otras derechas, esas tan preocupadas por los pactos de la izquierda, ante una supuesta traición a España. No vamos a detenernos mucho en las ideas de la formación que ataca a tantos colectivos, y que pretende diseñar una sociedad a su imagen y semejanza, sino en las otras derechas, que tienen una enorme responsabilidad en frenar discursos de odio, chantajes parlamentarios o consistoriales, y fomentar el respeto más escrupuloso a todos los ciudadanos y ciudadanas, tengan las opciones sexuales que tengan.

¿Quién traiciona realmente a España y a su sociedad?, les preguntaría a los miembros del Partido Popular y de Ciudadanos: ¿quiénes buscan usar la política para reconducir un complicado conflicto nacionalista o quienes insultan día a día a gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y a las mujeres, es decir a mucha más de la mitad de la sociedad española y, en realidad, a una mayoría de hombres heterosexuales que se sienten atacados cuando se ataca a otras personas por su opción sexual o género?

Hoy que la derecha está tan preocupada con los delirios del nacionalismo catalanista, aunque luego se puedan llegar acuerdos de signo económico en el Parlament, hoy que esa derecha está escandalizada porque la principal formación de izquierda habría cruzado, en su opinión, una línea roja (¿por qué las líneas tienen que ser rojas y no azules, o naranjas, verdes, amarillas o moradas?) aceptando votos de formaciones anatemizadas, quizás debería también pensar que, en realidad, traiciones hoy sí hay, efectivamente, pero que afectan no a las patrias sino a muchos ciudadanos y ciudadanas de este país, a esos y esas que prefieren enamorarse de personas de su mismo sexo, y que pretenden, en su legítimo derecho, contar con los mismos derechos que los ciudadanos y ciudadanas que aman a personas del otro sexo. Y traición es porque se conculca un pilar fundamental de nuestra Constitución, ese que se condensa en el artículo 14.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.